Este blog tiene como objetivo compartir intervenciones en eventos académicos que no han sido publicadas antes a texto completo, reflexiones de la autora sobre temas relacionados con la historia y la sociología de enfermería y publicaciones en revistas que todavía no son accesibles en Internet.

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jueves, 21 de octubre de 2010

Directorio de Revistas de Enfermería de América Latina

Queridos colegas y amigos:

La OPS, la enfermera Silvina Malvárez y la Red Enfaméricas, han elaborado un nuevo Directorio libre de Revistas de Enfermería de América Latina, que me parece un interesante documento para todos quienes quieren publicar sus escritos relacionados con la enfermería y en general con la salud de la población.

La dirección en donde se puede consultar es:
http://new.paho.org/hq/index.php?option=com_content&task=view&id=4351&Itemid=2054

Un saludo cordial de su amiga,

ANA LUISA VELANDIA MORA

jueves, 7 de octubre de 2010

Tres campos de acción de la enfermera: como profesional, como trabajadora y como ciudadana

Por: Ana Luisa Velandia de Varela, E. G., L. E., M. A., Ph. D.

Publicado en: Revista ANEC, (Bogotá). ISSN: 0124-6003. Año XVI, No. 44, Bogotá, Julio - Diciembre, 1985. Pág. 23 y siguientes.

INTRODUCCION

Nelly Garzón Alarcón, (1) Ex presidenta de nuestra Asociación y ahora nueva Presidenta del CIE, analizaba el hecho de que diferentes grupos de enfermeras, así como médicos, administradores de salud, otros profesionales y los mismos pacientes, mantienen puntos de vista diferentes y en ocasiones conflictivos sobre lo qué debe ser el papel de la enfermera cuando se define el status profesional.
Para algunos la enfermería es una profesión con plena madurez, en el sentido estricto de la palabra, por lo tanto, es autónoma, se auto dirige y tiene claras sus perspectivas. Para otros la enfermería continua siendo un servicio personal que ofrece la enfermera al paciente, bajo la inmediata supervisión del médico.
Por otra parte, la imagen tradicionalista representada en el tipo de enfermera movida por una idea, una mística, una vocación; la imagen reconocida y venerada por la sociedad en la persona de Florence Nightingale. Su foco principal es el paciente como un individuo, con una personalidad y necesidades específicas. Frente a esta imagen tradicional de la enfermera en un constante movimiento para lograr una mayor y mejor preparación académica formal, con una clara tendencia a la especialización.
Surgen otras formas contradictorias en la imagen de la enfermera: Aquella que la califica en el papel de "ser útil" y aquella que la ubica en el papel "de compromiso". La primera se motiva en términos de metas que no trascienden sus necesidades particulares.
EI rol de su trabajo se inicia con el día y termina al entregar el turno. Esta imagen surge del conocimiento vago y simplista de la enfermera del pasado para realizar estrictamente un trabajo y se libra de los componentes que relacionan su propia actividad con elementos mayores y de más trascendencia personal y profesional.
EI papel "de compromiso" une a dos metas de la educación profesional: La educación para el crecimiento personal y la educación para la responsabilidad de hoy y de mañana, para la verdadera contribución social de la profesión, la educación tanto para la propia realización del individuo como para prestar servicios de alta calidad.
Aquí vale la pena ampliar esta idea, citando el punto referente a la enfermera y la sociedad del Código de Conceptos Éticos del CIE (1973) que establece que: "La enfermera comparte con otros ciudadanos la responsabilidad por iniciativas y acciones tendientes a satisfacer las exigencias sanitarias y sociales de la colectividad".
En mi concepto personal, la enfermera tiene responsabilidades en tres campos de inextricable: Su ejercicio profesional como enfermera, su condición de trabajador de la salud y sus deberes y derechos como ciudadano.
Trataré de analizar cada uno de ellos, inicialmente en el contexto de la enfermera individual mente y posteriormente lo que en mi concepto, está haciendo en este orden de ideas, la Asociación Nacional de Enfermeras de Colombia.

EL EJERCICIO PROFESIONAL DE LA ENFERMERA

Visto desde un ángulo general, se puede decir que todo profesional (y entre ellos la enfermera), tiene tres aéreas de desempeño profesional: EI área técnico-profesional (que en enfermería con frecuencia, reducimos a la llamada área "clínica"); el área funcional que en el caso de enfermería, corresponde a su función como enfermera docente o administradora de servicios o programas, y el área de investigación, que debe desarrollar sea trabajando en el subsistema de educación o en el de servicios y la cual para que sea útil deberá desarrollarse en función de mejorar el área técnico-profesional es decir, en nuestro caso, la prestación de los servicios de enfermería, dentro del contexto de los programas de salud a los cuales contribuye.
De ahí, que tradicionalmente se hayan identificado cuatro roles como las áreas básicas del desempeño del profesional de enfermería: EI Asistencial, el Docente, el Administrativo y el de Investigación. Sobre este punto no me detengo, teniendo en cuenta que es el campo de acción de la enfermera que más se ha trabajado. No queriendo con ello decir, que ya está agotado el tema.
Consuelo Gómez Serrano (2), Ex presidenta Nacional de ANEC, al respecto plantea: "Debemos utilizar nuestra libertad profesional, en la definición de nuestro campo de trabajo, en la construcción de nuestros conocimientos y tecnología y en la determinación de nuestra filosofía profesional. Para lograr estas metas, se sugieren las siguientes tareas: Definición del perfil profesional de la enfermera, continuar trabajando por la legislación de la profesión, diseñar normas para la prestación de servicios de enfermería, utilizar la estrategia de las negociaciones colectivas de trabajo; desarrollar los proyectos en forma interinstitucional y con participación de grupos de estudiantes de enfermería".

LA CONDICION DE "TRABAJADOR" DE LA ENFERMERA

Marilyn Darlene Monroy y Judith Mary Hibberd (3), plantean que muchas enfermeras han tenido dificultades para conciliar los valores subyacentes de profesionalismo y sindicalismo. Los valores profesionales generalmente hacen hincapié en el individualismo, la independencia, la habilidad, la autorregulación y el servicio a los clientes.
EI sindicalismo, por otra parte, pone de relieve la normativización, la igualdad, los objetivos económicos, la solidaridad y la seguridad de sus miembros. Además, durante años el concepto de sindicalismo se ha asociado con los trabajadores manuales, a pesar del considerable desarrollo del sindicalismo de los trabajadores profesionales en los últimos años.
Existe, entonces, la imperiosa necesidad de que las enfermeras se preparen en el campo de las relaciones laborales.
Las enfermeras capacitadas podrán asumir cargos directivos en los organismos negociadores y dirigir el proceso de negociaciones colectivas en forma que mejoren las condiciones económicas y sociales de las enfermeras y se ponga de relieve la profesión de enfermarla.
Catherine M. Hall (4), Secretaria General del Colegio Real de Enfermería del Reino Unido, considera que los miembros de una profesión no pueden fomentar solos, sus condiciones económicas y sociales. Esto sólo puede lograrse a través de una organización en cuyo seno los miembros de la profesión se han reunido, permitiéndole así que hable por ellos y que actúe en su nombre. EI tipo de planteamiento descrito correspondería en muchos países a un programa de relaciones laborales porque implica la promoción de los intereses de los miembros de una profesión y la regulación de las relaciones entre los miembros de la misma como trabajadores y sus patronos.
Aun cuando, todavía hay asociaciones de enfermeras que consideran que el profesionalismo y la participación directa en las relaciones laborales no son compatible; sin embargo, a través de los arios se puede apreciar que ha habido un cambio de actitud entre las asociaciones miembros del CIE en cuanto a su papel en el ámbito de las condiciones económicas y sociales.
Pero a qué se debió este cambio de actitud? Catherine M. Hall considera que este cambio regía en gran medida los cambios en la sociedad; el grado en que los profesionales han pasado a ser empleados, el crecimiento del sindicalismo entre los trabajadores profesionales y el desarrollo de la negociación colectiva de trabajo en lo que corresponde a los trabajadores profesionales, de los cuales una gran cantidad son hoy, en muchos países del globo, "personas empleadas".
Si la asociación considera que para hacer progresar la profesión y lograr normas elevadas en el ejercicio de la enfermería es necesario participar en la fijación del salario y de las condiciones de trabajo de las enfermeras y en la protección de los intereses de sus miembros como "trabajadores" profesionales que son, entonces su meta será lograr el reconocimiento del estatuto de sindicato.
Cada vez que una asociación de enfermeras puede incorporar a sus funciones la representación y la protección de sus miembros como trabajadores, la misma tiene la responsabilidad de hacerlo, incluso si ello significa la adopción de la condición de sindicato.
Sin embargo, y teniendo en cuenta que en general las asociaciones nacionales de enfermeras, tradicionalmente se han interesado mas por la actuación profesional de la enfermera ante el paciente, y que la mayoría de las asociaciones nacionales miembros del CIE, todavía no tienen el carácter de sindicato, deseo aquí llamar especialmente la atención sobre la importancia de la sindicalización profesional, citando algunos apartes del discurso del Abogado Yesid Triana (5) en la Asamblea constitutiva de la Federación Nacional de Sindicatos de Profesionales Universitarios de Colombia - FEDEPROCOL, efectuada el 4 de Marzo de 1966.
"La sindicalización es un imperativo de la época que vivimos. Para que el hombre contemporáneo pueda realizarse plenamente, ser trascendente y llegue a convertirse en actor de su propio destino, forzosamente debe unirse con sus semejantes, asociarse con sus compañeros de profesión, trabajo u oficio. Esta nueva actitud ante la vida Ie abre un campo ilimitado y Ies garantiza libertad e igualdad de oportunidades para la realización concreta de sus aspiraciones".
Esta experiencia de agremiación sindical profesional en Fedeprocol, que fue muy positiva en su momento, no tuvo sin embargo, una duración muy larga. Sin embargo, posteriormente los hechos demostraron la bondad de tal iniciativa, ya que en Colombia, existen dos tipos de legislación laboral: una está estatuida por el Código Sustantivo del Trabajo que supuestamente cubre a todos los trabajadores del país y otra, surgida de una legislación anacrónica y dispersa, aplicada a los servidores del Estado, que cercena sus derechos de organización, negociación colectiva y huelga.
EI sustento de esta legislación "especial" para los trabajadores del sector estatal, que los coloca en calidad de trabajadores de segunda categoría, radica en su condición de prestadores de un servicio público, concepto que a través de una serie de reglamentaciones laborales, hoy en día constituye todo lo divino y lo humano que puede ir en perjuicio de la burguesía como propietaria de los medios de producción (incluso la Banca, por ejemplo). Siendo las enfermeras, en un gran porcentaje, empleadas en el Sistema Nacional de Salud y de todas maneras como trabajadoras de la salud, prestadoras de un servicio público, en cuanto este ha sido clasificado como tal por la legislación laboral colombiana, se ven permanentemente afectadas en sus intereses sindicales.
Un hecho que agudizó la precaria situación existente fue la reforma del sistema de salud colombiano que convirtió al Instituto de Seguridad Social en un hibrido, desde el punto de vista laboral y rompió el régimen de negociación colectiva que los diferentes sindicatos (entre ellos el de enfermeras) venían desarrollando. Esto trajo como consecuencia, la realización en 1976, de un paro nacional de protesta de los trabajadores de este Instituto y puso en evidencia la necesidad de acciones unificadas.
Para los trabajadores de la salud sometidos a la dispersión del movimiento sindical, la negociación de pliegos era realmente una lucha anárquica e insular. A partir de 1976 las experiencias asimiladas fueron forjando la convicción de la necesidad de la unidad y la organización, con el objeto de constituir una fuerza capaz de enfrentar las continuas arremetidas desde distintos sectores contra el movimiento sindical en el sector de la salud. Los dos Encuentros de Trabajadores de la Salud previos a la constitución de la Federación Nacional de Trabajadores de la Salud, permitieron adoptar una serie de principios y objetivos que contribuyeron a acuerdos en numerosas organizaciones. Con base en estos principios y objetivos se reunieron en la ciudad de Medellín durante los días 10 a 12 de Noviembre de 1983, veinticuatro organizaciones del sector salud y crearon la Federación Nacional de Trabajadores de la Salud y Seguridad Social de Colombia -FENTRASALUD.
Entre las Asociaciones de carácter laboral que conforman esta Federación, se cuentan entre otros los sindicatos de enfermeras, médicos, auxiliares de enfermería, odontólogos y trabajadores del Ministerio de Salud.
Como sus objetivos inmediatos se han establecido en primera instancia: la coordinación y unificación de pliegos, la lucha por el Estatuto del Trabajador de la Salud, la conquista del pleno derecho de negociación y contratación colectiva, la solidaridad con el resto del movimiento obrero, y desde luego, la búsqueda incansable del fortalecimiento y ampliación de la Federación como elemento aglutinador de todos los trabajadores de la Salud de Colombia.
Este importante paso dado por los trabajadores de la salud se enmarca dentro del contexto general de la lucha obrera del pueblo colombiano yes expresión del avance de las aspiraciones de unidad del movimiento sindical de nuestro país.

DEBERES Y DERECHOS DE LA ENFERMERA COMO "CIUDADANA"

No es difícil encontrar documentos en los que se hable de la "doble" función de las Asociaciones de Enfermeras, como sociedades de profesionales, orientadas al desarrollo profesional de sus miembros; y como sindicatos, interesados en promover los intereses socioeconómicos de sus afiliados. No obstante, con demasiada frecuencia, se olvida la condición de la enfermera como "ciudadana" como miembro de una sociedad, como "intelectual" comprometida con su sociedad, y por ende la labor que en tal sentido, su asociación de enfermeras como ente organizativo que la debe representar en todas sus facetas, debe desarrollar.
Nelly Garzón Alarcón (1) al analizar la proyección de las funciones de la enfermera, presenta algunas tendencias que se perfilan en el campo de trabajo o aéreas de competencia de la enfermera, entre ellas:
1. Fortalecimiento del componente social de la práctica de enfermería. Ahora y en el futuro, no puede perderse de vista el contexto social de la práctica, pues a pesar de predominar hoy un servicio medicamente orientado, los problemas de salud son la consecuencia de problemas de carácter socioeconómico que afectan la calidad de vida de las personas. La enfermería deberá orientar su práctica en tal forma que contribuya mas efectivamente a disminuir las diferencias entre la atención de salud que reciben quienes tienen la capacidad económica para pagarlos y aquellos que no la tienen, es decir, los pobres que aun no tienen acceso a la atención de salud, aun cuando se reconoce que la salud es un derecho de todo ser humano.
2. En esta década de los 80 y en el futuro, es urgente la participación de la enfermera en la vida política del país. Buscar mecanismos para lograr su participación en los niveles de toma de decisiones que afectan la salud, la educación, el bienestar y en general, la calidad de vida de las personas.
Conroy y Hibberd, (3), consideran que "en vista de la magnitud e importancia de la enfermería, como grupo profesional del sistema de asistencia sanitaria, es indispensable que las enfermeras den a conocer su propia posición sobre cuestiones importantes relativas a la atención de salud. Por ejemplo, en lo que a recursos de personal y políticas de inmigración se refiere, asesorar a los encargados de establecer normas de actuación, en cuanto a la transcendencia de una nueva legislación y de cambios propuestos sobre la política de servicios de enfermería y de las oportunidades de empleo de las enfermeras.
La actividad política, ya sea por una organización o un individuo, debe planificarse y dirigirse de modo que sea eficaz. Debe organizarse un sistema de intercambio para que las ideas y sugerencias de miembros de la organización en diversos lugares puedan estudiarse y coordinarse, a fin de que todos se expresen unánimemente. Se puede causar un mayor impacto si las organizaciones de enfermeras aúnan sus esfuerzos para preparar informes o documentos en los que la organización expone su posición, ya sea entre ellas mismas o en cooperación con otras organizaciones laborales y asociaciones profesionales”.
"La actual perspectiva histórica plantea acertadamente Constance Holeran (7) es importante para examinar las condiciones sociales y económicas de las enfermeras. En casi todos los países, la mayoría del personal de enfermería son mujeres y como tales, se ven muy afectadas por la posición que ocupa la mujer en la sociedad. En algunos países, están surgiendo rápidamente oportunidades sociales, económicas y de acceso a la educación. En otros, por el contrario, están perdiendo campo de acción. Todos estos factores deben tenerse en cuenta cuando se habla de adoptar medidas para mejorar las condiciones de las enfermeras, ya que "Ia sociedad en que se hallen las enfermeras, afectará a cualquier método utilizado, estrategia elaborada y rapidez de acción".
Para las enfermeras es importante participar en la mayor medida posible en el proceso de toma de decisiones en su país. Ello puede ser en calidad de actividades públicas voluntarias, asesoras de un funcionario elegido o en calidad de funcionarias elegidas o nombradas.
La manera en que las enfermeras participen en el proceso político de un país, estará estrechamente relacionada con la índole de la estructura política del mismo. En algunos países los grupos no pueden reunirse por ningún motivo sin la aprobación del Gobierno. Sin embargo, hay muchos países donde las enfermeras participan o donde podrían participar más directamente en las elecciones y en las cuestiones que son el centro de atención de las campañas electorales. Las enfermeras pueden incluso, lanzar su candidatura para ocupar un cargo. Hay varios casos de enfermeras elegidas para el Parlamento Nacional entre ellas en Japón, Corea y Jamaica. Algunas enfermeras han lIegado a ser Ministros de Salud en Suecia, Liberia, Nigeria y Angola, y esperamos que ocurra lo mismo en otros países. En otros países como Canadá y Colombia, entre los casas que conocemos, algunas enfermeras han lIegado a ocupar altos cargos en el Sistema de Salud.
Ello significa que si las enfermeras de cualquier país están unidas, pueden constituir una fuerza política verdaderamente positiva, no solo para mejorar sus condiciones de trabajo y sus oportunidades profesionales, sino contribuir decisivamente en el mejoramiento del nivel de salud de la población.

Comentarios Finales
EI Consejo de Representantes Nacionales, Organismo de Gobierno del CIE, en su reunión de Junio de 1983 en Brasilia, hizo un lIamado a la participación de las enfermeras en los organismos superiores de toma de decisiones a nivel nacional. El CIE y las Asociaciones Nacionales de Enfermeras estimulan igualmente a las Escuelas de enfermería a utilizar al máximo los programas de formación de enfermería, a fin de resaltar la necesidad de:
- Un compromiso profesional.
- Una participación activa en la vida cívica.
- EI reconocimiento de la ética profesional (entendida como el respeto por los valores morales de la sociedad y no, como el cumplimiento de preceptos religiosos).
- EI respeto de los derechos humanos.
- Formar enfermeras en la necesidad de:
- Formar parte de la evolución social, profesional y técnica de enfermería.
- Pertenecer a un cuerpo profesional autónomo y responsable.
- Reconocer su nivel de responsabilidad cualquiera que sea su sector de actividad y su función.
En mi concepto, la educación superior debe tender más que a producir profesionales, a formar intelectuales, utilizando el concepto de lo que para FoucauIt el intelectual: "Aquel que hace uso de su saber, de su competencia, de su relación con la verdad, en el orden de las luchas políticas".
Pero, la composición de la intelectualidad no se define como clasista, ya que, "Ia intelectualidad jamás ha sido ni puede ser una clase especial, no es homogénea desde el punto de vista de clase, ya que se forma con elementos de distintas clases y sirve a las distintas clases". (8)
La definición de la "organicidad", o sea hacia quien se inclina el intelectual, tiene que ver con su extracción y compromiso social y al no ser homogénea, presenta distintos tipos de actuar. (9)
Si el médico, (la enfermera, el odontólogo), es "orgánico" a la clase dominante, oscurecerá la esencia social de la enfermedad. Si, por el contrario, define su posición comprometida con las penalidades del pueblo, con las necesidades de salud de la población, esto significa que está con la clase oprimida.
Henry Sigerist (10), plantea que para entender correctamente un nuevo avance científico, debemos estudiarlo dentro del marco de la civilización general de ese periodo en todos los aspectos: económico, social, literario, artístico, etc., ya que, por ejemplo, las experiencias en el estudio de la anatomía nos demuestran que el progreso científico solo puede ocurrir en una atmosfera determinada, que sigue las tendencias generales de la época; y es obvio que las condiciones económicas y sociales reinantes, tienen una fuerte influencia sobre el desarrollo de la ciencia, sea actuando como estímulo e incentivo, o como un factor retardatario.
La historia de la ciencia puede enseñarnos mucho; con demasiada frecuencia en nuestras escuelas es enseñada de modo dogmatico y sin relación con su marco cultural. Se transmite a los estudiantes un campo de conocimiento simplificado y cuidadosamente dirigido, que ellos aceptan como cosa natural. La educación forma especialistas (a veces eficientes), pero a menudo muy poco o nada educados fuera de su especialidad.
Sin embargo, si deseamos formar un ciudadano capaz de pensar científicamente y un profesional, mejor aún, un intelectual, preparado para participar en la acción social, tenemos que mejorar nuestros métodos de enseñanza, Una manera de lograrlo, y muy promisoria, es enfocar la ciencia, no sólo técnicamente, sino también histórica, filosófica y sociológicamente. Estoy diciendo, entonces, que debemos estudiar historia, economía política, sociología.
EI mismo Sigerist (10), en una conferencia a estudiantes les hacia estas brillantes consideraciones, que hoy siguen siendo tremendamente validas:
“Cualquiera que sea el futuro, la vida de nuestra generación no será fácil. Tenemos que aceptarlo como un hecho; y después de todo 'pasarlo bien' es el ideal de un animal pero no un ideal humano. Lo que cuenta en la vida es ser capaz de realizar un trabajo creador, de entregar parte de uno mismo para mejorar el mundo.
En su forma actual, la medicina es 'un servicio vendido por el médico (y/o la enfermera) y comprado por el enfermo. Tiene pues, un definido aspecto económico y debe encajar dentro de un sistema económico. ¿Cómo podemos discutir cualquiera de estos hechos, si no conocemos elementos de economía política?. Los mecanismos de producción que son los salarios y ¿Qué es lo que determina la riqueza y la pobreza de una sociedad?
Sin economía política no es posible comprender la historia, sea general o de la medicina. Finalmente, tampoco es posible desinteresarse de la sociología.
No olvidemos que la medicina (no entendida como profesión, sino como cuerpo de conocimientos), después de todo, es una ciencia social, ya que la tarea del médico (y de cualquier trabajador de la salud) es mantener a su congénere humano socialmente adaptado o readaptado, según el caso.
Sin embargo, el problema que debemos resolver hoy no es principalmente médico sino antes que nada social. Recuerdo (continua Sigerist), que una vez en Alemania, preguntaron a un colega profesor en mi presencia: si era nazi o socialista. y su respuesta fue: "Yo soy un físico". No podemos propiciar tal indiferencia política. Política es todo en la vida y también en el campo medico. Pero no es suficiente interpretar el mundo, hay que cambiarlo para mejorarlo. Si las condiciones médicas no son satisfactorias, ellas deben ser modificadas, en beneficio de la salud del pueblo. Estamos luchando para mejorar la salud del pueblo y tenemos conocimientos reales y efectivos para prevenir y curar gran número de enfermedades y para salvar a muchas personas de una muerte prematura. Pero la aplicación integral de nuestros conocimientos depende mucho más del estadista que de nosotros; conocemos muy bien, por ejemplo, la tremenda importancia que tiene el problema habitacional para la salud, pero todo lo que podemos hacer es señalar el hecho. La solución efectiva es política.
En relación con esto, Luis Carlos Pérez en su introducción al libro de Guillermo Fergusson (11), decía: "En nuestro mundo todas las relaciones sociales son políticas. Todo lo que se estudia es para servir una política", Y al caracterizar al autor, anotaba: "Sabia que todas las actividades humanas son expresiones de una conducta estatal o gubernamental, y que cuando no se acciona contra su penetración silenciosa, se participa de su parcialidad así como de sus arbitrarios oficialismos y despóticas voces de mando".
Por su parte, Fernando Lefevre al hablar de la fabricación de una realidad didáctica análoga y un proyecto de sociedad futura (12), se pregunta: "¿Qué hace la didáctica reformista? y responde: Muestra al mundo tal como es, para que siga siendo lo que es. Y ¿qué debe hacer la didáctica progresista? Mostrar al mundo tal como puede ser, para que sea otra cosa distinta de lo que es".
Finalmente, considero que las perspectivas de los organismos nacionales e internacionales de enfermería dependen de las actividades que desarrollen teniendo en cuenta a la profesional de enfermería en sus tres campos de acción: como Enfermera, como Trabajadora y como Ciudadana.
1. VII Congreso Nacional de Enfermeras. Pasto, (Colombia). Mayo-1980. Discurso de la Presidenta de ANEC.
2. Aspectos y Tendencias en el Ejercicio Actual de la Profesión de Enfermería. Revista "Avances de Enfermería". Año I, Vol. 2 de 1983.
3. "Esferas de Cooperación y de Conflicto entre las Enfermeras y los Organismos Negociadores". En: Cooperación y Conflicto. CIE, 1983.
4. "Profesionalismo y Condiciones sociales y Económicas". En: Y Conmigo Que pasa? CIE, 1981. 5. Revista ANEC No.3. Octubre-Diciembre, 1966.
6. "Proyección de las Funciones de la Enfermera". Revista Avances de Enfermería. Vol. I, No. I. Septiembre-Diciembre, 1982. 3. OP. Cit.
7. "Labor en los Gobiernos". En: Cooperación y Conflicto: CIE, 1983.
8. Fundamentos de Filosofía Marxista Leninista. Moscú. Academia de Ciencias de la URSS. Pág. 112
9. Antonio Gramsci. La Formación de los Intelectuales. México. Editorial Grijalbo, 1967.
10. "Ciencia e Historia". En: Historia y sociología de la Medicina-Selecciones. Editor Gustavo Molina. Bogotá, 1974
10. "Los Estudiantes de Medicina y los Problemas Sociales que Confronta la Medicina de Hoy". ibíd.
11. Guillermo Fergusson. Esquema Crítico de la Medicina en Colombia. Bogotá: CIEC, 1979.
12. Fernando Lefevre "Fabricación de una Realidad Didáctica Análoga a un Proyecto de sociedad Futura". Rev., Educación Médica y Salud. Vol. 17, No.4, 1983. Págs. 461-465.

martes, 5 de octubre de 2010

Humanismo. una fortaleza de enfermería

Ponencia central en el I Congreso Internacional de Enfermería: “La Prospectiva de Enfermería en el escenario mundial”. Puebla (México), Octubre 29 y 30 de 1998.

Publicado en la Revista Investigación en Enfermería. Imagen y Desarrollo. (Bogotá). ISSN: 0124 – 2059. Vol. 1, No. 2, Julio –Diciembre 1999, pp. 7 - 25. Disponible en el Blog: http://analuisa-velandia-mora-publicaciones.blogspot.com/


Por: ANA LUISA VELANDIA MORA

R.N., B.S., M.A., Ph. D., Profesor Especial y Emérito, Universidad Nacional de Colombia.



Introducción

Mi planteamiento central en este escrito es que el humanismo es parte del desarrollo teórico y científico de la profesión. Para sustentarlo, inicio mi exposición con un análisis del pensamiento de enfermería en contraposición al pensamiento médico; en seguida presento una serie de hechos significativos que han tenido influencia en el desarrollo de la enfermería, para posteriormente estudiar las interrelaciones entre disciplina y profesión y su aplicación en enfermería y luego analizo las implicaciones de este nuevo pensamiento de enfermería, para finalmente exponer algunas reflexiones a manera de conclusiones.

Palabras claves: enfermería, humanismo, cuidado, disciplina, pensamiento enfermero, historia, sociología.


El pensamiento de enfermería

Con frecuencia se oye hablar del "pensamiento médico", sea para plantearlo en términos positivos, o para criticarlo. Me refiero aquí al pensamiento de los médicos. Sin embargo, en las ciencias de la salud, si bien "el pensamiento médico" es todavía hegemónico, no es el único, ni abarca a todas las profesiones.

Yo trataré de presentar a Uds. el PENSAMIENTO DE ENFERMERIA, dicho en otros términos, comentar con Uds., cómo pensamos las enfermeras acerca de la salud. Este es un aspecto muy importante, ya que justamente lo que le da identidad profesional a la enfermera es el enfoque humanístico (holístico, le gusta llamarlo a algunas enfermeras), que imprime al cuidado que presta a la salud de los seres humanos. (Velandia, 1997, e).

Hay acuerdo sobre los cuatro conceptos centrales que soportan el desarrollo de la enfermería en lo disciplinar y en lo profesional. Estos cuatro conceptos han sido identificados como: hombre (persona; paciente o usuario y enfermera), contexto (ambiente; del paciente y de la enfermera), salud (vida) y cuidado (acción, intervención, terapéutica) de enfermería.

Algunas enfermeras teoristas (como Martha Rogers) señalan que es imposible separar a la persona de su contexto porque en conjunto forman una unidad, totalmente indivisible. Y en general, hoy se puede decir, que enfermería ya acordó que el sujeto de estudio de la disciplina es el ser humano en unidad con su ambiente, lo cual flexibilizó el concepto de desarrollo teórico derivado de la estrategia: investigación / teoría. (Velandia, 1996).

La evolución de la ciencia de enfermería probablemente no ha seguido la evolución tradicional de las ciencias básicas y de otras disciplinas profesionales, conforme a lo que postulan los filósofos de la ciencia. Entre otras cosas, porque la enfermería actúa en un sistema abierto y como tal debe responder a las demandas de la sociedad. Las acciones de enfermería y de sus usuarios (o clientes) están enmarcadas y modeladas por su ambiente social; por lo tanto, son modificables y cambiantes de acuerdo con las exigencias del contexto.

La práctica existente es la primera fuente de ideas de enfermería y dentro de este contexto el receptor del cuidado de enfermería y el cuidado mismo, inspiraron la teoría.

Manuel Esteban Albert considera que el desarrollo de una disciplina científica no es sólo producto de los presupuestos internos de su objeto ni el precipitado natural, espontáneo y súbito de una sistematización de los enunciados internos o de las representaciones de los fenómenos que estudia. Antes que eso, es siempre, o casi siempre, también el producto de una historia y de una práctica profesional. De tal manera, una disciplina como ciencia debe pensarse y construirse desde a historia, desde la práctica profesional, desde la filosofía de la ciencia, desde la historia comparada de las ciencias. (Citado por Hernández, 1995).

El mismo Albert en el Prólogo al libro de Juana Hernández (1995) Historia de la Enfermería. Un análisis histórico de los cuidados de enfermería; dice: “La naturaleza disciplinar se caracteriza, ante todo, por la existencia de un núcleo conceptual. El conjunto de conocimientos que configuran este núcleo puede surgir de muy diversas formas. En unos casos, la propia naturaleza y organización de los conocimientos establecen el estatuto epistemológico de las ciencias básicas. En ese caso, es la propia naturaleza del conocimiento y su organización lógica la que se impone con evidencia como ciencia.

En otros casos, en cambio, como suele ocurrir en las disciplinas aplicadas, técnicas o prácticas, el proceso de configuración científica procede de una manera determinada en gran medida por factores históricos y sociales. Tal es el caso de las profesiones como la enfermería, que habiendo tenido un origen práctico y asistemático, han ido organizándose a través de los siglos como una actividad o profesión altamente estructurada, con un amplio campo de conocimientos específicos pertinentes a esa práctica, una metodología precisa y definida, y un objeto, material y formal, perfectamente identificable.


Hechos significativos que han tenido influencia en el desarrollo de la disciplina y profesión de enfermería

Hay una serie de hechos que yo considero significativos para la profesión, ya que han influido en su evolución, bien sea de manera negativa o positiva. (Velandia, 1998,a).

Negativos

- El fenómeno, que a mi manera de ver, incidió de manera más negativa en el desarrollo de la enfermería en sus inicios como profesión, tanto en el ámbito mundial como en Colombia, es el hecho de haber sido ejercida principalmente por mujeres; ya que la enfermería cargó con los lastres que han tenido que soportar las mujeres a través de la historia.

Las mujeres sólo muy tardíamente pudieron entrar a la Universidad. En Colombia sólo después de la Reforma Universitaria de 1936, pero tampoco podrían haberlo hecho antes, porque el Bachillerato para mujeres sólo se autorizó a comienzos de la década del 30 y el primer grupo de mujeres bachilleres salió del Gimnasio Femenino en 1936.

Hasta los gobiernos liberales que se inician con Abadía Méndez en 1930, sólo podían votar los alfabetas, que eran un porcentaje muy bajo de la población (a comienzos del Siglo XX el 11%); en ese momento se aprueba el llamado voto universal, llamado así porque cubría a todos los hombres (incluso analfabetas); pero el derecho de las mujeres a elegir y ser elegidas, sólo se aprobó con el Plebiscito de 1957. (Velandia, 1995, c)

La situación a escala mundial, aun cuando no era tan deprimente, tampoco ha sido muy diferente.

- Otro hecho que influyó negativamente, especialmente a escala mundial, fue el hecho de las mujeres haber cedido su cuerpo de conocimientos y su experticia como “sanadoras” (las llamadas brujas), y luego como “parteras” en favor de los hombres (mejor dicho, de los ginecólogos), y el haber dejado de ser “cuidadoras” para convertirse en “auxiliares de los médicos” dentro de la organización institucionalizada de atención a los enfermos.

Ehreinreich y English en su trabajo “Brujas, Comadronas y Enfermeras” pintan muy bien esta situación en el ámbito mundial y consideran que las “sanadoras” de antaño finalmente se vieron reducidas a la condición de enfermeras. “Les arrebataron ancestrales conocimientos, y con ellos, el derecho a la palabra.” (Ehreinreich y English, 1979).

- Otro hecho significativo y muy relacionado con el anterior, es la concepción de la salud que se ha mantenido en el ámbito oficial. Al institucionalizar la salud y centrarla en la curación de enfermedades, el modelo biológico se hizo hegemónico y la atención de salud se medicalizó al decir de Michel Foucault; y dentro de estas condiciones el papel de la enfermera se redujo a apoyar al médico en sus acciones curativas. Al respecto, Ehreinreich y English dicen: “finalmente… (las enfermeras) se vieron reducidas a cuidadoras de enfermos en los hospitales, donde callada, silenciosamente, ejecutan las órdenes de la erudición masculina.”

Estas mismas autoras, ya citadas, se preguntan? ¿Cómo llegamos a nuestra posición actual de subordinación desde nuestra posición de liderazgo? Entre los muchos factores, están: a) la ocupación masculina del cuidado de la salud; b) la supresión de “las brujas” en Europa; y c) el crecimiento de la profesión médica en los hombres en el Siglo XIX en América.” (Se refieren a los Estados Unidos).

- Todo esto puede haber influido en la tendencia a una fuerte normatización, o mejor reglamentación de la rutina, que con frecuencia caracteriza el trabajo de la enfermera, y a lo cual se ha referido Patricia Benner. (Benner, 1987), (Velandia, 1995, b).

Gabriel Restrepo Forero (1982), nos decía: “Un aspecto importante en la organización de los grupos profesionales es lograr la institucionalización de la tolerancia. Una comunidad profesional ha de caracterizarse necesariamente por la pluralidad de roles que puedan ser desempeñados por sus miembros.”

Pero la institucionalización de la tolerancia tiene que ver con otros mitos y dogmas de enfermería que se interponen frente a ella. Veamos: la determinación de áreas de desempeño profesional muy definidas que llevó a formar enfermeras para unos cuantos puestos de trabajo predeterminados: Enfermera Jefe de Sala o Directora de Departamento de Enfermería, y cuando más, Enfermera Jefe de Centro de Salud o Instructora de Escuela de Enfermería, con funciones y actividades tan perfectamente establecidas que podían caber en un Manual de Normas. (Velandia, 1995, b).

- Otro hecho, que puede ser consecuencia de los anteriores, es el mito que nos ha acompañado de que tenemos que demostrar que somos ciencia; lo cual ha hecho menospreciar nuestra condición de profesionales, que es donde radica nuestra fortaleza.

Estoy de acuerdo con Donaldson (1978), cuando dice: “Los campos que enfatizan la investigación aplicada deberían llamarse más correctamente disciplinas aplicadas o ramas aplicadas de las disciplinas académicas, en lugar de llamarse disciplinas profesionales.”

En esto coincido también con Talcott Parsons (1976), cuando habla de dos categorías primarias de profesiones: a) la erudición misma, investigación, fomento del saber, transmisión del conocimiento actualizado; y b) la rama aplicada del conocimiento a actividades prácticas, competencia técnica. Cada uno de estos dos grupos tiene intereses que le son propios; en la rama académica, prima lo cultural; mientras que en la rama aplicada, prima lo social. Yo creo que esto también tiene que ver con la dimensión social de la práctica de enfermería, de que habla María Consuelo Castrillón. (Castrillón, 1997).

La denominación de cada grupo la determinaría su ejercicio: a) los que ejercen la rama académica serían los científicos, encargados de institucionalizar las disciplinas a través del complejo universidad - academia; y los que ejercen la rama aplicada, es decir, la práctica de las disciplinas, serían los profesionales. Por consiguiente, el carácter científico o profesional está dado (más que por el área del conocimiento a que esté dedicado) que por el rol que desempeñe: académico o práctico. (Parsons, citado por Velandia, 1995, b).

Como todo, esto tiene relación con el contexto en tiempo y espacio en que se ha movido la profesión, especialmente a mediados del Siglo XIX cuando empieza realmente a profesionalizarse. Por ello, necesitamos revisar la forma como han venido evolucionando las concepciones sobre ciencia, tecnología, disciplina, profesión.

Si tenemos en cuenta que la clasificación actual de las ciencias se formalizó a mediados del Siglo XIX, cuando estaba en auge la investigación en ciencias naturales y sólo se consideraba como ciencia lo que hacían los científicos de la naturaleza: físicos, químicos, biólogos, y por consiguiente la investigación era experimental y cuantitativa; y que las profesiones, entendidas ahora como disciplinas aplicadas, sólo vinieron a desarrollarse en Europa luego de la revolución industrial y en Colombia luego de la primera guerra mundial y el desarrollo industrial que esto representó para el país; es lógico entender que el desarrollo de una profesión, y especialmente de una profesión femenina no podía darse de manera fácil.

Las ciencias sociales sólo vienen a desarrollarse en el presente siglo y en Colombia luego de la segunda guerra mundial. El desarrollo de las ciencias sociales rompió la concepción de la ciencia como algo relacionado con las ciencias naturales, en donde la experimentación es base de la investigación y sólo son válidas las técnicas cuantitativas. (Velandia, 1998, a)


Positivos

Los aspectos positivos parecen darse por la transformación de algunos de los aspectos negativos.

- El primero tal vez sea la revolución femenina. La situación de la mujer ha venido cambiando de manera significativa. Los movimientos feministas han transformado sus puntos de vista pasando de una discusión de corte biológico sustentada en el sexo, a una concepción más amplia del problema orientada hacia el género como hecho sociocultural. Una nueva dimensión de la mujer de hoy es, entonces, la posibilidad real de producir obras, de realizar un trabajo práctico, de expresarse en cualquiera de los campos del conocimiento, el arte o la técnica; es decir de ser “un hombre” en el sentido universal, esto es, un ser humano integral y para ello (con Simone de Beauvoir) “debe trascender su condición femenina, pero una vez la haya hecho consciente.”

Lo anterior ha implicado la necesidad de un movimiento feminista no para exigir “por el hecho de ser mujer”, sino para demostrar su propio valor como persona, como ser humano. Para la enfermera significa superar la imagen de la “dama de blanco”, que impide su desarrollo y su incorporación plena al equipo de salud, y provomer el ingreso de hombres a la carrera de enfermería y, en general, a las profesiones que han venido siendo consideradas como “femeninas”. (Velandia, 1995, c).

- El desarrollo de las ciencias sociales, que ha contribuido a romper el concepto de ciencia como algo necesariamente relacionado con la “naturaleza” y ha permitido acercarse de manera más integral al hombre, al ser humano como una totalidad. Para este aparte utilizaremos las ideas del Físico Fritjof Capra, expuestas en el capítulo: “La visión mecanicista de la vida”, de su libro: El Punto Crucial (1987).

Según el eminente biólogo Paul Weiss (citado por Capra), “Podemos afirmar definitivamente… basándonos en las investigaciones estrictamente empíricas, que por el mero hecho de reunir una vez más, sea en la realidad o en nuestra imaginación, las partes del universo que hemos disecado en nuestro análisis, no lograremos explicar completamente ni siquiera el comportamiento del sistema viviente más elemental.”

Los biólogos todavía no saben cómo respiramos, cómo regulamos la temperatura de nuestro cuerpo o por qué dirigimos nuestra atención a un objeto y no a otro. Lo mismo podemos decir de la curación de las heridas, de la naturaleza y vías del dolor, que siguen estando en gran medida envueltas en el misterio.

La medicina occidental ha adoptado el sistema reduccionista de la biología moderna, adhiriéndose a la distinción cartesiana y sin tener en cuenta toda la persona del paciente; por consiguiente, los médicos “modernos” se ven incapacitados para entender y también para curar, muchas de las principales enfermedades de hoy. Pero poco a poco, estos médicos han comenzado a plantearse que muchos de los problemas con los que se enfrenta nuestro sistema de salud tiene su origen en el modelo reduccionista del organismo humano sobre el cual se ha apoyado el sistema. Este hecho lo reconocen no sólo los médicos sino también - e incluso más - los enfermeros y otros profesionales de la salud, y también gran parte del público. (Capra, 1987).

Para resolver estos problemas se necesita un nuevo paradigma, una nueva dimensión conceptual que vaya más allá del enfoque cartesiano. Es probable que la visión de sistemas se convierta en la base conceptual de esta nueva biología, como parece insinuar Sydney Brenner (citado por Capra), en sus especulaciones sobre el futuro de la ciencia: “Creo que durante los próximos veinticinco años los biólogos tendrán que aprender otro idioma… Aún no sé cómo se llama ese idioma; de hecho, nadie lo sabe. Pero lo que se trata de hacer, en mi opinión, es solucionar el problema elemental de la teoría de los sistemas elaborados… Y es aquí, donde surge un grave problema de niveles: quizá sea un error creer que toda la lógica se halla a nivel molecular. Tal vez tengamos que ir más allá de los simples mecanismos de relojería.”

En la mayoría de las facultades de salud rara vez se discuten muchas cuestiones fundamentales para la salud, como la alimentación, el trabajo, la densidad de población, y algo aparentemente tan obvio, como la casa, su familia, y por consiguiente hay muy poco espacio para la asistencia preventiva. Incluso, cuando los médicos hablan de prevenir las enfermedades, muchas veces lo hacen dentro del esquema reduccionista del modelo biomédico.

Yo considero, que precisamente porque la muerte y la vida son una unidad dialéctica, no deberíamos hablar de la enfermedad como un contrario de la salud, ellas dos son manifestaciones de la vida, son parte de su esencia; y eso es, lo que en últimas nos interesa, no que una persona tenga o no enfermedades. (Velandia, 1988).

- La transformación de las concepciones en salud; en lo cual necesariamente ha influido el aspecto anterior. La concepción de que el objeto de estudio de las ciencias es el “hombre enfermo” es refutada por la práctica diaria y se acepta cada vez más el planteamiento de que el objeto de estudio, son los conceptos socialmente definidos de salud - enfermedad.

Algunos estudiamos la evolución de los conceptos de nivel de vida, condiciones de vida y calidad de vida; éste último hace referencia a múltiples aspectos de la vida del hombre y supera con creces a los dos primeros conceptos, que venían siendo utilizados.

Vasco (citado por Velandia, 1995, a), considera que la aparición de nuevas y complejas entidades, ha hecho que el lenguaje médico se torne cada vez más prudente, de tal manera que hoy existen menos diagnósticos y más síndromes. Esto significa que cada vez hablamos más de problemas de salud que de enfermedades.

Incluso hoy ya se habla de “deterioro de la vida”, cuyos indicadores hacen más referencia a la calidad de vida. Igualmente se hace énfasis en que la salud y la enfermedad sólo tienen realidad dentro de la polaridad vida - muerte y se propone la utilización de la categoría proceso vital humano que conlleva los niveles e interacciones biológico - sociales, e individual - colectivo.

“El tipo de asistencia primaria tiene hoy sus más firmes partidarios en los enfermeros, que se hallan en primera fila en el movimiento sanitario holístico. En la actualidad, un número cada vez mayor de enfermeros deciden ejercer como terapeutas independientes y no como asistentes de médicos y abordan su actividad de manera holística… En este sistema, los médicos desempeñarán el papel de especialistas: recetarán medicinas y realizarán intervenciones quirúrgicas en casos de emergencia, tratarán los huesos fracturados y practicarán toda la gama de intervenciones médicas para las que el enfoque biomédico resulta adecuado y puede ser fructífero… La instrucción universitaria se concentrará mucho más en la terapia familiar y en la atención de salud practicada en los ambulatorios: esto es, en la comprensión del paciente como persona.” (Capra, 1987; 395).

- El desarrollo de las profesiones, coherente con el desarrollo tecnológico, que hace presumir un auge del trabajo profesional a comienzos del Siglo XXI. Las ideas de Kuhn del desarrollo por cambios definitivos de paradigmas, están siendo reemplazadas por la idea de transformación constante, de acumulación del conocimiento. Las exigencias de la sociedad están más orientadas a la solución de los problemas concretos; lo cual tiene que ver con la profesión, una de cuyas características cruciales es la capacidad de diseño, es decir, de producir tecnología, de innovar; en últimas, de hacer puente entre la ciencia y la técnica, renovándola permanentemente de manera científica. (Velandia, 1996). El efecto tendrá que ser un trabajo más profesional, es decir más independiente, más sustentado en decisiones propias y oportunas.


Las interrelaciones Disciplina – Profesión

Una ciencia fáctica particular, tal como la bioquímica o la historia social, se caracteriza por tener los siguientes componentes: una comunidad de investigadores, una sociedad que apoya o al menos tolera su actividad, dominio o universo de un discurso, una concepción general o filosófica, un fondo formal o sistema hipotético - deductivo, un fondo específico (colección de datos, hipótesis, teorías y métodos, obtenidos en las ciencias y tecnologías relacionadas), una problemática, un fondo de conocimiento acumulado (histórico), objetivos, una metódica, componentes cambiantes (dinámica), y parientes próximas. (Bunge, 1985)

Por otra parte, considerando la definición que el Diccionario Oxford da de disciplina, como una rama de instrucción o educación, un departamento de aprendizaje del conocimiento (Donaldson y Crowley, 1978), podríamos decir que la enfermería si es una disciplina, ya que ella es una rama del conocimiento que se enseña en facultades o departamentos de universidades o instituciones de educación superior.

Pero, como dijimos en el primer aparte de este escrito, para poder actuar con discernimiento, con criterio profesional, necesitamos una fuerte argumentación conceptual, trabajar sobre nuestro objeto epistémico profundizar en las tres dimensiones cuya comprensión es esencial para el estudio de nuestra identidad: el ser, que se refiere a nuestro Ethos, a su indagación filosófica, al humanismo; el saber, que tiene que ver con la claridad teórica y metodológica, con el conocer; y el hacer, o quehacer, que se relaciona con el ejercicio profesional y que tiene su origen en la prestación de un servicio a la población. (Velandia, 1995, b), (Velandia, 1997, c).


El ser se refiere a nuestro Ethos, a su indagación filosófica, al humanismo que tiende a la comprensión de la sociedad en que vivimos; es la “actitud ante la vida o posición existencial dentro de la cual se debe desenvolver el desarrollo disciplinar y de servicios humanos.” (Trujillo, 1986).

El saber (conocer), tiene que ver con la claridad teórica y metodológica; con la disciplina, la cual se refiere al “campo científico en el que se investigan determinados aspectos de la realidad con el propósito de generar, utilizar y difundir el conocimiento.” (Trujillo, 1986).

El hacer (el quehacer), es el ejercicio profesional, que tiene su origen en la prestación de un servicio a la población. Este desempeño ha venido evolucionando simultáneamente con los componentes teóricos e investigativos que configuran una disciplina en desarrollo.

Un aspecto importante a considerar es el hecho de que enfermería tiene tanto aspectos científicos como aspectos afines con las artes; tal vez por ello, se la había considerado como una técnica, pero los esfuerzos que se están haciendo por profundizar en temas como la teoría del conocimiento y el producir teorías y tecnología de enfermería que den solución a los problemas del quehacer diario, nos constituyen en una disciplina profesional.

La meta final del desarrollo teórico de enfermería es el desarrollo de teorías que guíen el cuidado de enfermería que se brinda a los pacientes. Varios modelos y conceptualizaciones teóricas hacen referencia a este aspecto terapéutico dentro de sus desarrollos: el uso de la empatía, la estimulación por tacto (toque terapéutico), el rol suplementario, la manipulación de los estímulos residuales, focales y contextuales.

Al considerar a enfermería como una disciplina profesional su conocimiento debe orientarse a dar sustento y respuesta a las necesidades de la práctica. Si los conocimientos que genera la disciplina no suplen las necesidades de la práctica no habrá un desarrollo coherente y que permita la evolución de la profesión. Sin embargo, la disciplina debe gobernar la práctica clínica en lugar de ser definida por ésta. (Donaldson y Crowley, 1978).

Es aquí donde se necesita tanto a la enfermera que crea la teoría como a la que se desempeña brindando directamente atención, ya que cada una desde su ámbito contribuye al desarrollo de enfermería. Como dice Jacobs (1978), “nadie puede pretender encarnar la totalidad de enfermería: ser practicantes y académicos a la vez, esto sólo se puede lograr colectivamente.”

Ya que el profesional de enfermería se mueve en un campo del conocimiento que le es propio, el cual combina las dimensiones disciplinarias y de prestación de servicios, contextualizadas de acuerdo a una visión humanista de la realidad; esto significa que debemos profundizar en los análisis filosóficos (ontológicos), epistemológicos, metodológicos y de aplicación práctica. (Velandia, 1995, b).

Un aspecto a considerar aquí, es la confusión que se ha tenido entre disciplina profesional y práctica profesional, puesto que la disciplina hace referencia al conocimiento aplicado en una rama específica del saber, y la práctica, es el desempeño y la técnica, es decir el quehacer.

La práctica soluciona problemas del aquí y el ahora del individuo al cual atiende, mientras que la disciplina entrelaza el pasado, el presente y el futuro mediante un cuerpo de conocimientos que dan argumentos para el desempeño no sólo en el ámbito hospitalario, comunitario, gerencial, educativo e investigativo o en cualquier otro donde la enfermera busque desarrollar ese conocimiento.

La competencia profesional va más allá de lo que se requiere para dar cuidado de salud a un individuo, para la preparación de futuras practicantes y la conducción de investigación sistemática. La competencia comprende por parte del profesional el entender la sociedad con suficiente amplitud para que pueda colocar la práctica dentro de un contexto social y la necesidad de tener habilidades de liderazgo. (Donaldson y Crowley, 1978).

Aquí es oportuno recordar la diferencia que planteó Gramsci (y que luego desarrolló Foucault), entre profesional e intelectual: el primero, el profesional, es quien asume una profesión como la forma de ganarse la vida; el segundo, el intelectual, es quien mira el mundo desde su profesión, y desde ella se compromete con el desarrollo de la sociedad.

De hecho, la profesión no es algo que la universidad confiere, ser profesional no tiene que ver sólo con las “credenciales”, ser profesionales es aceptar un compromiso y hacerlo de la mejor manera posible para defender los intereses del usuario de nuestros servicios.

Aquí, tal vez nos ayude la diferenciación entre el Técnico y el Profesional, que hiciera la Dra. Marsha Fowler en su intervención en el XII Coloquio Nacional de Investigación en Enfermería en Mayo de 1995 en Bucaramanga, en esa oportunidad, planteaba ella que el compromiso del técnico es con el cargo que ocupa y el del profesional, lo es con su profesión.

Es por ello, que hoy estamos planteando la necesidad de pasar de la profesionalización al profesionalismo. Entendemos la profesionalización como “el fenómeno de reconocimiento social a las ocupaciones que han logrado o buscan un status profesional” (Rodger, citado por Velandia, 1995, a); y el profesionalismo como una de las formas institucionalizadas de control ocupacional, o como actitudes profesionales o atributos actitudinales, algunas de las cuales serían las siguientes: uso de la organización profesional como principal referente, creer en el servicio público, creer en la autorregulación, poseer un sentido de vocación y tener un sentido de autonomía. (Hall, citado por Velandia, 1995, b).

De tal manera, el profesionalismo tiene más que ver con el concepto de intelectual de Gramsci y de Foucault o con las ideas de desempeño laboral motivante, es decir en el cual se obtengan beneficios psicológicos y no sólo económicos, de Yankelovich (Citado por Velandia, 1995, b), y menos con indicadores de transformación de una ocupación en profesión aceptada socialmente como tal, aun cuando sus miembros no se sientan “realizados” a través de su desempeño.

Esto implica también hacer una historia tanto externalista como internalista de nuestra profesión. La perspectiva externalista o de enfoque sociológico, utiliza categorías de la sociología de las profesiones para organizar la información y establecer relaciones, para entender e incluso arriesgar explicaciones sobre las transformaciones que ocurren en el momento dado y en un contexto determinado. La perspectiva internalista o epistemológica, trabaja sobre la construcción de un tipo de saberes y de práctica, analizando los cambios teóricos y metodológicos que sustentan esos saberes y prácticas de una disciplina o profesión. (Velandia, 1997, a).

Algunos autores se han manifestado últimamente al respecto. Obregón (1993), dice: “En América Latina hacer una historia de los conceptos de las diversas ciencias referida a su construcción y atendiendo a la lógica interna de las teorías resulta impropio, dadas nuestras condiciones. Esta posición metodológica es lo que los historiadores anglosajones de las ciencias han señalado con el nombre de historia internalista. Tampoco se trata de llegar al extremo de hacer una historia externalista, es decir, una historia que señale el contexto económico, social y político del desarrollo de las ciencias (o de las profesiones), pero que olvide el objeto mismo de la historia social de las ciencias, sin tocar para nada el contenido.

Emilio Quevedo entra a terciar en la discusión, y tratando de dirimir este conflicto (COLCIENCIAS, 1993: 220 -222), plantea: “Trabajar en el problema de la construcción de un objeto de estudio es comprender el proceso social de la constitución de modelos explicativos de una realidad. Dicho problema tiene que ser abordado por un equipo multidisciplinario y profesional, en el cual el profesional historiador de la disciplina o profesión que va a ser estudiada debe desempeñar un papel central, pero necesariamente apoyado por los profesionales de las ciencias sociales, para poder encontrar la coherencia entre cada uno de estos problemas y superar así la polémica entre externalismo e internalismo que tiene bloqueado el futuro de diversas disciplinas.” (El subrayado es nuestro.)

Para mí, la historia de la profesionalización de la enfermería tendría más que ver con el enfoque sociológico o perspectiva externalista; y la historia del profesionalismo de la enfermera, se relaciona más con una mirada epistemológica a la evolución de la profesión. (Velandia, 1997, a).


Implicaciones de este nuevo pensamiento

Al analizar la conceptualización "moderna" de la enfermería, uno se pone de acuerdo con Toulmin, cuando dice: "Las ideas regentes en un momento dado del desarrollo de las ciencias sociales en el Siglo XX, tienden a mostrar más semejanzas con aquellas aparecidas con uno o dos siglos de anterioridad, que con aquellas de la generación previamente anterior." (Velandia, 1998, b)

Enfermería, de alguna manera, logró en medio de vicisitudes, sustentar una concepción integral del objeto de estudio, lo cual le ha permitido capitalizar para la disciplina profesional, riqueza y complejidad; sin separar totalmente la teoría de la práctica y mantener, a pesar de sus detractores, contacto cercano con el "arte de enfermería".

Esta concepción debe conservarse, sin importar cual sea el soporte filosófico que sustente el desarrollo científico y la investigación; así no habrá dicotomías entre la ciencia y el arte de enfermería, la profesión en sí misma y la disciplina, el hacer y el saber, el cuidado y la curación, la práctica y la teoría, lo subjetivo y lo objetivo, la mente y el cuerpo, lo ontológico y lo epistemológico.

Hoy en día, la forma restringida del enfoque teórico positivista no es compatible con la filosofía de la enfermería, o al menos por la que la mayoría de enfermeras abogan. El reduccionismo, la causalidad, el mecanicismo, la miniconcentración y objetividad, están en franca contraposición con la conceptualización de enfermería que se caracteriza por la integralidad, el holismo, lo trascendente, lo contextual y lo ecológico con relación al ser humano.

Para muchos autores el fantasma de la visión tradicional ha detenido el avance de la ciencia de enfermería. Como resultado muchos aspectos holísticos de enfermería se han ignorado porque no son reducibles, cuantificables u objetivos. Los problemas mirados desde el punto de vista positivista se reducen a tal punto, que elementos fundamentales del entorno son despreciados y así se minimizan factores trascendentales.

Enfermería tolera varios enfoques conceptuales y la apertura de posibilidades de utilización de metodologías cualitativas, generadoras de teoría y de metodologías cuantitativas probadoras de la misma, y esto facilita el avance del desarrollo de la ciencia de enfermería. Es así como las investigadoras de enfermería incursionan por aquellas sendas de la ciencia que aseguren la coherencia y el soporte filosófico adecuado al cuestionamiento científico. (Durán de Villalobos, 1998).

La preocupación por la rigurosidad cuantitativa de los años sesenta y setenta, ha dado paso al renacimiento del sentido y la percepción de las experiencias y la aceptación de los diseños alternos de investigación tales como la etnografía, la teoría fundamentada y la fenomenología, entre otros. La investigación sobre enfermería fenomenológica es ejemplo de un tipo de investigación cualitativa en el cual el proceso de escritura desempeña un papel integral. Para el investigador fenomenológico, la escritura en sí misma es investigación.

Una línea importante de avance de la crítica al empiricismo es la recuperación de ese rico instrumental generado principalmente por la antropología, la etnografía y la historia, utilizando las técnicas biográficas de evocación y análisis del discurso.

Breilh considera que esta nueva tendencia en la investigación en salud, frente a las modalidades extensivas de encuesta y cuantificación, es un efecto de la influencia de las ciencias sociales y la consecuente pérdida de la influencia de las “ciencias de la naturaleza”. (Breilh, citado por Velandia, 1997, a)

Por ejemplo, la nueva historia de que se habla hoy, es entendida como una ampliación del territorio de lo que tradicionalmente hemos llamado historia. Después de conocer los hombres, las estructuras sociales en que viven, cómo producen bienes, de qué manera los distribuyen, a quiénes benefician; tenemos que comprender cómo fueron vividos esos hechos, la manera de sentirlos que tuvieron esos hombres, así como sus medios materiales, las relaciones entre hombres y cosas, hombres y entornos, hombres y herramientas, hasta penetrar en su vida auténtica, la "cotidianidad". (Tuñón de Lara, en Velandia, 1997, a)

Indudablemente aquí tiene cabida la historia de la familia, la historia del barrio, de la vereda, de las personas; la historia de la sexualidad, pero también la historia de la alimentación, de los muebles, del clima, del vestido, etc.

Lo que se puede observar por medio de estas técnicas intensivas son los “patrones de individualización” de las prácticas y concepciones: historias de vida, análisis de la historia y movimientos de los grupos (familias, grupos laborales, vecindario) a quienes están ligados los informantes; conformando así una historia local.

La exploración de los modelos fundamentales de conocimiento en enfermería: empírico (ciencia), ético (moral), personal (individuo) y estético (arte); ha conformado la conceptualización actual de la enfermería, una profesión vista por la sociedad como crecientemente competente y confiable, con base científica, fuerte tradición moral y una comprensión creciente del poder del conocimiento personal que las enfermeras comparte en el cuidado de sus pacientes. (Carper, citado por Merkle Sorrell, s.f.).

Dentro de esta conceptualización de enfermería, sin embargo, las formas estéticas de conocer son reflejadas sólo en forma tenue. La literatura reconoce la importancia del "arte de la enfermería", lo mismo que de la ciencia de enfermería, pero se ha escrito mucho más acerca de la "ciencia del hacerlo bien", que acerca de la búsqueda de nuevas comprensiones a través de formas estéticas del conocimiento.

El conocimiento estético se identifica a menudo con el arte de la enfermería. Incorpora un modelo único de comportamiento que ofrece enriquecimiento a nuestra comprensión de la experiencia de enfermería, que no es accesible por otras formas de conocimiento.

El proceso de escribir nos ayuda a recuperar importantes experiencias subjetivas en enfermería, mientras reflexionamos intuitivamente en estas experiencias, creando introspecciones e interpretaciones que promueven formas estéticas de conocimiento.

Una revisión global de investigación en composición indica que durante muchos años el enfoque fundamental se dio sobre el producto escrito, más que sobre el proceso. El enfoque sobre el proceso mismo de la escritura, ha llevado a nuevas comprensiones acerca de cómo la escritura puede mejorar el descubrimiento del conocimiento.

Se puede utilizar gran variedad de formas de escritura expresiva y poesía para producir modelos estéticos de conocimiento en enfermería, incluyendo la narrativa, los periódicos, las cartas, la ficción y la poesía.

Proust utilizaba la narrativa para formar conocimiento estético a través de su recuerdo de cosas del pasado. En Enfermería y en otras disciplinas la narrativa está recibiendo énfasis creciente como modo de investigación de reflexiones sobre experiencias del pasado.

La aproximación fenomenológica a la entrevista, en la cual se pide a los participantes relatar un incidente crítico de su vida o una forma ejemplar de su práctica de enfermería, puede evocar profundas experiencias. Sin embargo, aunque la mayor parte de la literatura en enfermería trata la narrativa oral, el uso de la narrativa escrita ofrece el único puente para la reflexión sobre el pasado.

La escritura narrativa no es sólo un método literario para hacer más dramático o interesante un texto; la narrativa en sí misma es un ejemplo de teorización práctica y funciona como un caso de reflexión experimental.

La naturaleza personal de la escritura periodística ofrece una rica fuente al conocimiento estético por cuanto el escritor recupera y forma experiencias pasadas por medio de la reflexión. Fenomenologistas como Husserl y Heidegger conformaron su conocimiento fenomenológico sobre el tiempo por medio de los registros del Diario de San Agustín.

Cartas escritas a los amigos, a familiares o a audiencias hipotéticas (los trabajos de Isabel Allende, son un ejemplo de este tipo de escritura), pueden utilizarse para promover conocimiento estético en enfermería. Por ejemplo, escribir una carta a una enfermera del Siglo XIX (o del XXI) estimula al escritor a imaginar "los espectáculos y sonidos" de la enfermería de esa época. La validación empírica de la "verdad" carece de sentido en el conocimiento estético. Más que verdad el escritor (o el lector) busca el sentido o la comprensión de la experiencia escrita. La ficción es una forma de escritura excitante para que las enfermeras la exploren.

Las narraciones de las enfermeras al reflexionar sobre algún incidente importante de su práctica de enfermería, reflejan un conocimiento especial que no proviene del intelecto, sino de los sentidos. La cualidad estética del conocimiento de esas enfermeras es evidente en la forma como han integrado sus percepciones de la experiencia, reuniendo detalles dispersos en un todo, ayudando al lector a experimentar con el escritor el poder del conocimiento estético.

Requiere sólo un momento notar que la mayoría de escritos de los médicos, de las enfermeras, de los educadores y de los investigadores, es de tipo transaccional o de trabajo, es decir escrita para informar, persuadir o instruir a una audiencia. La mayoría de nosotros, tanto de niños como de adultos, no hay duda, hemos tenido una carencia de exposición a este tipo de escritos, y la escritura expresiva y poética no son parte integral de nuestra vida profesional, porque tampoco lo fueron de nuestra formación profesional. Y aun cuando a veces sí lo fueron de la educación secundaria; se quedaron perdidas en la memoria como "experiencias juveniles" o "pecados literarios."

El deseo de construir una fuerte base científica de conocimiento en enfermería, no tiene porque oscurecer los apuntalamientos estéticos más elusivos. El proceso escrito ofrece un medio valioso para el conocimiento estético, mientras la mano, el ojo y el cerebro juntos crean sentidos: "Para la mayoría de los escritores el acto de trazar palabras sobre el papel no es el registro del descubrimiento, sino el acto de exploración en sí. (Merkle Sorrell, s.f.).

Y sabemos que con frecuencia, puede resultar más valioso el "proceso" que el mismo resultado.


Reflexiones finales

Con demasiada frecuencia se escuchan protestas sobre la baja imagen social de la enfermera; yo desde hace más diez años, tal vez desde cuando me adentré de manera sistemática en el análisis sociohistórico de la profesión de enfermería, vengo planteando que hay necesidad de partir del hecho de tener una buena autoimagen.

Curtin (1982) habla de un balance decente. Yo, después de diez años de investigación permanente sobre nuestra historia, tengo la misma impresión acerca de la profesión. Hay muchos indicadores de profesionalización (si eso es lo que nos interesa) que sería dispendioso mencionar: formación académica, asociaciones, publicaciones, reglamentación.

Habla también ella de una tradición orgullosa. De ello hablan las enfermeras de todo el mundo que han descollado en el ámbito nacional e internacional por su práctica altamente profesional, por sus cargos en organizaciones gremiales, por sus cargos en instituciones de salud, de educación y en general relacionadas con el bienestar de las personas.

Realmente, quisiera oír hablar menos de los problemas de la enfermería y más de sus bondades… y lo mismo esperan nuestros estudiantes.

- Por otra parte, me parece que el circunscribir el quehacer profesional a las cuatro áreas de desempeño que tradicionalmente hemos considerado: asistencia, administración, docencia e investigación; reduce el campo de acción de los profesionales de enfermería, es decir, limita su quehacer, y de tal manera va en contra de uno de los principios para el desarrollo profesional, la pluralidad de roles. (Restrepo, 1982).

En mi concepto personal, la enfermera tiene responsabilidades en tres campos de acción unidos en forma inextricable: su ejercicio profesional como en enfermera (así, grande, sin cortapisas), su condición de trabajador de la salud y sus deberes y derechos como ciudadano. (Velandia, 1985), (Velandia, 1995, b).

Yo considero, además, que para comprometerse con la profesión, la enfermera no puede quedarse en el marco estrecho de su quehacer profesional, de su área de desempeño, de las funciones que cumple; si no que necesariamente tiene que ir más allá; su compromiso no podrá ser sólo con su grupo profesional, sino también con el usuario y, en general, con el país. (Velandia, 1985).

- Tenemos que dejar nuestro afán compulsivo por demostrar que somos ciencia. Esto ha hecho menospreciar nuestra condición de profesionales, que es donde radica nuestra fortaleza, y por lo tanto nuestra identidad.

Esto implica otra perspectiva de análisis de la profesión, el profesionalismo. El profesionalismo tiene más que ver con el concepto de “intelectual” de Gramsci y Foucault, o con las ideas sobre el desempeño laboral de Yankelovich, y menos con indicadores de transformación de una ocupación en profesión.

Vale decir, trabajar más por nosotros mismos, por nuestra satisfacción personal y la de los usuarios de nuestros servicios; preocuparnos más por la calidad del cuidado que brindamos. que por el status de la profesión, el vendrá como un efecto de nuestro profesionalismo. (Velandia, 1997, d).


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Velandia, Ana Luisa. Presentación del libro: Enfermería: Desarrollo teórico e investigativo, de María Mercedes de Villalobos. Bogotá: Facultad de Enfermería, Universidad Nacional de Colombia, Septiembre de 1998, b)

Roles de la Enfermera en Colombia en el Siglo XX

Por: Ana Luisa Velandia Mora
E.G., L.E., M.A., Ph.D.

Preparado para una charla con los estudiantes de I Semestre del 2001

Tradicionalmente, se ha hablado en Colombia de cuatro roles funcionales de la enfermera: asistencia, administración, educación e investigación.

La asistencia se refiere a la atención a las personas, bien sea como individuos, como grupo, por ejemplo la familia o en comunidad.

La administración tiene que ver con la organización, dirección y control de las actividades y programas de enfermería, bien sea en un servicio de hospitalización, en un centro de salud o en una Institución Prestadora de Servicios de Salud, conforme a la Ley 100 de Seguridad Social.

La educación tiene que ver con las actividades de enseñanza tanto en la formación de auxiliares de enfermería como de profesionales.

La investigación se interesa por los procesos para el estudio de diferentes situaciones relacionadas con el ejercicio de la enfermería, las situaciones de los usuarios del cuidado de enfermería o la atención de salud a la población.

Sin embargo, yo considero que estas cuatro funciones se quedan cortas y en tal forma, encasillan al profesional de enfermería para su ejercicio profesional.


En mis estudios sobre el ejercicio profesional en el país, yo he identificado 8 perfiles ocupacionales típicos:

Cuidadoras: Enfermeras dedicadas a asistencia directa en instituciones de salud.

Maestras: Enfermeras dedicadas a la docencia en enfermería.

Administradoras: Enfermeras dedicadas a la administración de programas de salud o de instituciones.

Comunitarias: Enfermeras que desarrollan su trabajo directamente con y en comunidades.

Investigadoras: Enfermeras que descuellan por su producción científica.

Gremialistas: Enfermeras con intereses marcados en actividades organizativas del gremio.

Políticas: Enfermeras que han orientado su actividad a la participación en actividades políticas partidistas.

Ejercicio privado: Enfermeras que han orientado su trabajo hacia el ejercicio libre de la profesión.

Pero además, yo considero que la enfermera como persona, debe actuar en general como un ser humano integral, es decir creciendo como persona, participando activamente como ciudadana de este país y luchando como trabajadora.


Para mi estudio sobre la Historia de la Enfermería en Colombia, yo tomé los siguientes aspectos o variables, en los cuales es fácil ver la influencia del contexto económico, político y cultural de nuestro país en el desarrollo de la enfermería colombiana:

a) La evolución de conceptos y políticas en cuanto a las prácticas de salud, traducido ello en la prestación de servicios;

b) El sistema educativo, tanto general como de educación de la mujer, que ha influido mucho en la medida en que la enfermería continúa siendo ejercida en su mayoría, por mujeres;

c) El factor de desarrollo científico y tecnológico;

d) Aspectos legales relacionados con nuestra condición general de trabajadores y con el gremio en particular;

e) La relación con el extranjero, en un principio de afuera hacia adentro y, posteriormente, del país hacia el extranjero.


Bogotá, 22 de enero de 2001

miércoles, 22 de septiembre de 2010

El cuidado de enfermería como objeto de estudio

Conferencia Oficial en el Primer Congreso sobre Investigación en Enfermería. Puebla (México), Septiembre 18 y 19 de 2000

Por: ANA LUISA VELANDIA MORA
Enfermera General de la Cruz Roja
Licenciada en Ciencias de Enfermería
Magister en Administración de la Universidad Nacional de Colombia
Ph. D. Instituto de Medicina Sanitaria de San Petersburgo (Rusia)
Profesor Especial y Emérito, Universidad Nacional de Colombia

Resumen
Este trabajo se divide en cuatro partes: una primera parte de análisis teórico del cuidado de enfermería; una segunda parte de aplicación a la educación y la investigación, una tercera parte de análisis prospectivo y una cuarta parte de reflexiones.
La parte de análisis teórico estudia las interrelaciones entre disciplina y profesión, el pensamiento de enfermería y las implicaciones de este nuevo pensamiento.
La parte de aplicación analiza las tendencias en el cuidado de enfermería para luego plantear los cuidados de enfermería como objeto de enseñanza y como objeto de investigación. La parte de análisis prospectivo estudia el futuro e identidad de enfermería con base en el cuidado y en la cuarta parte se presentan las reflexiones finales de la autora.

Palabras claves: enfermería, cuidado, profesión, educación, investigación.

Interrelaciones disciplina – profesión

Considerando la definición de disciplina del Diccionario Oxford: como una rama de instrucción o educación, o como un departamento de aprendizaje del conocimiento (Donaldson y Crowley, 1978), podríamos decir que la enfermería si es una disciplina, ya que ella es una rama del conocimiento que se enseña en facultades o departamentos de universidades o instituciones de educación superior.

Pero para poder actuar con discernimiento, con criterio “profesional”, necesitamos una fuerte argumentación conceptual, trabajar sobre nuestro objeto epistémico, profundizar en las tres dimensiones, cuya comprensión es esencial para el estudio de nuestra identidad: el ser, el saber y el hacer.

El ser se refiere a nuestro Ethos, a su indagación filosófica, al humanismo que tiende a la comprensión de la sociedad en que vivimos; es la “actitud ante la vida o posición existencial dentro de la cual se debe desenvolver el desarrollo disciplinar y de servicios humanos.” (Trujillo, 1986).

El saber (conocer), tiene que ver con la claridad teórica y metodológica; con la disciplina, la cual se refiere al “campo científico en el que se investigan determinados aspectos de la realidad con el propósito de generar, utilizar y difundir el conocimiento.” (Trujillo, 1986).

El hacer (ó el quehacer), es el ejercicio profesional, que tiene su origen en la prestación de un servicio a la población. Este desempeño ha venido evolucionando simultáneamente con los componentes teóricos e investigativos que configuran una disciplina en desarrollo.

Un aspecto importante a considerar es el hecho de que enfermería tiene tanto aspectos científicos como aspectos afines con las artes; tal vez por ello, se la había considerado como una técnica, pero los esfuerzos que se están haciendo por profundizar en temas como la teoría del conocimiento y el producir teorías y tecnología de enfermería que den solución a los problemas del quehacer diario, nos constituyen en una disciplina profesional.

Al considerar a enfermería como una disciplina profesional, su conocimiento debe orientarse a dar sustento y respuesta a las necesidades de la práctica. Si los conocimientos que genera la disciplina no suplen las necesidades de la práctica no habrá un desarrollo coherente y que permita la evolución de la profesión. Sin embargo, la disciplina debe gobernar la práctica clínica en lugar de ser definida por ésta. (Donaldson y Crowley, 1978). Sin embargo, como veremos más adelante, otros consideran que la práctica prima y antecede a la teoría.

Es aquí donde se necesita tanto a la enfermera que crea la teoría como a la que se desempeña brindando directamente atención, ya que cada una desde su ámbito contribuye al desarrollo de enfermería. Como dice Jacobs (1978), “nadie puede pretender encarnar la totalidad de enfermería: ser practicantes y académicos a la vez, esto sólo se puede lograr colectivamente.”

Ya que el profesional de enfermería se mueve en un campo del conocimiento que le es propio, el cual combina las dimensiones disciplinarias y de prestación de servicios, contextualizadas de acuerdo a una visión humanista de la realidad; esto significa que debemos profundizar en los análisis filosóficos (u ontológicos), los epistemológicos, los metodológicos y los de aplicación práctica. (Velandia, 1995,c).

Un aspecto a considerar aquí, es la confusión que se ha tenido entre disciplina profesional y práctica profesional, puesto que la disciplina hace referencia al conocimiento aplicado en una rama específica del saber, y la práctica, es el desempeño, la técnica, es decir el quehacer.

La práctica soluciona problemas del aquí y el ahora del individuo al cual atiende, mientras que la disciplina es más amplia porque entrelaza el pasado, el presente y el futuro mediante un cuerpo de conocimientos que dan argumentos para el desempeño no sólo en el ámbito hospitalario, comunitario, gerencial, educativo e investigativo o en cualquier otro donde la enfermera busque desarrollar ese conocimiento.

La competencia profesional va más allá de lo que se requiere para dar cuidado de salud a un individuo, para la preparación de futuras practicantes y la conducción de investigación sistemática. La competencia comprende por parte del profesional el entender la sociedad con suficiente amplitud para que pueda colocar la práctica dentro de un contexto social y la necesidad de tener habilidades de liderazgo. (Donaldson y Crowley, 1978). Aquí es oportuno recordar la diferencia que planteó Gramsci (y que luego desarrolló Foucault), entre profesional e intelectual: el primero, el profesional, es quien asume una profesión como la forma de ganarse la vida; el segundo, el intelectual, es quien mira el mundo desde su profesión, y desde ella se compromete con el desarrollo de la sociedad.

De hecho, la profesión no es algo que la universidad confiere, ser profesional no tiene que ver sólo con las “credenciales”, ser profesionales es aceptar un compromiso y hacerlo de la mejor manera posible para defender los intereses del usuario de nuestros servicios.

Aquí, tal vez nos ayude la diferenciación entre el Técnico y el Profesional, que hiciera la Dra. Marsha Fowler en su intervención en el XII Coloquio Nacional de Investigación en Enfermería en Mayo de 1995 en Bucaramanga, en esa oportunidad, planteaba ella que “el compromiso del técnico es con el cargo que ocupa y, en cambio, el del profesional, es con su profesión”.

Es por ello, que venimos planteando la necesidad de pasar de la profesionalización al profesionalismo. Entendemos la profesionalización como “el fenómeno de reconocimiento social a las ocupaciones que han logrado o buscan un status profesional” (Rodger, citado por Velandia, 1995, a); y el profesionalismo como una de las formas institucionalizadas de control ocupacional, o como “actitudes profesionales” o atributos actitudinales, las principales de las cuales serían las siguientes: uso de la organización profesional como principal referente, creer en el servicio público, creer en la autorregulación, poseer un sentido de vocación y tener un sentido de autonomía. (Hall, citado por Velandia, 1995, c), (Velandia, 1999).

De tal manera, el profesionalismo tiene más que ver con el concepto de intelectual de Gramsci y de Foucault o con las ideas de desempeño laboral motivante, es decir en el cual se obtengan beneficios psicológicos y no sólo económicos, de Yankelovich (Citado por Velandia, 1995, c), y menos con indicadores de transformación de una ocupación en profesión aceptada socialmente como tal, aun cuando sus miembros no se sientan “realizados” a través de su desempeño. (Velandia, 1998).

- Un hecho que yo considero ha influido negativamente en la profesión, es el mito que nos acompañó hasta hace pocos años, de que tenemos que demostrar que somos ciencia (básica, pura); lo cual ha hecho menospreciar nuestra condición de profesionales, que es donde radica nuestra fortaleza.

Estoy de acuerdo con Donaldson y Crowley (1978), cuando dicen: “Los campos que enfatizan la investigación aplicada deberían llamarse más correctamente disciplinas aplicadas o ramas aplicadas de las disciplinas académicas, en lugar de llamarse disciplinas profesionales.” Y en esto coincido también con Talcott Parsons (1976), cuando habla de dos categorías primarias de profesiones: a) la erudición misma, investigación, fomento del saber, transmisión del conocimiento actualizado; y b) la rama aplicada del conocimiento a actividades prácticas, competencia técnica. Cada uno de estos dos grupos tiene intereses que le son propios; en la rama académica, prima lo cultural; mientras que en la rama aplicada, prima lo social.

La denominación de cada grupo la determinaría su ejercicio: a) los que ejercen la rama académica serían los científicos, encargados de institucionalizar las disciplinas a través del complejo universidad - academia; y los que ejercen la rama aplicada, es decir, la práctica de las disciplinas, serían los profesionales. Por consiguiente, el carácter científico o profesional está dado (más que por el área del conocimiento a que esté dedicado) que por el rol que desempeñe: académico o práctico. (Parsons, citado por Velandia, 1995, c).

Como todo, esto tiene relación con el contexto en tiempo y espacio en que se ha movido la profesión, especialmente a mediados del Siglo XIX cuando empieza realmente a profesionalizarse. Por ello, necesitamos revisar la forma como han venido evolucionando las concepciones sobre ciencia, tecnología, disciplina, profesión.

Si tenemos en cuenta que la clasificación actual de las ciencias se formalizó a mediados del Siglo XIX, cuando estaba en auge la investigación en ciencias naturales y sólo se consideraba como ciencia lo que hacían los científicos de la naturaleza: físicos, químicos, biólogos, y por consiguiente la investigación era experimental y cuantitativa; y que las profesiones, entendidas ahora como disciplinas aplicadas, sólo vinieron a desarrollarse en Europa luego de la revolución industrial y en América Latina luego de la primera guerra mundial y el desarrollo industrial que esto representó; es lógico entender que el desarrollo de una profesión, y especialmente de una profesión femenina no podía darse de manera fácil.

Las ciencias sociales sólo vienen a desarrollarse en el presente siglo y en América Latina luego de la segunda guerra mundial. El desarrollo de las ciencias sociales rompió la concepción de la ciencia como algo relacionado con las ciencias naturales, en donde la experimentación es base de la investigación y sólo son válidas las técnicas cuantitativas. (Velandia, 1998)

Sin embargo, como parece darse con los hechos negativos que yo he identificado en trabajos anteriores (Velandia, 1999), estos han venido transformándose en hechos positivos. En este caso, el desarrollo de las profesiones, coherente con el desarrollo tecnológico que hace presumir un auge del trabajo profesional a comienzos del Siglo XXI. Las ideas de Kuhn del desarrollo por cambios definitivos de paradigmas, están siendo reemplazadas por la idea de transformación constante, de acumulación del conocimiento. Las exigencias de la sociedad están más orientadas a la solución de los problemas concretos; lo cual tiene que ver con la profesión, una de cuyas características cruciales es la capacidad de diseño, es decir, de producir tecnología, de innovar; en últimas, de hacer puente entre la ciencia y la técnica, renovándola permanentemente de manera científica. (Velandia, 1996). El efecto tendrá que ser un trabajo más profesional, es decir más independiente, más sustentado en decisiones propias y oportunas; es decir un desarrollo de la profesión. (Velandia, 1999).

El pensamiento de enfermería

Con frecuencia se oye hablar del "pensamiento médico", sea para plantearlo en términos positivos, o para criticarlo. Sin embargo, en las ciencias de la salud, si bien "el pensamiento médico" es todavía hegemónico, no es el único.

Yo trataré de presentar a Uds. el pensamiento de enfermería, dicho en otros términos, comentar con Uds., cómo piensan las enfermeras acerca de la salud. (Velandia, 1997, c)

Este es un aspecto muy importante, ya que justamente lo que le da identidad profesional a la enfermera es el enfoque humanístico (holístico, le gusta llamarlo a algunas enfermeras), que imprime al cuidado que presta a la salud de los seres humanos.

Enfermería se ha descrito en numerosas oportunidades como una serie de tareas y técnicas (subordinadas a la medicina); como un servicio humano amplio, compasivo y de apoyo; como una vocación aprendida; y más recientemente, como "una disciplina del área de la salud y del comportamiento humano, que maneja el cuidado de la salud en el transcurso del proceso vital humano." (Durán de Villalobos, 1998, a).

Hay acuerdo sobre los cuatro conceptos centrales que soportan el desarrollo de la enfermería en lo disciplinar y en lo profesional. Estos cuatro conceptos han sido identificados como: hombre (persona atendida; cliente o usuario y enfermera), contexto (ambiente; del cliente y de la enfermera), salud (vida) y cuidado de enfermería (intervención, acción terapéutica).

Algunas enfermeras teoristas (como Martha Rogers) señalan que es imposible separar a la persona de su contexto porque en conjunto forman una unidad, totalmente indivisible. Y en general, hoy se puede decir, que enfermería ya acordó que el sujeto de estudio de la disciplina es el ser humano en unidad con su ambiente, lo cual flexibilizó el concepto de desarrollo teórico derivado de la estrategia: investigación / teoría.

Es importante hacer notar que "la conceptualización que hizo Florence Nightingale del ambiente, como esencia de la atención de enfermería, y su advertencia a las enfermeras sobre la necesidad de no concentrarse en el proceso de la enfermedad, son los intentos más tempranos de diferenciar el enfoque teórico de enfermería del enfoque teórico médico." (Nightingale, pag. 100).

Y al analizar la conceptualización "moderna" de la enfermería, uno se pone de acuerdo con Toulmin, cuando dice: "Las ideas regentes en un momento dado del desarrollo de las ciencias sociales en el Siglo XX, tienden a mostrar más semejanzas con aquellas aparecidas con uno o dos siglos de anterioridad, que con aquellas de la generación previamente anterior."

Es necesario hacer notar la influencia negativa que sobre la enfermería tuvo el paradigma médico, el cual se interesa en las ideas relacionadas con el fenómeno médico: signos, síntomas, cirugía, medicamentos, enfermedad. El paradigma médico influyó en que gran parte de la valoración inicial de enfermería, la cual fue ensamblada a partir de la identificación de problemas médicos y teniendo como elemento de apoyo las fallas o disfunciones de los sistemas corporales (cardiaco, respiratorio).

De la misma manera, gran parte de la valoración de enfermería fue inicialmente organizada a partir de la identificación de problemas médicos y teniendo como elemento de apoyo las fallas o las disfunciones de los sistemas corporales. Y así mismo, gran parte de la intervención de enfermería se presenta como complementaria o de ayuda a la intervención médica; y en términos generales las intervenciones y tratamientos de enfermería estaban enfocados a medidas para reducir la incomodidad causada por la patología y el tratamiento médico. (Durán de Villalobos, 1998, a).

Esto también tuvo una influencia muy grande en la construcción de los currícula de enfermería, que hasta hace poco estaban orientados hacia la atención de "pacientes" con determinados diagnósticos o tratamientos "curativos" de corte médico: medicina interna, cirugía, ginecología y obstetricia, pediatría, psiquiatría, es decir de enfermos. De esto también hablaremos más adelante.



Implicaciones de este nuevo pensamiento

La investigación guiada por la orientación empírica, lineal y causal ha venido guiando la indagación de enfermería; no obstante, desde hace algún tiempo se plantean proposiciones muy importantes con relación a hechos tales como: la interacción materno - infantil, el autocuidado, el moribundo, el cuidado, la cronicidad, las relaciones transpersonales, la experiencia de la salud, etc., que no por estar en proceso de construcción son menos trascendentales para el desarrollo de nuevos marcos conceptuales y teorías que guíen la investigación en enfermería. (Gotner, 1980; Watson, 1988; Strickland y Waltz, 1990; Newman, 1995, citados por Durán de Villalobos, 1998, a).

La evolución de la ciencia de enfermería probablemente no ha seguido la evolución tradicional de las ciencias básicas y de otras disciplinas profesionales, conforme a lo que postulan los filósofos de la ciencia.

Entre otras cosas, porque la enfermería actúa en un sistema abierto y como tal debe responder a las demandas de la sociedad. Las acciones de enfermería y de sus usuarios (o clientes) están enmarcadas y modeladas por su ambiente social; por lo tanto, son modificables y cambiantes de acuerdo con las exigencias del contexto.

Albert considera que el desarrollo de una disciplina científica no es sólo producto de los presupuestos internos de su objeto ni el precipitado natural, espontáneo y súbito de una sistematización de los enunciados internos o de las representaciones de los fenómenos que estudia. Antes que eso, es siempre, o casi siempre, también el producto de una historia y de una práctica profesional.

El mismo Albert en el Prólogo al libro de Juana Hernández (1995) Historia de la Enfermería. Un análisis histórico de los cuidados de enfermería; dice: “La naturaleza disciplinar se caracteriza, ante todo, por la existencia de un núcleo conceptual. El conjunto de conocimientos que configuran este núcleo puede surgir de muy diversas formas. En unos casos, la propia naturaleza y organización de los conocimientos establecen el estatuto epistemológico de las ciencias básicas. En ese caso, es la propia naturaleza del conocimiento y su organización lógica la que se impone con evidencia como ciencia.

En otros casos, en cambio, como suele ocurrir en las disciplinas aplicadas, técnicas o prácticas, el proceso de configuración científica procede de una manera determinada en gran medida por factores históricos y sociales. Tal es el caso de las profesiones como la enfermería, que habiendo tenido un origen práctico y asistemático, han ido organizándose a través de los siglos como una actividad o profesión altamente estructurada, con un amplio campo de conocimientos específicos pertinentes a esa práctica, una metodología precisa y definida, y un objeto, material y formal, perfectamente identificable.

De tal manera, una disciplina como ciencia debe pensarse y construirse desde a historia, desde la práctica profesional, desde la filosofía de la ciencia, desde la historia comparada de las ciencias. (citado por Hernández, 1995).

Enfermería tolera varios enfoques conceptuales y la apertura de posibilidades de utilización de metodologías cualitativas, generadoras de teoría y de metodologías cuantitativas probadoras de la misma, y esto facilita el avance del desarrollo de la ciencia de enfermería. Es así como las investigadoras de enfermería incursionan por aquellas sendas de la ciencia que aseguren la coherencia y el soporte filosófico adecuado al cuestionamiento científico. (Durán de Villalobos, 1998, b).

Sin embargo, la preocupación por la rigurosidad cuantitativa de los años sesenta y setenta, ha dado paso al renacimiento del sentido y la percepción de las experiencias y la aceptación de diseños alternos de investigación tales como la etnografía, la teoría fundamentada (o fundada) y la fenomenología, entre otros.

Enfermería, de alguna manera, logró en medio de vicisitudes, sustentar una concepción integral del sujeto de estudio, lo cual le ha permitido capitalizar para la disciplina profesional, riqueza y complejidad; sin separar totalmente la teoría de la práctica y mantener, a pesar de sus detractores, contacto cercano con el "arte de enfermería".

Esta concepción debe conservarse, sin importar cual sea el soporte filosófico que sustente el desarrollo científico y la investigación; así no habrá dicotomías entre la ciencia y el arte de enfermería, la profesión en sí misma y la disciplina, el hacer y el saber, el cuidado y la curación, la práctica y la teoría, lo subjetivo y lo objetivo, la mente y el cuerpo, lo ontológico y lo epistemológico.

La forma restringida del enfoque teórico positivista no es compatible con la filosofía de la enfermería, o al menos por la que la mayoría de enfermeras abogan. El reduccionismo, la causalidad, el mecanicismo, la miniconcentración y objetividad, están en franca contraposición con la conceptualización de enfermería que se caracteriza por la integralidad, el holismo, lo trascendente, lo contextual y lo ecológico con relación al ser humano.

Para muchos autores el fantasma de la visión tradicional ha detenido el avance de la ciencia de enfermería. Como resultado muchos aspectos holísticos de enfermería se han ignorado porque no son reducibles, cuantificables u objetivos. Los problemas mirados desde el punto de vista positivista se reducen a tal punto, que elementos fundamentales del entorno son despreciados y así se minimizan factores trascendentales. (Durán de Villalobos, 1998, a).


Tendencias en el cuidado

El Grupo Académico de Cuidado de la Facultad de Enfermería de la Universidad Nacional de Colombia, plantea las siguientes diferencias entre la Enfermera anterior y la Enfermera actual y del futuro.

La Enfermera anterior se caracteriza por que es:

- Una enfermera que se dirige a una acción particular y concreta para dar cuidado a su paciente a través de soluciones simples para problemas unicausales.

- Una enfermera que se reconoce a sí misma como poseedora de conocimiento y por tanto superior en el área de cuidado frente a su paciente.

- Un paciente que es visto con componentes biológicos, sociales y espirituales que lo integran.

- Pocos estudios propios de enfermería y siempre cuantitativos y positivistas.


La enfermera actual y del futuro, se caracteriza por ser:

- Una enfermera que acepta la reciprocidad y reconoce la multicausalidad de las situaciones de salud.

- Una enfermera que ve seres holísticos y se ve ella como parte de la comprensión de esa totalidad.

- Una enfermera que reconoce al otro y a sí misma como ser activo y trascendente.

- Una enfermera que ha reconocido el valor de la investigación y que acepta el valor complementario de abordajes cualitativos y cuantitativos para retroalimentar la práctica de enfermería basada en el cuidado. (U. N., 1998).


Los cuidados de enfermería como objeto de enseñanza

En la ponencia enviada al 6º. Congreso Latinoamericano y 8º. Mundial de Medicina Social que tuvo lugar en Guadalajara (México), yo presentaba la modalidad de enseñanza de la enfermería en la Universidad Nacional de Colombia como un ejemplo de formación de los profesionales de la salud, orientada hacia el sujeto de atención y no hacia su problema médico. (Velandia, 1995, a)

El Plan de estudios de la Carrera de Enfermería en la Universidad Nacional de Colombia, que rige desde 1992; establece como objeto de Estudio de la Profesión de Enfermería, el cuidado de enfermería del ser humano, desde la concepción hasta la muerte, dentro del proceso salud - enfermedad.

Coherentemente, el objetivo del programa es formar un (a) enfermero(a) que esté en capacidad de dar cuidado integral de enfermería a la persona en su propio contexto familiar y grupal, dentro del perfil epidemiológico prevalente en la región y con énfasis en procesos comunitarios en salud (U.N., 1994).

Por su parte, el Proceso salud - enfermedad se conceptualizó de la siguiente forma: “Fenómeno dinámico inherente al proceso vital humano, entendido como la relación vida - muerte, determinado por la interacción sociedad - individuo y caracterizado por desgastes y recursos que atentan o contribuyen a la integralidad humana”.

El Proceso Pedagógico de formación del recurso profesional de enfermería se desarrolla a través de experiencias articuladas y progresivas de profesores y estudiantes, que se fundamentan en esta conceptualización; priorizando la humanización del cuidado, el pensamiento crítico y la autonomía para aprender. (U.N., 1992).

Este nuevo plan de estudios se caracteriza por los siguientes aspectos:
• El plan de estudios se aborda a partir de sujetos de atención a través del ciclo vital, alejándose así del modelo médico - biológico como eje organizador, que ha sido tradicional en la formación de profesionales de salud.
• Adopta el Proceso vital Humano como modelo explicativo, del proceso salud - enfermedad por tanto asume al individuo integralmente y el cuidado de enfermería está dirigido a la salud y la enfermedad en el continuo vida - muerte, dentro de una dinámica de desarrollo de potencialidades y desgastes.
• El programa se orienta a la atención de los individuos centrados en la familia como grupo de apoyo y en grupos de individuos o colectivos en procesos específicos (grupos epidemiológicos).
• Se fomenta el acercamiento del estudiante a problemas particulares de salud de cierta complejidad (a través de las líneas de profundización), contribuyendo así a crear opciones diferentes de desempeño profesional.
• La relación profesor - alumno se caracteriza por la autonomía y el pensamiento crítico con miras a favorecer la capacidad de autoformación e incidir en el desarrollo de la profesión. (U.N., 1992 y Gómez, 1992, citados por Velandia, 1995, a)


Los cuidados de enfermería como objeto de investigación

Si bien no debe caber duda de la importancia que tiene la objetividad en la historia, no debe dejarse de lado considerar el papel que juega la participación subjetiva de los hombres para erigir algunos acontecimientos y circunstancias en hechos históricos, que de otra manera seguramente habrían pasado desapercibidos. La historia que se haga de cualquier disciplina humana debiera tener siempre presente esto, y deshacerse de la ingenua pretensión de que su producto es una diáfana y verdadera presentación de lo que algún acontecimiento haya significado. (Cardona, 1995), (Velandia, 1997, a)

En el campo de la Historia de las Ciencias y la Tecnología puede encontrarse una gama de posiciones que van desde una perspectiva epistemológica internalista hasta las de un enfoque sociológico externalista, pasando por lo que en Colombia y en varios países latinoamericanos se ha denominado Historia Social de las Ciencias, como una alternativa para integrar las perspectivas enfrentadas.

La perspectiva internalista trabaja sobre la construcción de un tipo de saberes y de práctica, analizando los cambios teóricos y metodológicos que sustentan esos saberes y prácticas de una disciplina o profesión (Colliére, 1993), (Hernández, 1995); la perspectiva externalista utiliza categorías de la sociología de las profesiones para organizar la información y establecer relaciones, para entender e incluso arriesgar explicaciones sobre las transformaciones que ocurren en el momento dado y en un contexto determinado. (Velandia, 1995, b)

En enfermería, desde comienzos de la década de los 90’s podemos sentir un llamado a la historia internalista. Según Manuel Esteban Albert, en el Prólogo a Juana Hernández (1995). La enfermería cuenta ya no, con unas prácticas asistemáticas y ocasionales, sino con una historia de los cuidados de enfermería. El proceso habitual se desarrolla mediante una dinámica que parte de una práctica y una ejercitación ocasional ante necesidades sociales perentorias. Luego, el proceso de organización y desarrollo institucional constituyen su historia, y finalmente, la sistematización de conocimientos y métodos nos sitúa ante una disciplina científica. Y “ninguna disciplina renuncia a su historia por momentos difíciles y negros que pueda haber atravesado”.

Resulta todavía más exacta esta afirmación cuanto más práctica es la profesión historiada. Hasta el punto que algunas de las profesiones que han llegado a constituirse como disciplinas con un cuerpo teórico propio no pueden reconocerse epistemológicamente sin el sentido de su historia como profesión. (Velandia, 2000)

Marie Françoise Colliére (1993), sobre este punto aporta: “La clave de la evolución de la profesión parece estar en aclarar la evolución de los cuidados de enfermería, no trazando un perfil de lo que es, lo que debe ser o en lo que se debe convertir la (el) enfermera… sino identificando la naturaleza, la razón de ser, el significado, la valoración social y económica de la prestación profesional que se ofrece a los necesitados de cuidados”.

Pero para afirmar nuestra identidad, en el sentido de “discurso profesional”, es decir la plasmación a través del lenguaje de todas aquellas características que dan a nuestra profesión una entidad específica y única, diferenciándola de cualquier otra (Alberdi), hay necesidad de profundizar en esa característica única.

Parece que hay unanimidad entre los enfermeros en considerar que nos diferenciamos y que nuestro aporte se hace único, porque somos la profesión que ha convertido el cuidado en su función fundamental, o sea, en la razón última que justifica todas sus actividades y tareas. (Alberdi)

Meleis sugiere que el concepto de cuidado de enfermería es tal, que engloba los demás conceptos presentados. (Durán de Villalobos, 1998, a).

Benner hace mucho énfasis en la primacía de la práctica sobre la teoría. La práctica existente es la primera fuente de ideas de enfermería y dentro de este contexto el receptor del cuidado de enfermería y el cuidado mismo, inspiraron la teoría. (Benner, 1987)

La meta final del desarrollo teórico de enfermería es el desarrollo de teorías que guíen el cuidado de enfermería que se brinda a los pacientes. Varios modelos y conceptualizaciones teóricas hacen referencia a este aspecto terapéutico dentro de sus desarrollos: el uso de la empatía, la estimulación por tacto (toque terapéutico), el rol suplementario, la manipulación de los estímulos residuales, focales y contextuales, por ejemplo (Durán de Villalobos, 1998, c), Villarraga, 1999.


Futuro e identidad de enfermería con base en el cuidado

En una conferencia inicial en un Encuentro Nacional de Estudiantes de Enfermería en Colombia, yo planteaba los siguientes Retos hacia el futuro, para nuestra profesión:

- Hacer presencia en los espacios donde se toman las decisiones.

- Superar espacios tradicionales de desempeño profesional; hacer presencia en los escenarios de la vida cotidiana.

- Rescatar prácticas históricamente acumuladas (justamente el cuidado)

- Salir del feminismo a ultranza – apoyar asociaciones.

- Autoimagen positiva de la profesión.

- Ampliar programas de postgrado, especialmente en modalidades "no presenciales”.

- Investigación sobre práctica de enfermería. (Y de esto ya hemos hablado bastante en esta presentación).

- Patrones de Clasificación Internacional de la Práctica de Enfermería. (CIPE)

- Intervención “inteligente”.

- Bioética y ética de la justicia social.

- Manejo de conflictos y obtención de consensos.

- Modelos teóricos “contextualizados”. (Chompré, 1997, adaptado y complementado para el caso colombiano por Velandia, 1997, b)




Reflexiones finales

- Con demasiada frecuencia se escuchan protestas sobre la baja imagen social de la enfermera; yo desde hace más de diez años, tal vez desde cuando me adentré de manera sistemática en el análisis sociohistórico de la profesión de enfermería, vengo planteando que hay necesidad de partir del hecho de tener una buena autoimagen. ( Ya que: “Nadie es capaz de hacer más, de lo que se cree capaz de hacer”).

Curtin (1982) habla de que tenemos un balance decente. Yo, después de más de diez años de investigación permanente sobre nuestra historia, tengo la misma impresión acerca de la profesión. Mostramos muchos indicadores de profesionalización (si eso es lo que nos interesa) que sería dispendioso mencionar: formación académica, asociaciones, publicaciones, reglamentación.

Habla también Curtin de una tradición orgullosa, y también la tenemos. De ello hablan las enfermeras latinoamericanas que han descollado a escala nacional e internacional por su práctica altamente profesional, por sus cargos en organizaciones gremiales, por sus cargos en instituciones de salud, de educación, y en general relacionadas con el bienestar de las personas.

Realmente, quisiera oír hablar menos de los problemas de la enfermería y más de sus bondades… y lo mismo esperan nuestros estudiantes.

- Por otra parte, me parece que el circunscribir el quehacer profesional a las cuatro áreas de desempeño que tradicionalmente hemos considerado: asistencia, administración, docencia e investigación; reduce el campo de acción de los profesionales de enfermería, es decir, limita su quehacer, y de tal manera va en contra de uno de los principios para el desarrollo profesional: la pluralidad de roles. (Restrepo, 1982), (Velandia, 1995, c)

En mi concepto personal, la enfermera tiene responsabilidades en tres campos de acción unidos en forma inextricable: su desempeño profesional como en enfermera, su condición de trabajador de la salud y sus deberes y derechos como ciudadana. (Velandia, 1985), (Velandia, 1995,c).

Yo considero además, que para comprometerse con la profesión, la enfermera no puede quedarse en el marco estrecho de su quehacer profesional, de su área de desempeño, de las funciones que cumple; si no que necesariamente tiene que ir más allá; su compromiso no podrá ser sólo con su grupo profesional, sino también con el usuario y, en general, con la sociedad. (Velandia, 1985).

- Tenemos que dejar nuestro afán compulsivo por demostrar que somos ciencia; ciencia sí, pero no una ciencia pura, sino una ciencia aplicada. Esto ha hecho menospreciar nuestra condición de profesionales, que es donde radica nuestra fortaleza, y por lo tanto nuestra identidad.

Esto implica otra perspectiva de análisis de la profesión, el profesionalismo. El profesionalismo tiene más que ver con el concepto de “intelectual” de Gramsci y Foucault, o con las ideas sobre el desempeño laboral de Yankelovich, y menos con indicadores de transformación de una ocupación en profesión, es decir, indicadores de profesionalización.

Vale decir, debemos trabajar más por nosotros mismos, por nuestra satisfacción personal y la de los usuarios de nuestros servicios; preocuparnos más por la calidad del cuidado que brindamos que por el status de la profesión, él vendrá como un efecto de nuestro profesionalismo.

El Siglo XX fue el siglo de la Profesionalización de las Enfermeras, el Siglo XXI deberá ser el Siglo del Profesionalismo de la Enfermería.

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