Este blog tiene como objetivo compartir intervenciones en eventos académicos que no han sido publicadas antes a texto completo, reflexiones de la autora sobre temas relacionados con la historia y la sociología de enfermería y publicaciones en revistas que todavía no son accesibles en Internet.

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martes, 31 de mayo de 2016

Historia de la Enfermería en Colombia. 2° Edición, 2016. PRÓLOGO


HISTORIA DE LA ENFERMERÍA EN COLOMBIA

2° Edición Revisada y Complementada

Editorial Universidad Nacional de Colombia

Bogotá, Abril de 2016

PRÓLOGO

Hace ya más de un decenio leí la Historia de la enfermería en Colombia de Ana Luisa Velandia, y desde entonces no he dejado de recomendarla por ser quizá la mejor investigación sobre la historia de la institucionalización universitaria de una profesión en Colombia. No es frecuente encontrar en el país reflexiones históricas sobre disciplinas y profesiones, menos estar frente a una obra escrita en un estilo ágil y ameno tanto para neófitos como para especialistas.

Ahora, con grata sorpresa, puedo decir que a partir de la lectura de esta nueva edición, las concepciones de la enfermería y de su profesionalización son más renovadas por la profundidad en el tratamiento de algunos temas y la ampliación de otros, pero sobre todo por la riqueza descriptiva del hacer profesional. Si la mejor práctica es la realización de un fin pensado con principios de abstracción y universalidad, sin descontar la ética, el servicio y la vocación, este libro muestra la tensión entre la práctica y la reflexión de una profesión y disciplina como la enfermería que ha tenido que abrirse paso en el amplio y especializado campo de las ciencias de la salud.

La obra es el resultado de una experiencia y reflexión cultivadas con paciencia. Lo primero que llama la atención es el anclaje teórico de esta obra: el desenvolvimiento profesional de la enfermería no corresponde sólo a la atención del enfermo sino a al cuidado de la persona. Desde este enfoque, una historia de la enfermería debería plantearse cinco interrogantes básicos: el cómo, dónde, cuándo, por qué y para qué de las prácticas del cuidado.

Llama también la atención en este libro el diálogo teórico y metodológico interdisciplinario y transdisciplinario. Bien señala Ana Luisa Velandia que profesión es, en esencia, lo que se profesa, porque se cree en un saber y se promueve la enseñanza, aprendizaje y formación de este saber. En el caso de la enfermería, las manifestaciones del cuidado son el acumulado de experiencias de ensayo y error, más una heurística propia, teórica y metódica, de dicha práctica. Si bien el cuidado permite una reflexión de saber y conocimiento específico, su dimensión analítica y práctica es condición esencial, ontológica, de ahí que la palabra cuidado debe ser entendida en esa característica bifronte del lenguaje que muestra y oculta, y que incluso puede llegar a substituirse indefinidamente en la palabra que nombra. En esta condición, la taxonomía objetiva de la enunciación cuidado debe ser reconocida en un campo de categorías y relaciones compartidas por las comunidades de investigación. En otras palabras, debe buscar las invariantes de la traducción compartidas por una comunidad o las diferencias, tal como advierte Thomas S. Khun en su libro ¿Qué son las revoluciones científicas? Y otros ensayos. Empresa, por demás, que puede caer en el prurito de la teoría y entorpecer el mismo ejercicio cognoscitivo, de la misma manera que la obsesión por la gramática –nos recuerda Félix Ovejero Lucas en La quimera fértil: el despropósito de la teoría de la historia– entorpece las actuaciones del habla.


Ahora bien, en este diálogo con las categorías de Thomas S. Kuhn para el estudio de la historia de las ciencias, es posible decir que en la obra de Ana Luisa Velandia se reconoce tanto un análisis internalista como externalista de la profesión y la disciplina de la enfermería, especialmente para Latinoamérica y Colombia, en un arco de tiempo cronológico desde el siglo XVI hasta la actualidad. El libro muestra cómo la enfermería dejó de ser un arte practicado por comunidades religiosas hasta constituirse en una profesión y ciencia con una fuerte influencia política y social en la primera década del siglo XXI. Por supuesto, este largo proceso de consolidación de la enfermería ha debido sortear un sinnúmero de dificultades, principalmente el hecho de ser reconocida como una ciencia. Es importante destacar que en Colombia se perfeccionó y acogió el legado del arte de la enfermería desde la llegada de los trasterrados ibéricos, muy a pesar del olvido y colonización del saber de las tradiciones preventivas y curativas de los nativos. No obstante, y como el lector lo podrá constatar a lo largo de los capítulos de esta obra, la importancia del legado y la tradición en sus ejes femenino, religioso, militar y étnico han constituido una profesión y disciplina con múltiples diálogos culturales, entre ellos el nativo y afro.

Es muy destacable en el libro el análisis teoría-práctica y las  interacciones con la vocación femenina para ejercer el oficio y rol de la enfermería, y cómo este compromiso se ha trasformado. En la Edad Media serían las comunidades religiosas, tanto femeninas como masculinas, las encargadas del cuidado de enfermo, pero también se destacan algunas escuelas de medicina como la famosa Escuela Médica de Salerno del siglo XI, encargada de la preparación teórica de las comadronas. Durante el medioevo la enseñanza de la enfermería  se limitó al ámbito de lo privado,  pasándose los conocimientos de madres a hijas, y cuando se realizó en lugares institucionales no existió una transmisión sistemática y escrita de los conocimientos.  En la cultura católica occidental, la enfermería en lugar de  responder a una necesidad social,  estuvo  supeditada a visiones teológicas como lo “caritativo”. Una profesión debe  generar una identidad propia y no quedar supeditada a otros saberes, tampoco a ideologías. De tal modo que para encontrar la profesionalización y disciplina de la enfermería hay que recurrir a la historia, cuando lo caritativo fue dejado de lado y surgió la enfermería como una necesidad social, un “momento enfermero” o, mejor, “un momento de la enfermería”

El momento de la enfermería surgió en el siglo XIX bajo unas circunstancias determinadas: la revolución industrial, la urbanización, las guerras emprendidas por los Estados nación europeos –que hicieron de la profesión una necesidad social–, y por un personaje que no puede dejar de mencionarse: Florence Nightingale (1820-1910), la primera mujer en fijar los cánones de la profesión y disciplina de la enfermería en su libro Notas de Enfermería  (1859). 

Florence Nightingale orientó la enfermería  en los hechos observables y promovió un saber laico, profesional, religioso y pseudomilitar. Lo más esencial de este legado fue la orientación de la disciplina en el enfermo y no en la enfermedad, y la preocupación porque la enfermería se centrara en los aspectos de prevención y fomento de la salud.  Pero la profesionalización sólo se alcanza cuando los conocimientos y prácticas se sistematizan e institucionalizan, para ello fue necesario que la enfermería conquistara la institucionalización y cátedra universitaria.

Si la enfermería como profesión y ciencia permitió que la mujer adquiriera un espacio laboral, sin contar la filiación religiosa, específicamente desde la aparición de Florence Nightingale, no se puede desconocer que tal reconocimiento también está precedido de valerosas luchas y conquistas laborales y de un rol que debió superar el prejuicio de relacionar mujeres enfermeras con hospitales, más por un “designio divino” que por un compromiso y vocación profesional. Si bien es importante el papel desempeñado por diferentes congregaciones religiosas en el oficio y rol profesional, la enfermería adquirió una identidad profesional en la universidad y la academia con el fin de dirigir el saber hacia la curación y el cuidado de la persona.

La tesis más relevante de esta nueva edición de la Historia de la enfermería en Colombia es el análisis ampliado de la consolidación profesional y disciplinaria. Profesionalizar una disciplina es construir una identidad profesional tanto para los sujetos como para las instituciones. La profesionalización de los cuidados de enfermería se delimita, en un primer momento, en relación a un ethos profesional e investigativo de la enfermería desde un propósito reflexivo, crítico, comunicativo, responsable y comprometido con lo que se hace, sabe y comparte; segundo, en referencia a unas tareas compartidas con las ciencias de la salud; tercero, en el reconocimiento jurídico exigido para diferenciar la práctica de otras aplicaciones; cuarto, en los fines de la enseñanza y aprendizaje sistemáticos y con unos conceptos establecidos impartidos en la universidad; y quinto, en las asociaciones profesionales que velan por el bienestar y promoción del cuidado.  

Este proceder en la Historia de la enfermería en Colombia de Ana Luisa Velandia  muy bien podría aplicarse en otras profesiones y disciplinas, no sólo de las ciencias de la salud sino de las ciencias sociales. Empero, la profesionalización de una disciplina no sólo se delimita en función del establecimiento de un campo particular de conocimiento, también en la manera como los conocimientos interactúan con la sociedad. Profesionalizar es construir una autoridad científica y cultural, es decir, que la disciplina, primero, obtenga una legitimidad social y se ocupe de tareas específicas      –pues posee los conocimientos necesarios y reconocidos para ello– y, segundo, que adquiera una autoridad cultural, en la medida que los argumentos, en este caso sobre el cuidado y bienestar de una población, sean asumidos con criterios de certeza.

Un acierto más de esta obra de Ana Luisa Velandia son los análisis desde una retrospectiva histórica para entender por qué la enfermería, pese a su profesionalización, continúa siendo  una actividad realizada especialmente por mujeres, y cómo y por qué su práctica ha estado subordinada a la medicina. Si bien, como ya se ha señalado, en la profesión clerical está la matriz histórica de la cual se desprenden todas las profesiones modernas, en el caso de la enfermería, como se ha enfatizado, sólo después de Florence Nightingale el oficio dejó de asumirse como una práctica e idea propiamente de arte para constituirse como una práctica y reflexión teórica y metódica, y no porque la enfermería hubiese sido incapaz de pensarse a sí misma hasta antes del siglo XIX, sino porque el concepto moderno de profesión, unido a un desarrollo tecnológico (aplicación cultura de la técnica) y en un estrecho contacto con los desarrollos científicos, únicamente alcanzó validez con la Revolución Industrial, que hizo de la productividad el fin en sí mismo y de la técnica el medio para llegar a éste. De ahí que durante el siglo XIX hasta bien entrado el XX la técnica haría dependiente a la enfermería de la enfermedad y de la medicina, hasta el punto que en lugar de darse un acercamiento entre profesión y ciencia se dio un acercamiento entre profesión y oficio; a la enfermería se le indujo a utilizar cada vez más los instrumentos con el propósito de hacer válida una función social en la regresión progresiva de la morbidez y de la mortalidad provocadas por las enfermedades epidémicas y el proceso creciente de la concentración urbana e industrial.

Este matrimonio de la profesión con la disciplina, entendido como la familiaridad con un cuerpo abstracto de conocimientos en un lenguaje común, y con el oficio, entendido como las habilidades prácticas que surgen de la rutina y el disciplinamiento, en el caso de la enfermería debe estudiarse en el contexto del tránsito del siglo XVIII al XIX y luego al XX, en el cual el sentido de progreso afirmó su dimensión, más que en la industrialización, en la liberación del hombre de la suciedad, de la enfermedad. La primera experiencia de decencia humana que pudo experimentar una familia de escasas condiciones económicas con la ropa interior de algodón y el jabón se constituyeron en símbolos de aplicaciones técnicas de un valor nunca antes conocido. Los primeros signos de dignificación humana que debieron experimentar los habitantes de una ciudad fueron los acueductos, las letrinas y el higienismo, en general, del espacio urbano.

En este periodo de tránsito no de sólo la enfermería sino de otras profesiones modernas hubo un gran acercamiento con los oficios que mejoraban  técnicas,  y con éstas la aplicación social. Así, nos recuerda Jacob Bronowsky en El ascenso del hombre que “es probable que las camas de armazón de hierro salvasen a más mujeres de la fiebre de parto que el maletín negro del médico, que, en sí mismo, constituía una innovación medica”. Juana Hernández Conesa en su Historia de la Enfermería: un análisis histórico de los cuidados de enfermería, también nos advierte que el arte de curar vio consagrado su prestigio frente al arte de cuidar que quedó relevado, durante más de un siglo, a tareas (oficios) de los avances de la cirugía, la obstetricia, el higienismo, entre otros.

Esta identificación de la enfermería con la técnica y el enfermo, derivada de los avances de la medicina, hizo que su desarrollo profesional se fuera identificando cada vez con el rol, es decir, con la expresión de la función pero no con el contenido mismo de la función. De manera que a partir del rol moral (mujer condenada, mujer consagrada) con el cual se había identificado a la enfermería hasta el proceso de su institucionalización en los siglos XIX y XX, sobrevino un segundo momento de identificación con el rol técnico (división del cuerpo enfermo y saturación del tiempo) y el rol auxiliar del médico (instrumentos de exploración o diagnostico médico e instrumentos de curación o tratamiento que intervienen en la terapéutica).

Pero además del rol, la filiación religiosa-matrilineal y médico-patrilineal hizo que la identidad de la enfermería como profesión se hiciera más compleja de aprehender, pese a que su función social exigiera rigurosidad científica y que su desenvolvimiento práctico y de conocimientos metódicos desempeñasen un papel importante en la salud, especialmente en una etapa histórica de tránsito entre los siglo XVIII y XX, como se ha dicho, en la cual por primera vez se podía traducir el significado del tan fomentado progreso social en términos de una mayor cobertura de cuidados y de servicios de salubridad pública nunca antes conocidos por amplios sectores de la sociedad.

Paradójicamente esta posibilidad de experimentar el progreso en las ciencias de la salud permitió también asistir a un nuevo espacio de la experiencia que se identificaba con las formas de la percepción del cuerpo, pese a la fragmentación, y de la mirada específica de los contenidos visibles. Acota Michel Foucault en El nacimiento de la clínica: una arqueología de la mirada médica que este encuentro posibilitó, por primera vez, una experiencia clínica en la cual el objeto del discurso racional llegó a ser un sujeto, sin que las figuras de la objetividad fuesen modificadas.

Sin embargo, seria la racionalidad instrumental la que primaría sobre la mirada de una racionalidad científica más amplia, que derivó hacia un proceso de institucionalización profesionalizante en continua fragmentación y masificación. Esta es la situación de la mayoría de las profesiones modernas. La enfermería hoy debe propender por desmarcarse de la subordinación médica, adquirir su propio sello de formación profesional, adoptar la imagen de marca de la investigación (y defenderla con gritos de guerra, si es necesario) y ocupar un mercado laboral –infortunadamente reconocido en nuestro país como de “penuria”–, que le permita afirmar “un renovado momento profesional de la enfermería” cuyo fin sea el cuidado y el servicio.

¿Pero cómo pasar de esta identidad profesional de la enfermería, construida a partir del rol moral y el rol técnico a una nueva afirmada por el servicio que presta a la población, esto es, los cuidados de enfermería que permiten que la vida continúe y se reproduzca? Es claro que este cuestionamiento debe promover una reflexión más allá del rol hacia la construcción científica y disciplinaria de la enfermería, sin descuidar las condiciones históricas, como bien Ana Luisa Velandia lo argumenta y explica en esta obra de contenido histórico y de crítica profesional.


Desde la Ley 100 en Colombia, la trasformación del Instituto de Seguro Social y la aparición de las EPS han llevado a que las ciencias de la salud sean vistas como un negocio y, por consiguiente, sea notorio el deterioro y la deshumanización de profesiones que deberían velar por niños, jóvenes, adultos y ancianos. Es necesario que la enfermería retorne a la vocación esencial de cuidar, incluso en la casa misma del paciente, sobre la premisa esencial: el cuidado de la persona en las diferentes etapas de la vida.

Actualmente en Colombia es normal encontrar a las egresadas y  egresados profesionales de enfermería –más mujeres que hombres– desempeñando cargos en la administración y el rol curativo que les alejan de la investigación y la academia. Es por esto que Ana Luis Velandia, desde una experiencia y reflexión acumuladas, llama la atención en su libro para “trabajar más por nosotros mismos, por nuestra satisfacción personal y la de los usuarios de nuestros servicios; preocuparnos más por la calidad del cuidado que brindamos que por el estatus de la profesión… Él vendrá como un efecto de nuestro profesionalismo”.



Álvaro Acevedo Tarazona
Escuela de Historia
Universidad Industrial de Santander
Bucaramanga, octubre de 2011





jueves, 7 de octubre de 2010

Tres campos de acción de la enfermera: como profesional, como trabajadora y como ciudadana

Por: Ana Luisa Velandia de Varela, E. G., L. E., M. A., Ph. D.

Publicado en: Revista ANEC, (Bogotá). ISSN: 0124-6003. Año XVI, No. 44, Bogotá, Julio - Diciembre, 1985. Pág. 23 y siguientes.

INTRODUCCION

Nelly Garzón Alarcón, (1) Ex presidenta de nuestra Asociación y ahora nueva Presidenta del CIE, analizaba el hecho de que diferentes grupos de enfermeras, así como médicos, administradores de salud, otros profesionales y los mismos pacientes, mantienen puntos de vista diferentes y en ocasiones conflictivos sobre lo qué debe ser el papel de la enfermera cuando se define el status profesional.
Para algunos la enfermería es una profesión con plena madurez, en el sentido estricto de la palabra, por lo tanto, es autónoma, se auto dirige y tiene claras sus perspectivas. Para otros la enfermería continua siendo un servicio personal que ofrece la enfermera al paciente, bajo la inmediata supervisión del médico.
Por otra parte, la imagen tradicionalista representada en el tipo de enfermera movida por una idea, una mística, una vocación; la imagen reconocida y venerada por la sociedad en la persona de Florence Nightingale. Su foco principal es el paciente como un individuo, con una personalidad y necesidades específicas. Frente a esta imagen tradicional de la enfermera en un constante movimiento para lograr una mayor y mejor preparación académica formal, con una clara tendencia a la especialización.
Surgen otras formas contradictorias en la imagen de la enfermera: Aquella que la califica en el papel de "ser útil" y aquella que la ubica en el papel "de compromiso". La primera se motiva en términos de metas que no trascienden sus necesidades particulares.
EI rol de su trabajo se inicia con el día y termina al entregar el turno. Esta imagen surge del conocimiento vago y simplista de la enfermera del pasado para realizar estrictamente un trabajo y se libra de los componentes que relacionan su propia actividad con elementos mayores y de más trascendencia personal y profesional.
EI papel "de compromiso" une a dos metas de la educación profesional: La educación para el crecimiento personal y la educación para la responsabilidad de hoy y de mañana, para la verdadera contribución social de la profesión, la educación tanto para la propia realización del individuo como para prestar servicios de alta calidad.
Aquí vale la pena ampliar esta idea, citando el punto referente a la enfermera y la sociedad del Código de Conceptos Éticos del CIE (1973) que establece que: "La enfermera comparte con otros ciudadanos la responsabilidad por iniciativas y acciones tendientes a satisfacer las exigencias sanitarias y sociales de la colectividad".
En mi concepto personal, la enfermera tiene responsabilidades en tres campos de inextricable: Su ejercicio profesional como enfermera, su condición de trabajador de la salud y sus deberes y derechos como ciudadano.
Trataré de analizar cada uno de ellos, inicialmente en el contexto de la enfermera individual mente y posteriormente lo que en mi concepto, está haciendo en este orden de ideas, la Asociación Nacional de Enfermeras de Colombia.

EL EJERCICIO PROFESIONAL DE LA ENFERMERA

Visto desde un ángulo general, se puede decir que todo profesional (y entre ellos la enfermera), tiene tres aéreas de desempeño profesional: EI área técnico-profesional (que en enfermería con frecuencia, reducimos a la llamada área "clínica"); el área funcional que en el caso de enfermería, corresponde a su función como enfermera docente o administradora de servicios o programas, y el área de investigación, que debe desarrollar sea trabajando en el subsistema de educación o en el de servicios y la cual para que sea útil deberá desarrollarse en función de mejorar el área técnico-profesional es decir, en nuestro caso, la prestación de los servicios de enfermería, dentro del contexto de los programas de salud a los cuales contribuye.
De ahí, que tradicionalmente se hayan identificado cuatro roles como las áreas básicas del desempeño del profesional de enfermería: EI Asistencial, el Docente, el Administrativo y el de Investigación. Sobre este punto no me detengo, teniendo en cuenta que es el campo de acción de la enfermera que más se ha trabajado. No queriendo con ello decir, que ya está agotado el tema.
Consuelo Gómez Serrano (2), Ex presidenta Nacional de ANEC, al respecto plantea: "Debemos utilizar nuestra libertad profesional, en la definición de nuestro campo de trabajo, en la construcción de nuestros conocimientos y tecnología y en la determinación de nuestra filosofía profesional. Para lograr estas metas, se sugieren las siguientes tareas: Definición del perfil profesional de la enfermera, continuar trabajando por la legislación de la profesión, diseñar normas para la prestación de servicios de enfermería, utilizar la estrategia de las negociaciones colectivas de trabajo; desarrollar los proyectos en forma interinstitucional y con participación de grupos de estudiantes de enfermería".

LA CONDICION DE "TRABAJADOR" DE LA ENFERMERA

Marilyn Darlene Monroy y Judith Mary Hibberd (3), plantean que muchas enfermeras han tenido dificultades para conciliar los valores subyacentes de profesionalismo y sindicalismo. Los valores profesionales generalmente hacen hincapié en el individualismo, la independencia, la habilidad, la autorregulación y el servicio a los clientes.
EI sindicalismo, por otra parte, pone de relieve la normativización, la igualdad, los objetivos económicos, la solidaridad y la seguridad de sus miembros. Además, durante años el concepto de sindicalismo se ha asociado con los trabajadores manuales, a pesar del considerable desarrollo del sindicalismo de los trabajadores profesionales en los últimos años.
Existe, entonces, la imperiosa necesidad de que las enfermeras se preparen en el campo de las relaciones laborales.
Las enfermeras capacitadas podrán asumir cargos directivos en los organismos negociadores y dirigir el proceso de negociaciones colectivas en forma que mejoren las condiciones económicas y sociales de las enfermeras y se ponga de relieve la profesión de enfermarla.
Catherine M. Hall (4), Secretaria General del Colegio Real de Enfermería del Reino Unido, considera que los miembros de una profesión no pueden fomentar solos, sus condiciones económicas y sociales. Esto sólo puede lograrse a través de una organización en cuyo seno los miembros de la profesión se han reunido, permitiéndole así que hable por ellos y que actúe en su nombre. EI tipo de planteamiento descrito correspondería en muchos países a un programa de relaciones laborales porque implica la promoción de los intereses de los miembros de una profesión y la regulación de las relaciones entre los miembros de la misma como trabajadores y sus patronos.
Aun cuando, todavía hay asociaciones de enfermeras que consideran que el profesionalismo y la participación directa en las relaciones laborales no son compatible; sin embargo, a través de los arios se puede apreciar que ha habido un cambio de actitud entre las asociaciones miembros del CIE en cuanto a su papel en el ámbito de las condiciones económicas y sociales.
Pero a qué se debió este cambio de actitud? Catherine M. Hall considera que este cambio regía en gran medida los cambios en la sociedad; el grado en que los profesionales han pasado a ser empleados, el crecimiento del sindicalismo entre los trabajadores profesionales y el desarrollo de la negociación colectiva de trabajo en lo que corresponde a los trabajadores profesionales, de los cuales una gran cantidad son hoy, en muchos países del globo, "personas empleadas".
Si la asociación considera que para hacer progresar la profesión y lograr normas elevadas en el ejercicio de la enfermería es necesario participar en la fijación del salario y de las condiciones de trabajo de las enfermeras y en la protección de los intereses de sus miembros como "trabajadores" profesionales que son, entonces su meta será lograr el reconocimiento del estatuto de sindicato.
Cada vez que una asociación de enfermeras puede incorporar a sus funciones la representación y la protección de sus miembros como trabajadores, la misma tiene la responsabilidad de hacerlo, incluso si ello significa la adopción de la condición de sindicato.
Sin embargo, y teniendo en cuenta que en general las asociaciones nacionales de enfermeras, tradicionalmente se han interesado mas por la actuación profesional de la enfermera ante el paciente, y que la mayoría de las asociaciones nacionales miembros del CIE, todavía no tienen el carácter de sindicato, deseo aquí llamar especialmente la atención sobre la importancia de la sindicalización profesional, citando algunos apartes del discurso del Abogado Yesid Triana (5) en la Asamblea constitutiva de la Federación Nacional de Sindicatos de Profesionales Universitarios de Colombia - FEDEPROCOL, efectuada el 4 de Marzo de 1966.
"La sindicalización es un imperativo de la época que vivimos. Para que el hombre contemporáneo pueda realizarse plenamente, ser trascendente y llegue a convertirse en actor de su propio destino, forzosamente debe unirse con sus semejantes, asociarse con sus compañeros de profesión, trabajo u oficio. Esta nueva actitud ante la vida Ie abre un campo ilimitado y Ies garantiza libertad e igualdad de oportunidades para la realización concreta de sus aspiraciones".
Esta experiencia de agremiación sindical profesional en Fedeprocol, que fue muy positiva en su momento, no tuvo sin embargo, una duración muy larga. Sin embargo, posteriormente los hechos demostraron la bondad de tal iniciativa, ya que en Colombia, existen dos tipos de legislación laboral: una está estatuida por el Código Sustantivo del Trabajo que supuestamente cubre a todos los trabajadores del país y otra, surgida de una legislación anacrónica y dispersa, aplicada a los servidores del Estado, que cercena sus derechos de organización, negociación colectiva y huelga.
EI sustento de esta legislación "especial" para los trabajadores del sector estatal, que los coloca en calidad de trabajadores de segunda categoría, radica en su condición de prestadores de un servicio público, concepto que a través de una serie de reglamentaciones laborales, hoy en día constituye todo lo divino y lo humano que puede ir en perjuicio de la burguesía como propietaria de los medios de producción (incluso la Banca, por ejemplo). Siendo las enfermeras, en un gran porcentaje, empleadas en el Sistema Nacional de Salud y de todas maneras como trabajadoras de la salud, prestadoras de un servicio público, en cuanto este ha sido clasificado como tal por la legislación laboral colombiana, se ven permanentemente afectadas en sus intereses sindicales.
Un hecho que agudizó la precaria situación existente fue la reforma del sistema de salud colombiano que convirtió al Instituto de Seguridad Social en un hibrido, desde el punto de vista laboral y rompió el régimen de negociación colectiva que los diferentes sindicatos (entre ellos el de enfermeras) venían desarrollando. Esto trajo como consecuencia, la realización en 1976, de un paro nacional de protesta de los trabajadores de este Instituto y puso en evidencia la necesidad de acciones unificadas.
Para los trabajadores de la salud sometidos a la dispersión del movimiento sindical, la negociación de pliegos era realmente una lucha anárquica e insular. A partir de 1976 las experiencias asimiladas fueron forjando la convicción de la necesidad de la unidad y la organización, con el objeto de constituir una fuerza capaz de enfrentar las continuas arremetidas desde distintos sectores contra el movimiento sindical en el sector de la salud. Los dos Encuentros de Trabajadores de la Salud previos a la constitución de la Federación Nacional de Trabajadores de la Salud, permitieron adoptar una serie de principios y objetivos que contribuyeron a acuerdos en numerosas organizaciones. Con base en estos principios y objetivos se reunieron en la ciudad de Medellín durante los días 10 a 12 de Noviembre de 1983, veinticuatro organizaciones del sector salud y crearon la Federación Nacional de Trabajadores de la Salud y Seguridad Social de Colombia -FENTRASALUD.
Entre las Asociaciones de carácter laboral que conforman esta Federación, se cuentan entre otros los sindicatos de enfermeras, médicos, auxiliares de enfermería, odontólogos y trabajadores del Ministerio de Salud.
Como sus objetivos inmediatos se han establecido en primera instancia: la coordinación y unificación de pliegos, la lucha por el Estatuto del Trabajador de la Salud, la conquista del pleno derecho de negociación y contratación colectiva, la solidaridad con el resto del movimiento obrero, y desde luego, la búsqueda incansable del fortalecimiento y ampliación de la Federación como elemento aglutinador de todos los trabajadores de la Salud de Colombia.
Este importante paso dado por los trabajadores de la salud se enmarca dentro del contexto general de la lucha obrera del pueblo colombiano yes expresión del avance de las aspiraciones de unidad del movimiento sindical de nuestro país.

DEBERES Y DERECHOS DE LA ENFERMERA COMO "CIUDADANA"

No es difícil encontrar documentos en los que se hable de la "doble" función de las Asociaciones de Enfermeras, como sociedades de profesionales, orientadas al desarrollo profesional de sus miembros; y como sindicatos, interesados en promover los intereses socioeconómicos de sus afiliados. No obstante, con demasiada frecuencia, se olvida la condición de la enfermera como "ciudadana" como miembro de una sociedad, como "intelectual" comprometida con su sociedad, y por ende la labor que en tal sentido, su asociación de enfermeras como ente organizativo que la debe representar en todas sus facetas, debe desarrollar.
Nelly Garzón Alarcón (1) al analizar la proyección de las funciones de la enfermera, presenta algunas tendencias que se perfilan en el campo de trabajo o aéreas de competencia de la enfermera, entre ellas:
1. Fortalecimiento del componente social de la práctica de enfermería. Ahora y en el futuro, no puede perderse de vista el contexto social de la práctica, pues a pesar de predominar hoy un servicio medicamente orientado, los problemas de salud son la consecuencia de problemas de carácter socioeconómico que afectan la calidad de vida de las personas. La enfermería deberá orientar su práctica en tal forma que contribuya mas efectivamente a disminuir las diferencias entre la atención de salud que reciben quienes tienen la capacidad económica para pagarlos y aquellos que no la tienen, es decir, los pobres que aun no tienen acceso a la atención de salud, aun cuando se reconoce que la salud es un derecho de todo ser humano.
2. En esta década de los 80 y en el futuro, es urgente la participación de la enfermera en la vida política del país. Buscar mecanismos para lograr su participación en los niveles de toma de decisiones que afectan la salud, la educación, el bienestar y en general, la calidad de vida de las personas.
Conroy y Hibberd, (3), consideran que "en vista de la magnitud e importancia de la enfermería, como grupo profesional del sistema de asistencia sanitaria, es indispensable que las enfermeras den a conocer su propia posición sobre cuestiones importantes relativas a la atención de salud. Por ejemplo, en lo que a recursos de personal y políticas de inmigración se refiere, asesorar a los encargados de establecer normas de actuación, en cuanto a la transcendencia de una nueva legislación y de cambios propuestos sobre la política de servicios de enfermería y de las oportunidades de empleo de las enfermeras.
La actividad política, ya sea por una organización o un individuo, debe planificarse y dirigirse de modo que sea eficaz. Debe organizarse un sistema de intercambio para que las ideas y sugerencias de miembros de la organización en diversos lugares puedan estudiarse y coordinarse, a fin de que todos se expresen unánimemente. Se puede causar un mayor impacto si las organizaciones de enfermeras aúnan sus esfuerzos para preparar informes o documentos en los que la organización expone su posición, ya sea entre ellas mismas o en cooperación con otras organizaciones laborales y asociaciones profesionales”.
"La actual perspectiva histórica plantea acertadamente Constance Holeran (7) es importante para examinar las condiciones sociales y económicas de las enfermeras. En casi todos los países, la mayoría del personal de enfermería son mujeres y como tales, se ven muy afectadas por la posición que ocupa la mujer en la sociedad. En algunos países, están surgiendo rápidamente oportunidades sociales, económicas y de acceso a la educación. En otros, por el contrario, están perdiendo campo de acción. Todos estos factores deben tenerse en cuenta cuando se habla de adoptar medidas para mejorar las condiciones de las enfermeras, ya que "Ia sociedad en que se hallen las enfermeras, afectará a cualquier método utilizado, estrategia elaborada y rapidez de acción".
Para las enfermeras es importante participar en la mayor medida posible en el proceso de toma de decisiones en su país. Ello puede ser en calidad de actividades públicas voluntarias, asesoras de un funcionario elegido o en calidad de funcionarias elegidas o nombradas.
La manera en que las enfermeras participen en el proceso político de un país, estará estrechamente relacionada con la índole de la estructura política del mismo. En algunos países los grupos no pueden reunirse por ningún motivo sin la aprobación del Gobierno. Sin embargo, hay muchos países donde las enfermeras participan o donde podrían participar más directamente en las elecciones y en las cuestiones que son el centro de atención de las campañas electorales. Las enfermeras pueden incluso, lanzar su candidatura para ocupar un cargo. Hay varios casos de enfermeras elegidas para el Parlamento Nacional entre ellas en Japón, Corea y Jamaica. Algunas enfermeras han lIegado a ser Ministros de Salud en Suecia, Liberia, Nigeria y Angola, y esperamos que ocurra lo mismo en otros países. En otros países como Canadá y Colombia, entre los casas que conocemos, algunas enfermeras han lIegado a ocupar altos cargos en el Sistema de Salud.
Ello significa que si las enfermeras de cualquier país están unidas, pueden constituir una fuerza política verdaderamente positiva, no solo para mejorar sus condiciones de trabajo y sus oportunidades profesionales, sino contribuir decisivamente en el mejoramiento del nivel de salud de la población.

Comentarios Finales
EI Consejo de Representantes Nacionales, Organismo de Gobierno del CIE, en su reunión de Junio de 1983 en Brasilia, hizo un lIamado a la participación de las enfermeras en los organismos superiores de toma de decisiones a nivel nacional. El CIE y las Asociaciones Nacionales de Enfermeras estimulan igualmente a las Escuelas de enfermería a utilizar al máximo los programas de formación de enfermería, a fin de resaltar la necesidad de:
- Un compromiso profesional.
- Una participación activa en la vida cívica.
- EI reconocimiento de la ética profesional (entendida como el respeto por los valores morales de la sociedad y no, como el cumplimiento de preceptos religiosos).
- EI respeto de los derechos humanos.
- Formar enfermeras en la necesidad de:
- Formar parte de la evolución social, profesional y técnica de enfermería.
- Pertenecer a un cuerpo profesional autónomo y responsable.
- Reconocer su nivel de responsabilidad cualquiera que sea su sector de actividad y su función.
En mi concepto, la educación superior debe tender más que a producir profesionales, a formar intelectuales, utilizando el concepto de lo que para FoucauIt el intelectual: "Aquel que hace uso de su saber, de su competencia, de su relación con la verdad, en el orden de las luchas políticas".
Pero, la composición de la intelectualidad no se define como clasista, ya que, "Ia intelectualidad jamás ha sido ni puede ser una clase especial, no es homogénea desde el punto de vista de clase, ya que se forma con elementos de distintas clases y sirve a las distintas clases". (8)
La definición de la "organicidad", o sea hacia quien se inclina el intelectual, tiene que ver con su extracción y compromiso social y al no ser homogénea, presenta distintos tipos de actuar. (9)
Si el médico, (la enfermera, el odontólogo), es "orgánico" a la clase dominante, oscurecerá la esencia social de la enfermedad. Si, por el contrario, define su posición comprometida con las penalidades del pueblo, con las necesidades de salud de la población, esto significa que está con la clase oprimida.
Henry Sigerist (10), plantea que para entender correctamente un nuevo avance científico, debemos estudiarlo dentro del marco de la civilización general de ese periodo en todos los aspectos: económico, social, literario, artístico, etc., ya que, por ejemplo, las experiencias en el estudio de la anatomía nos demuestran que el progreso científico solo puede ocurrir en una atmosfera determinada, que sigue las tendencias generales de la época; y es obvio que las condiciones económicas y sociales reinantes, tienen una fuerte influencia sobre el desarrollo de la ciencia, sea actuando como estímulo e incentivo, o como un factor retardatario.
La historia de la ciencia puede enseñarnos mucho; con demasiada frecuencia en nuestras escuelas es enseñada de modo dogmatico y sin relación con su marco cultural. Se transmite a los estudiantes un campo de conocimiento simplificado y cuidadosamente dirigido, que ellos aceptan como cosa natural. La educación forma especialistas (a veces eficientes), pero a menudo muy poco o nada educados fuera de su especialidad.
Sin embargo, si deseamos formar un ciudadano capaz de pensar científicamente y un profesional, mejor aún, un intelectual, preparado para participar en la acción social, tenemos que mejorar nuestros métodos de enseñanza, Una manera de lograrlo, y muy promisoria, es enfocar la ciencia, no sólo técnicamente, sino también histórica, filosófica y sociológicamente. Estoy diciendo, entonces, que debemos estudiar historia, economía política, sociología.
EI mismo Sigerist (10), en una conferencia a estudiantes les hacia estas brillantes consideraciones, que hoy siguen siendo tremendamente validas:
“Cualquiera que sea el futuro, la vida de nuestra generación no será fácil. Tenemos que aceptarlo como un hecho; y después de todo 'pasarlo bien' es el ideal de un animal pero no un ideal humano. Lo que cuenta en la vida es ser capaz de realizar un trabajo creador, de entregar parte de uno mismo para mejorar el mundo.
En su forma actual, la medicina es 'un servicio vendido por el médico (y/o la enfermera) y comprado por el enfermo. Tiene pues, un definido aspecto económico y debe encajar dentro de un sistema económico. ¿Cómo podemos discutir cualquiera de estos hechos, si no conocemos elementos de economía política?. Los mecanismos de producción que son los salarios y ¿Qué es lo que determina la riqueza y la pobreza de una sociedad?
Sin economía política no es posible comprender la historia, sea general o de la medicina. Finalmente, tampoco es posible desinteresarse de la sociología.
No olvidemos que la medicina (no entendida como profesión, sino como cuerpo de conocimientos), después de todo, es una ciencia social, ya que la tarea del médico (y de cualquier trabajador de la salud) es mantener a su congénere humano socialmente adaptado o readaptado, según el caso.
Sin embargo, el problema que debemos resolver hoy no es principalmente médico sino antes que nada social. Recuerdo (continua Sigerist), que una vez en Alemania, preguntaron a un colega profesor en mi presencia: si era nazi o socialista. y su respuesta fue: "Yo soy un físico". No podemos propiciar tal indiferencia política. Política es todo en la vida y también en el campo medico. Pero no es suficiente interpretar el mundo, hay que cambiarlo para mejorarlo. Si las condiciones médicas no son satisfactorias, ellas deben ser modificadas, en beneficio de la salud del pueblo. Estamos luchando para mejorar la salud del pueblo y tenemos conocimientos reales y efectivos para prevenir y curar gran número de enfermedades y para salvar a muchas personas de una muerte prematura. Pero la aplicación integral de nuestros conocimientos depende mucho más del estadista que de nosotros; conocemos muy bien, por ejemplo, la tremenda importancia que tiene el problema habitacional para la salud, pero todo lo que podemos hacer es señalar el hecho. La solución efectiva es política.
En relación con esto, Luis Carlos Pérez en su introducción al libro de Guillermo Fergusson (11), decía: "En nuestro mundo todas las relaciones sociales son políticas. Todo lo que se estudia es para servir una política", Y al caracterizar al autor, anotaba: "Sabia que todas las actividades humanas son expresiones de una conducta estatal o gubernamental, y que cuando no se acciona contra su penetración silenciosa, se participa de su parcialidad así como de sus arbitrarios oficialismos y despóticas voces de mando".
Por su parte, Fernando Lefevre al hablar de la fabricación de una realidad didáctica análoga y un proyecto de sociedad futura (12), se pregunta: "¿Qué hace la didáctica reformista? y responde: Muestra al mundo tal como es, para que siga siendo lo que es. Y ¿qué debe hacer la didáctica progresista? Mostrar al mundo tal como puede ser, para que sea otra cosa distinta de lo que es".
Finalmente, considero que las perspectivas de los organismos nacionales e internacionales de enfermería dependen de las actividades que desarrollen teniendo en cuenta a la profesional de enfermería en sus tres campos de acción: como Enfermera, como Trabajadora y como Ciudadana.
1. VII Congreso Nacional de Enfermeras. Pasto, (Colombia). Mayo-1980. Discurso de la Presidenta de ANEC.
2. Aspectos y Tendencias en el Ejercicio Actual de la Profesión de Enfermería. Revista "Avances de Enfermería". Año I, Vol. 2 de 1983.
3. "Esferas de Cooperación y de Conflicto entre las Enfermeras y los Organismos Negociadores". En: Cooperación y Conflicto. CIE, 1983.
4. "Profesionalismo y Condiciones sociales y Económicas". En: Y Conmigo Que pasa? CIE, 1981. 5. Revista ANEC No.3. Octubre-Diciembre, 1966.
6. "Proyección de las Funciones de la Enfermera". Revista Avances de Enfermería. Vol. I, No. I. Septiembre-Diciembre, 1982. 3. OP. Cit.
7. "Labor en los Gobiernos". En: Cooperación y Conflicto: CIE, 1983.
8. Fundamentos de Filosofía Marxista Leninista. Moscú. Academia de Ciencias de la URSS. Pág. 112
9. Antonio Gramsci. La Formación de los Intelectuales. México. Editorial Grijalbo, 1967.
10. "Ciencia e Historia". En: Historia y sociología de la Medicina-Selecciones. Editor Gustavo Molina. Bogotá, 1974
10. "Los Estudiantes de Medicina y los Problemas Sociales que Confronta la Medicina de Hoy". ibíd.
11. Guillermo Fergusson. Esquema Crítico de la Medicina en Colombia. Bogotá: CIEC, 1979.
12. Fernando Lefevre "Fabricación de una Realidad Didáctica Análoga a un Proyecto de sociedad Futura". Rev., Educación Médica y Salud. Vol. 17, No.4, 1983. Págs. 461-465.

sábado, 18 de septiembre de 2010

La Enfermería como un campo de reflexión desde la perspectiva teórica

Por: Ana Luisa Velandia Mora
E. G., L. E., M. A., Ph. D.
Profesor Titular y Emérito
Universidad Nacional de Colombia

X Encuentro Nacional de Estudiantes de Enfermería
Bucaramanga, Agosto 15 a 18 de 1997


Reflexión teórica acerca del objeto; ser, saber y quehacer de la enfermería.

Una ciencia fáctica particular, tal como la bioquímica o la historia social, se caracteriza por tener los siguientes componentes: una comunidad de investigadores, una sociedad que apoya o al menos tolera su actividad, dominio o universo de un discurso, una concepción general o filosófica, un fondo formal o sistema hipotético - deductivo, un fondo específico (colección de datos, hipótesis, teorías y métodos, obtenidos en las ciencias y tecnologías relacionadas), una problemática, un fondo de conocimiento acumulado (histórico), objetivos, una metódica, componentes cambiantes (dinámica), y parientes próximas. (Bunge, 1985)

Por otra parte, considerando la definición que el Diccionario Oxford da de disciplina, como una rama de instrucción o educación, un departamento de aprendizaje del conocimiento (Donaldson y Crowley, 1978), podríamos decir que la enfermería si es una disciplina, ya que ella es una rama del conocimiento que se enseña en facultades o departamentos de universidades o instituciones de educación superior.

Pero para poder actuar con discernimiento, con criterio “profesional”, necesitamos una fuerte argumentación conceptual, trabajar sobre nuestro objeto epistémico, profundizar en las tres dimensiones, cuya comprensión es esencial para el estudio de nuestra identidad: el ser, el saber y el hacer.

El ser se refiere a nuestro Ethos, a su indagación filosófica, al humanismo que tiende a la comprensión de la sociedad en que vivimos; es la “actitud ante la vida o posición existencial dentro de la cual se debe desenvolver el desarrollo disciplinar y de servicios humanos.” (Trujillo, 1986).

El saber (conocer), tiene que ver con la claridad teórica y metodológica; con la disciplina, la cual se refiere al “campo científico en el que se investigan determinados aspectos de la realidad con el propósito de generar, utilizar y difundir el conocimiento.” (Trujillo, 1986).

El hacer (el quehacer), es el ejercicio profesional, que tiene su origen en la prestación de un servicio a la población. Este desempeño ha venido evolucionando simultáneamente con los componentes teóricos e investigativos que configuran una disciplina en desarrollo.

Un aspecto importante a considerar es el hecho de que enfermería tiene tanto aspectos científicos como aspectos afines con las artes; tal vez por ello, se la había considerado como una técnica, pero los esfuerzos que se están haciendo por profundizar en temas como la teoría del conocimiento y el producir teorías y tecnología de enfermería que den solución a los problemas del quehacer diario, nos constituyen en una disciplina profesional.

Al considerar a enfermería como una disciplina profesional su conocimiento debe orientarse a dar sustento y respuesta a las necesidades de la práctica. Si los conocimientos que genera la disciplina no suplen las necesidades de la práctica no habrá un desarrollo coherente y que permita la evolución de la profesión. Sin embargo, la disciplina debe gobernar la práctica clínica en lugar de ser definida por ésta. (Donaldson y Crowley, 1978).

Es aquí donde se necesita tanto a la enfermera que crea la teoría como a la que se desempeña brindando directamente atención, ya que cada una desde su ámbito contribuye al desarrollo de enfermería. Como dice Jacobs (1978), “nadie puede pretender encarnar la totalidad de enfermería: ser practicantes y académicos a la vez, esto sólo se puede lograr colectivamente.”

Ya que el profesional de enfermería se mueve en un campo del conocimiento que le es propio, el cual combina las dimensiones disciplinarias y de prestación de servicios, contextualizadas de acuerdo a una visión humanista de la realidad; esto significa que debemos profundizar en los análisis filosóficos (ontológicos), epistemológicos, metodológicos y de aplicación práctica. (Velandia, 1995,c).

Un aspecto a considerar aquí, es la confusión que se ha tenido entre disciplina profesional y práctica profesional, puesto que la disciplina hace referencia al conocimiento aplicado en una rama específica del saber, y la práctica , es el desempeño y la técnica, es decir el quehacer.

La práctica soluciona problemas del aquí y el ahora del individuo al cual atiende, mientras que la disciplina es más amplia porque entrelaza el pasado, el presente y el futuro mediante un cuerpo de conocimientos que dan argumentos para el desempeño no sólo en el ámbito hospitalario, comunitario, gerencial, educativo e investigativo o en cualquier otro donde la enfermera busque desarrollar ese conocimiento.

La competencia profesional va más allá de lo que se requiere para dar cuidado de salud a un individuo, para la preparación de futuras practicantes y la conducción de investigación sistemática. La competencia comprende por parte del profesional el entender la sociedad con suficiente amplitud para que pueda colocar la práctica dentro de un contexto social y la necesidad de tener habilidades de liderazgo. (Donaldson y Crowley, 1978).

Aquí es oportuno recordar la diferencia que planteó Gramsci (y que luego desarrolló Foucault), entre profesional e intelectual: el primero, el profesional, es quien asume una profesión como la forma de ganarse la vida; el segundo, el intelectual, es quien mira el mundo desde su profesión, y desde ella se compromete con el desarrollo de la sociedad.

Y yo considero que para comprometerse con la profesión, la enfermera no puede quedarse en el marco estrecho de su quehacer profesional, de su área de desempeño, de las funciones que cumple; sino que necesariamente tiene que ir más allá; su compromiso no podrá ser sólo con su grupo profesional, sino también con el usuario de sus servicios y, en general, con la sociedad. (Velandia, 1985)

De hecho, la profesión no es algo que la universidad confiere, ser profesional no tiene que ver sólo con las “credenciales”, ser profesionales es aceptar un compromiso y hacerlo de la mejor manera posible para defender los intereses del usuario de nuestros servicios.

Aquí, tal vez nos ayude la diferenciación entre el Técnico y el Profesional, que hiciera la Dra. Marsha Fowler en su intervención en el XII Coloquio Nacional de Investigación en Enfermería en Mayo de 1995 en Bucaramanga, en esa oportunidad, planteaba ella que el compromiso del técnico es con el cargo que ocupa y el del profesional, lo es con su profesión.

Es por ello, que hoy estamos planteando la necesidad de pasar de la profesionalización al profesionalismo. Entendemos la profesionalización como “el fenómeno de reconocimiento social a las ocupaciones que han logrado o buscan un status profesional” (Rodger, citado por Velandia, 1995, a); y el profesionalismo como una de las formas institucionalizadas de control ocupacional, o como actitudes profesionales o atributos actitudinales, las principales de las cuales serían las siguientes: uso de la organización profesional como principal referente, creer en el servicio público, creer en la autorregulación, poseer un sentido de vocación y tener un sentido de autonomía. (Hall, citado por Velandia, 1995, c).

De tal manera, el profesionalismo tiene más que ver con el concepto de intelectual de Gramsci y de Foucault o con las ideas de desempeño laboral motivante, es decir en el cual se obtengan beneficios psicológicos y no sólo económicos, de Yankelovich (Citado por Velandia, 1995, c), y menos con indicadores de transformación de una ocupación en profesión aceptada socialmente como tal, aun cuando sus miembros no se sientan “realizados” a través de su desempeño.

Esto implica también hacer una historia tanto externalista como internalista de nuestra profesión. La perspectiva externalista o de enfoque sociológico, utiliza categorías de la sociología de las profesiones para organizar la información y establecer relaciones, para entender e incluso arriesgar explicaciones sobre las transformaciones que ocurren en el momento dado y en un contexto determinado. La perspectiva internalista o epistemológica, trabaja sobre la construcción de un tipo de saberes y de práctica, analizando los cambios teóricos y metodológicos que sustentan esos saberes y prácticas de una disciplina o profesión. (Velandia, 1997,a).

Algunos autores se han manifestado últimamente al respecto. Obregón (1993), dice: “En América Latina hacer una historia de los conceptos de las diversas ciencias referida a su construcción y atendiendo a la lógica interna de las teorías resulta impropio, dadas nuestras condiciones. Esta posición metodológica es lo que los historiadores anglosajones de las ciencias han señalado con el nombre de historia internalista. Tampoco se trata de llegar al extremo de hacer una historia externalista, es decir, una historia que señale el contexto económico, social y político del desarrollo de las ciencias (o de las profesiones), pero que olvide el objeto mismo de la historia social de las ciencias, sin tocar para nada el contenido.

Emilio Quevedo entra a terciar en la discusión, y tratando de dirimir este conflicto (COLCIENCIAS, 1993: 220 -222), plantea: “Trabajar en el problema de la construcción de un objeto de estudio es comprender el proceso social de la constitución de modelos explicativos de una realidad. Dicho problema tiene que ser abordado por un equipo multidiscipinario y profesional, en el cual el profesional historiador de la disciplina o profesión que va a ser estudiada debe desempeñar un papel central, pero necesariamente apoyado por los profesionales de las ciencias sociales, para poder encontrar la coherencia entre cada uno de estos problemas y superar así la polémica entre externalismo e internalismo que tiene bloqueado el futuro de diversas disciplinas.” (El subrayado es nuestro.)

Para mí, la historia de la profesionalización de la enfermería tendría más que ver con el enfoque sociológico o perspectiva externalista; y la historia del profesionalismo de la enfermera, se relaciona más con una mirada epistemológica a la evolución de la profesión. (Velandia, 1997,a).


Herencias recibidas por la enfermería colombiana e influencias del contexto.

El análisis de los antecedentes históricos de la profesión de enfermería en Colombia, me permitió establecer cuatro herencias recibidas por tradición:

- La herencia religiosa, es mundial y para algunos la enfermería nació cuando enfermeras seglares fueron ocupando los puestos que la disminución de las congregaciones religiosas fueron dejando vacíos.

- La herencia femenina es muy profunda. Con la llegada en 1873 de las primeras enfermeras religiosas francesas, se cristaliza la influencia femenina en la profesión. La primera carrera que pudieron seguir las mujeres colombianas en la universidad fue la enfermería.

- La herencia militar. La participación de enfermeras colombianas en la Guerra de los Mil Días, posteriormente en la Guerra con el Perú, la creación de la Escuela de Enfermeras de la Cruz Roja, el primer grupo de enfermeras que recibió el grado de Tenientes del Ejército, denotan la influencia militar en la enfermería colombiana.

- Las herencias etnográficas en América Latina tienen mucho peso. En Colombia se inicia con los saberes médicos de los grupos nativos, continúa con la influencia española, luego la francesa y posteriormente con la influencia norteamericana.

Estas herencias, aun cuando continúan siendo significativas, se han ido modificando a medida que se transforma la sociedad colombiana y cada vez se hacen menos conscientes.

Larissa Lomnitz (1981), plantea que los elementos principales de la identidad profesional son de dos clases: los primeros son residuales, recogidos de la tradición histórica que puede ser milenaria; y los segundos, son contemporáneos o añadidos en etapas más recientes. (Martínez y otros, 1985).

El matiz más interesante de este enfoque está dado por el análisis de dos temporalidades: una tradicional (residual), que representa el largo plazo; y otra, de mediano y corto plazo, expresada por los elementos añadidos en etapas más recientes, lo cual se relaciona con la idea de la “diversidad de tiempo histórico” de que habla Braudel. (Braudel, 1986).

Adaptando estos planteamientos a nuestro caso de la profesión de enfermería en el país, se ha llamado “herencias recibidas por tradición” al conjunto de elementos residuales de que habla Lomnitz y los elementos llamados por ella añadidos, y que tienen que ver con la influencia recibida del contexto socioeconómico, político y cultural del país, se ha denominado como “contexto del siglo XX”.

Acerca de las herencias recibidas por tradición ya se habló. Respecto a los elementos añadidos por la influencia del contexto socioeconómico, político y cultural de nuestro país, éstos tienen que ver con a) la evolución de conceptos y políticas en cuanto a las prácticas de salud, traducido ello en la prestación de servicios; b) el sistema educativo, tanto general como de educación de la mujer, que ha influído mucho en la medida que la enfermería continúa siendo ejercida mayoritariamente por mujeres; c) el factor del desarrollo científico y tecnológico; d) aspectos legales relacionados con la condición general de las enfermeras como trabajadoras y su organización como gremio; y e) la relación con el extranjero, en un principio de afuera hacia adentro y, posteriormente, de nuestro país hacia el extranjero. (Velandia, 1995, b).

Megatendencias de la Mujer.
“No se trata de que las mujeres se tomen el poder, sino de que, junto con los hombres, expresen todo su potencial sin que ninguno de los sexos sea superior o inferior”, dice Eisler, citado por Aburdene y Naisbitt. (1994).

1. Las mujeres en el trabajo
Ocupaciones con grandes oportunidades para las mujeres: el trabajo anhelado (o su realización personal), directora de una empresa (poder), en el campo de la salud (realización y afecto), en las finanzas (resultados, velocidad), ocupaciones tradicionales: enfermera, secretaria, maestra (viejos valores, renovado respeto), alta ciencia / tecnología (prestigio), en actividades relacionadas con la nutrición (creatividad), en las profesiones liberales clásicas: derecho, medicina (acciones selectas); en ocupaciones hasta ahora dominadas por hombres: bomberos, pilotos, policías, periodistas, constructoras; en las artes y los medios de comunicación.

2. Las mujeres en la religión
Las mujeres del Siglo XX comienzan a revolucionar una de las instituciones mas sexistas en la historia: la religión organizada.

3. Los deportes
La fuerza, la resistencia y la confianza que han adquirido en los deportes destruyen el mito de que las mujeres son el sexo “débil”.

4. Parejas cuyos integrantes trabajan juntos
Aun cuando en el campo científico esto es usual, los años 90 serán el decenio de las parejas empresarias.

5. La moda
Por ser ésta una profesión femenina, los diseñadores deben aceptar que los llamen “modistas”. Lo mismo les pasa a los hombres que estudian enfermería.

6. El renacimiento de la familia
Una cosa es segura, las mujeres son ya una “masa crítica” en la fuerza laboral, y por lo tanto, la familia tradicional, en la que la madre cuida del hogar y el padre es el proveedor, representa un porcentaje cada vez más bajo.

Los años 90 marcarán una nueva fase en la historia de la familia, un verdadero “hito”: la gente comienza a revalorizar y a apreciar de nuevo la importancia de la familia, como centro de afectos y no de prestación de servicios.

7. La menopausia
Las mujeres romperán todos los estereotipos de la menopausia, modernizando y dando nueva vida al arquetipo de la mujer sabia, liberada ya de las responsabilidades familiares, respetada por su conocimiento y experiencia y apreciada como gran recurso humano.

Lo que se ve venir, entonces es, por una parte, un gran desarrollo de la medicina para la mujer adulta; y por otra, la feminización de la atención médica, especialmente en aquellas áreas relacionadas con la nueva concepción de salud, como la atención primaria y la promoción de la salud, donde se toman las primeras decisiones sobre diagnóstico y tratamiento.

8. La mujer en la política
En Colombia en los últimos años ha habido momentos de tener hasta 5 Ministras, pero no sólo en los Ministerios tradicionales, como educación o salud, sino también en otros como Trabajo o Agricultura; y en uno de los más importantes y representativos, el de Relaciones Exteriores, en los dos últimos gobiernos nuestra Canciller ha sido una mujer.

9. El “nuevo despertar de la Diosa”
La Revista Time califica el culto a la Diosa como “el esfuerzo por crear un foco de expresión espiritual centrado en lo femenino.”

10. Las mujeres como activistas sociales
Las mujeres cambian el papel de “voluntarias” mal apreciadas, por el de Activistas en sus comunidades. También han creado una nueva noción del voluntariado, al inducir a las organizaciones de servicio a la comunidad, a establecer ocupaciones significativas y horarios de trabajo que la gente pueda manejar.

11. Las mujeres en el “nuevo orden mundial”
Estos dos autores, a mi parecer, cultores del neoliberalismo, suponen que este “nuevo orden mundial”, entendido por ellos sólo cómo un problema de relaciones políticas y no económicas como en realidad lo es; ofrecerá muchas oportunidades, especialmente políticas a las mujeres. (Aburdene y Naisbitt, 1994, adaptado a la situación colombiana, por Ana Luisa Velandia, Julio de 1997).


Tendencias de la enfermería colombiana.

Utilizaré aquí los ejes de análisis que identifiqué en el análisis sociohistórico del proceso de profesionalización de la enfermería en Colombia: tendencias en la formación de personal de enfermería, en la práctica de enfermería, en el desarrollo científico – tecnológico de la profesión y en su desarrollo gremial. (Velandia, 1995,d).



En la formación de personal de enfermería

Este aparte lo voy a subdividir en tres subtemas: modelos curriculares para la formación de enfermeras, flexibilización de los planes de estudio, formación universitaria para auxiliares de enfermería y desarrollo de la formación de postgrado.

En la década del 80, hubo una conversión paulatina de los programas de nivel tecnológico a programas de licenciatura (profesionales). A mediados de la década (Minsalud, 1989), de los 22 programas existentes, 15 eran ya de nivel universitario, y a comienzos de los noventa, los 20 programas en funcionamiento eran todos de nivel universitario.

Según datos del ICFES de Febrero de 1997, existían 30 programas de pregrado; de éstos 25 están afiliados o en proceso de afiliación a la Asociación Colombiana de Facultades y Escuelas de Enfermería.

ACOFAEN viene trabajando intensamente, en colaboración con el Instituto Colombiano para el Fomento de la Educación Superior (ICFES) en el desarrollo de un proyecto tendiente a la modernización de los programas de pregrado. (ACOFAEN – ICFES, 1997)

Flexibilización de los planes de estudio

Tanto en el pregrado, por medio de áreas flexibles que incluyen: Electivas, Líneas de Profundización; como en el postgrado por medio de las áreas de énfasis dentro de las cuales puede seleccionar el estudiante.

Incluso ya se piensa en la posibilidad de hacer una Diversificación de Carreras o Títulos: por ejemplo, Enfermera Hospitalaria y Enfermera Comunitaria; lo cual no sería nada nuevo, porque esa posibilidad existió en la Universidad Nacional de Colombia, en 1937, cuando era posible graduarse como Enfermera Hospitalaria o Visitadora Social. (Había en Bogotá una Escuela de Enfermeras Visitadoras). (Velandia, 1995,d).

Formación Universitaria para Auxiliares de Enfermería:

El Programa de Formación Universitaria para Auxiliares de Enfermería, patrocinado por el Ministerio de Salud, según un Taller sobre el tema realizado durante los días 28 y 29 de Abril de 1997, está siendo ofrecido por 14 Unidades Docentes: 12 Universidades de: Antioquia, Cartagena, Cundinamarca, Industrial de Santander, Javeriana, Llanos, Mariana, Norte, Sábana, Sucre, Surcolombiana, Valle; y 2 Fundaciones Universitarias: del Area Andina, de Ciencias de la Salud.

Desarrollo de la formación de postgrado

A mediados de la década de los 80´s existían solo 4 postgrados en la modalidad de Especialización (Cardiorrespiratorio, Salud Mental, Perinatología y Salud Ocupacional) ofrecidos por la Facultad de Enfermería de la Universidad Nacional. Con la Ley 30 de 1992 que da autonomía a las Universidades para abrir postgrados, en 1994, según un Boletín de ACOFAEN ya se ofrecían más de 15, tanto en la modalidad de Especialización como de Maestría, todos dirigidos a profesionales de enfermería.

Según datos del ICFES de Febrero de 1997, existían 30 programas de Pregrado, 20 de Especialización, 5 de Maestría y ninguno de Doctorado.

En el I Semestre de 1997, según información de ACOFAEN (Junio) se ofrecían ya 37 programas: 5 de Maestría y 32 en la modalidad de Especialización, de los cuales 11 son de naturaleza interdisciplinaria, ya que se admiten otros profesionales, diferentes a enfermeras.

Además, desde finales de 1995, a propuesta de la Universidad Nacional, ACOFAEN constituyó la Comisión de Doctorado, que está preparando el ofrecimiento de un programa interinstitucional de Doctorado para Enfermeras, en consorcio entre 5 Facultades: Nacional, Valle, Antioquia, Javeriana e Industrial de Santander. (Velandia, 1997,c).

En la práctica de Enfermería

A mi modo de ver, en Colombia a comienzos del Siglo XX, se pueden observar grandes cambios:

- Del enfoque francés, de la enfermería de la “observación individual”; a la enfermería “administrativa” americana, como apoyo logístico a los médicos, especialmente a los recientemente surgidos “especialistas”.

- Separación de la enfermería y los servicios generales.

- Separación de la enfermería y la medicina.

Un análisis cuantitativo de la fuerza laboral de enfermería, nos muestra:

Que en 1957 las enfermeras (de las cuales no tenemos el número exacto, pero se puede presumir que eran muy pocas, ya que se contaba sólo con 6 Escuelas que producían un promedio de 30 egresos por año), y además estaban concentradas, según datos del Minsalud en las tres principales ciudades del país. (Minsalud, 1970).

A mediados de la década de los 60´s, según el Estudio de Recursos Humanos en Salud (Minsalud, 1970), la relación de enfermeras era de 0.6 por 10.000 habitantes.

En 1972, según el Macrodiagnóstico de Enfermería (Minsalud, 1972), la relación de enfermeras había ascendido a 1.09 por 10.000 habitantes y la de médicos era de 5.0

Según este mismo estudio, la relación de egresos anuales de Enfermera: Auxiliar de Enfermería en 1971, era de 1:7.5 y la composición general del personal de Enfermería, era de 8% de Enfermeras, 42% de Auxiliares de Enfermería y 50% de Ayudantes de Enfermería.

A mediados de la década de los 80´s (Minsalud, 1989), la relación de enfermeras por 10.000 habitantes ya era de 2.2 y la composición del personal de enfermería se había transformado; la proporción de Enfermeras y Auxiliares de Enfermería había ascendido a 13.5% y 57% respectivamente, y la de Ayudantes había descendido a 29%

Pero en 1995, según datos de la Superintendencia Nacional de Salud (Minsalud, 1995), la relación de enfermeras por 10.000 habitantes había ascendido ya a 4.6, en tanto que la de médicos era de 10.0; lo cual significa un aumento considerable de enfermeras, si observamos que en 1972, la relación era apenas de 1.09 enfermera por 5.0 médicos.

Un análisis cualitativo, nos permite identificar algunas tendencias en la práctica de Enfermería. Por ejemplo, en Colombia la política de ampliación de la cobertura de los servicios de salud, la implantación de las estrategias en atención primaria y participación comunitaria, el alto índice de natalidad alcanzado en el país a mediados del decenio del sesenta, y su influencia en la política de salud orientada hacia los programas materno – infantiles; llevaron al fenómeno de la delegación o reasignación de funciones, lo cual produjo una expansión del papel de enfermería.

Como efecto de la práctica rural realizada al final de los programas de pregrado y del establecimiento en 1977 del Año Social Obligatorio, se redujo la concentración de enfermeras en las grandes ciudades y se empezaron a crear más cargos para ellas en los hospitales regionales y locales.

Se observan, además, una serie de cambios significativos en la práctica asistencial de enfermería: un aumento considerable del personal de profesionales dedicado a la asistencia directa y más enfermeras en programas preventivos y en programas que implican trabajo interdisciplinario.

Paralelamente han ido apareciendo nuevas formas de ejercicio profesional como la atención a domicilio y el cuidado en casa, también se han creado instituciones de atención ambulatoria, de permanencia transitoria o de hospitalización, organizadas y atendidas por enfermeras.

Otra fuente de desempeño ha sido la educación sobre el uso de elementos de uso profesional o la venta de éstos. (Velandia, 1995,d).

Un punto importante que hay necesidad de reseñar, es la aprobación (aun cuando con algunos recortes presupuestales), del proyecto que presentaron ACOFAEN y ANEC a la Fundación W. K. Kellogg para participar en el Proyecto Internacional CIE – Kellogg para la Clasificación Internacional de la Práctica de Enfermería (CIPE); en el cual por América Latina, además de Colombia participan también: Brasil, Chile y México.

En el desarrollo científico - tecnológico de enfermería
Una serie de hechos se constituyen en indicadores de este desarrollo:

- Los Coloquios Nacionales de Investigación organizados por la Asociación Colombiana de Facultades de Enfermería - ACOFAEN; el primero de los cuales tuvo lugar a finales de la década del 70 en Bogotá y el XIII en Mayo de 1997 en Medellín.

- En 1988 ACOFAEN organizó el I Coloquio Panamericano de Investigación en Enfermería, cuya V versión tuvo lugar en Venezuela en 1996 y el VI se celebrará en el Brasil en 1998.

- En la década del 80 aparecieron una serie de revistas de enfermería en diferentes Universidades: Nacional, Antioquia, Tunja, Cartagena; las cuales se sumaron a la de la Asociación Nacional de Enfermeras, que se había creado en 1966.

- Los Estudiantes de Enfermería vienen realizando sus Encuentros desde 1988, el X, tuvo lugar a mediados del mes de Agosto de 1997 en la Universidad Industrial de Santander, en Bucaramanga. (Velandia, 1997, d).

- - A medida que fueron apareciendo nuevas áreas de postgrado, se fueron organizando Encuentros de Especialistas, alrededor de los egresados de los respectivos programas.

- Otro hecho significativo es la organización frecuente de Simposios o Seminarios de Actualización por parte de los Departamentos de Enfermería de los Grandes Hospitales o Clínicas Privadas.

- Ultimamente ha sido más frecuente la aparición de libros escritos por enfermeras. Los más recientes son: a comienzos de 1996 el de Historia de la Enfermería en Colombia, de quien esto escribe, y a comienzos de 1997 La Dimensión social de la Práctica de Enfermería, de una enfermera antioqueña, María Consuelo Castrillón.

En el desarrollo gremial de las enfermeras

En 1976 con la promulgación del Decreto 2184 que reglamentó la Ley 87 de 1946, se hizo una actualización interesante de la legislación existente, especialmente en funciones y actividades, que ampliaron el rol de la Enfermera, particularmente en lo relativo a acciones materno - infantiles.

En Febrero de 1996, y gracias a la intervención de una enfermera colombiana que es Representante a la Cámara y ocupa un lugar prominente en la dirección de su partido; se obtuvo la nueva Ley de Enfermería, que actualiza de manera significativa la legislación sobre la práctica profesional de enfermería en Colombia.

La Asociación Nacional de Enfermeras de Colombia, creada en 1936, continúa creciendo y participando en forma activa en todo lo que tiene que ver con el desarrollo gremial de los profesionales de enfermería.

Por su parte, la Asociación Colombiana de Facultades y Escuelas de Enfermería - ACOFAEN, en 1998 cumple 30 años de fundada y en su historia ha tenido una influencia decisiva en el desarrollo de la educación de enfermería. (Velandia, 1995,d), (Velandia, 1997,c).

El análisis de las perspectivas que se visualizan al realizar el estudio de las tendencias, está fuertemente mediatizado por la nueva legislación (neoliberal) en educación y salud, que se viene dando en todos los países de América Latina; y que en el caso de Colombia, corresponden a la Ley 30 de 1992 que reglamenta la Educación Superior y la Ley 100 de 1993, que crea el nuevo Sistema de Salud y Seguridad Social.

El análisis que viene haciendo el grupo de trabajo de la Organización Panamericana de la Salud sobre “El mercado de trabajo en enfermería en el contexto de las reformas”, seguramente será un elemento de mucha ayuda en las decisiones frente a las nuevas tendencias. (OPS, 1995).


Perspectivas de la enfermería colombiana
- Las enfermeras tendrán mayor conciencia de su profesión.

- Estarán creando empresas> generando trabajo, vendiendo servicios especializados.

- Algunas estarán dedicadas a la investigación.

- Estarán publicando más los resultados de sus investigaciones.

- Las enfermeras estarán mejor pagadas.

- Estarán abriendo nuevas áreas de especialización.

- Estarán trabajando más en comunidades y con familias.

- Como Líderes en grupos interdisciplinarios.

- Habrá una recomposición de las tareas profesionales.

- Tendremos de nuevo: Enfermeras Universitarias, Técnicas y Auxiliares de Enfermería; las universitarias en cargos directivos y las técnicas en asistencia directa.

- Relacionado con el desarrollo de la mujer y la ampliación de su poder en la sociedad, y el cambio en las concepciones “masculinas” de la salud, habrá un resurgimiento del concepto humanista. Tradicionalmente las enfermeras han tenido este enfoque, sino que ahora han encontrado que su “bondad”, “maternalismo” tenía sustento científico.

- Incorporación a la práctica de enfermería de nuevos paradigmas relacionados con las llamadas medicinas “alternativas”.

- Autorregulación y Autocontrol de la profesión: Consejo Técnico Nacional de Enfermería, Tribunal Nacional de Etica en Enfermería, Código de Etica, Unidad de Registro Profesional. (Velandia, 1997,c), (Velandia, 1997,d).

Retos hacia el futuro:
- Hacer presencia en los espacios donde se toman las decisiones

- Superar espacios tradicionales de actuación; hacer presencia en los escenarios de la vida cotidiana.

- Rescatar prácticas históricamente acumuladas (cuidado)

- Salir del feminismo a ultranza – apoyar asociaciones.

- Autoimagen positiva de la profesión

- Ampliar programas de postgrado, especialmente en modalidades "no presenciales”.

- Patrones de Clasificación de la Práctica. (CIPE)

- Investigación sobre práctica de enfermería.

- Intervención “inteligente”

- Bioética y ética de la justicia social.

- Manejo de conflictos y obtención de consenso.

- Modelos teóricos “contextualizados”. (Chompré, 1997, adaptado y complementado para el caso colombiano por Velandia).

Reflexiones finales
- Con demasiada frecuencia se escuchan protestas sobre la baja imagen social de la enfermera; yo desde hace unos diez años, tal vez desde cuando me adentré de manera sistemática en el análisis sociohistórico de la profesión de enfermería, vengo planteando que hay necesidad de partir del hecho de tener una buena autoimagen.

Curtin (1982) habla de un balance decente. Yo, después de diez años de investigación permanente sobre nuestra historia, tengo la misma impresión acerca de la profesión. Hay muchos indicadores de profesionalización (si eso es lo que nos interesa) que sería dispendioso mencionar: formación académica, asociaciones, publicaciones, reglamentación.

Habla también ella de una tradición orgullosa, y en Colombia también la tenemos. De ello hablan las enfermeras colombianas que han descollado en el ámbito nacional e internacional por su práctica altamente profesional, por sus cargos en organizaciones gremiales, por sus cargos en instituciones de salud, de educación y en general relacionadas con el bienestar de las personas.

Realmente, quisiera oír hablar menos de los problemas de la enfermería y más de sus bondades… y lo mismo esperan nuestros estudiantes.

- Por otra parte, me parece que el circunscribir el quehacer profesional a las cuatro áreas de desempeño que tradicionalmente hemos considerado: asistencia, administración, docencia e investigación; reduce el campo de acción de los profesionales de enfermería, es decir, limita su quehacer, y de tal manera va en contra de uno de los principios para el desarrollo profesional, la pluralidad de roles. (Restrepo, 1982).

En mi concepto personal, la enfermera tiene responsabilidades en tres campos de acción unidos en forma inextricable: su ejercicio profesional como en enfermera (así, grande, sin cortapisas), su condición de trabajador de la salud y sus deberes y derechos como ciudadano. (Velandia, 1985), (Velandia, 1995,c).

Yo considero, además, que para comprometerse con la profesión, la enfermera no puede quedarse en el marco estrecho de su quehacer profesional, de su área de desempeño, de las funciones que cumple; si no que necesariamente tiene que ir más allá; su compromiso no podrá ser sólo con su grupo profesional, sino también con el usuario y, en general, con el país. (Velandia, 1985).

- Tenemos que dejar nuestro afán compulsivo por demostrar que somos ciencia. Esto ha hecho menospreciar nuestra condición de profesionales, que es donde radica nuestra fortaleza, y por lo tanto nuestra identidad.

Esto implica otra perspectiva de análisis de la profesión, el profesionalismo. El profesionalismo tiene más que ver con el concepto de “intelectual” de Gramsci y Foucault, o con las ideas sobre el desempeño laboral de Yankelovich, y menos con indicadores de transformación de una ocupación en profesión.

Vale decir, trabajar más por nosotros mismos, por nuestra satisfacción personal y la de los usuarios de nuestros servicios; preocuparnos más por la calidad del cuidado que brindamos. que por el status de la profesión, el vendrá como un efecto de nuestro profesionalismo. (Velandia, 1997, d).


Referencias Bibliográficas

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