Este blog tiene como objetivo compartir intervenciones en eventos académicos que no han sido publicadas antes a texto completo, reflexiones de la autora sobre temas relacionados con la historia y la sociología de enfermería y publicaciones en revistas que todavía no son accesibles en Internet.

viernes, 30 de septiembre de 2016

La formación de los profesionales de salud orientada hacia el sujeto de atención y no hacia su problema médico

Nota: Publicado en: Cuidado y Práctica de Enfermería. Bogotá: Facultad de Enfermería de la Universidad Nacional de Colombia, 2000. Págs. 106 – 114.

LA FORMACIÓN DE LOS PROFESIONALES DE SALUD
ORIENTADA HACIA EL SUJETO DE ATENCIÓN
 Y NO HACIA SU PROBLEMA MEDICO


Por:                Ana Luisa Velandia Mora
L. E., M. A., PhD.
Profesor Titular
Profesor Emérito
Facultad de Enfermería
Universidad Nacional de Colombia 


RESUMEN
La Universidad Nacional de Colombia llevó a cabo entre 1990 y 1993, una reforma académica de todos sus 75 programas de pregrado. La Facultad de Enfermería, utilizo como enfoque del nuevo plan de estudios el concepto de Proceso Vital Humano, planteado por el Dr. Saúl Franco A. De tal manera, rompió con el esquema médico-biológico de orientar las asignaturas en función de patologías y especialidades médicas, como ha sido la tradicional en la formación de los profesionales de salud en toda América Latina. El nuevo plan de estudios aborda los sujetos de atención en relación con su ciclo vital y asume el PVH como modelo explicativo y por lo tanto comprende al individuo integralmente en sus componentes biológico, psicológico y social, donde el cuidado de enfermería esta orientado por el proceso salud — enfermedad, entendido como la relación vida — muerte, determinado por la interacción sociedad — individuo y caracterizado por desgastes y potencialidades que atentan o contribuyen a la integridad humana. El programa de formación se dirige al individuo centrado en la familia como núcleo de apoyo y hacia grupo de individuos o colectivos en procesos específicos. El profesional de enfermería egresado de la Universidad nacional de Colombia estará en capacidad de dar cuidado integral de enfermería a la persona en su propio contexto familiar y grupal, teniendo en cuenta el perfil epidemiológico de la región y con énfasis en los procesos comunitarios en salud para así contribuir a nuevas formas de desarrollo de los servicios de salud, para su desarrollo se ha conformado grupos funcionales de trabajo académico, con el fin de coordinar alrededor de los sujetos de atención establecidos, las actividades docentes de investigación y asistenciales necesarias.


Introducción

Desde que la evolución biológica del hombre genero su forma social de vida, el hombre, como objeto de la historia y miembro de la colectividad laboral, humana, dejo de ser un ser puramente biológico. Desde ese instante histórico, el hombre, como individuo, comenzó a  desarrollarse bajo el control conjunto de programas de constante interacción: biológico - surgido en el proceso de la evolución del hombre y sus antepasados -, y social - formado sobre su determinado fundamento biológicamente preparado -, que adquirió  una enrome fuerza, cada vez mayor en el curso del desarrollo de la humanidad.

Con el correr del tiempo fueron intensificándose cualidades tales como la facultad de aprender, de percibir y transmitir la experiencia de la vida de las generaciones precedentes, de autorregular y entrenar enormemente el comportamiento. Sobre esta base surgió la autoconciencia del individuo como miembro de la colectividad y luego, poco a poco, la razón como cualidad únicamente humana.

En las condiciones de la vida social, o sea, en la fase de la evolución biosocial, también se desarrollo otra cualidad del individuo: el altruismo, facultad de sacrificarse por los intereses de los demás. El altruismo es, sin duda, un exponente de la facultad del hombre de autorregular el comportamiento, y su significado social es inmenso.

Recordemos a I. Kant, quien escribió: "Únicamente el hombre, como ser pensante, que con su razón determina él mismo sus objetivos, puede ser el ideal de la belleza, el colmo de la perfección. Respecto al hombre, en cuanto ser moral, ya no se puede preguntar para qué  existe. Su existencia tiene en si misma el fin supremo, el cual dentro de lo que está al alcance de sus fuerzas, él puede supeditar a toda la naturaleza." (Citado por Velandia). (1).

La prolongación de la vida humana puede plantearse, entonces, como un objetivo científico y socialmente aceptado. El derecho a la salud se convierte, en el plano social, en el punto de partida también para reafirmar el derecho a la vida: una vida cuanto más larga, cuanto más eficazmente se aprovechen todas las reservas biológicas del hombre y se reduzca al mínimo el efecto patológico de los factores propios del envejecimiento social precoz.

Parecen, entonces, fundamentos y atractivos los planteamientos gerontológicos de Davidovski, quien considera que " la longevidad y el consiguiente problema de un "activa y creador vejez" es algo más real que la aburridora  inmortalidad". (Citado por Velandia). (1)

Reforma académica de los programas de pregrado de la Universidad Nacional de Colombia

En 1989 desde la Vicerrectoría Académica la Universidad impulsó la discusión acerca de una modificación general de la estructura y fundamentación de los `planes de estudio, cuya necesidad se venía percibiendo años atrás.

En 1990 el Consejo Académico aprobó el Acuerdo 14, con el cual se le dio una forma operativa a la filosofía de la Reforma Académica. Además, aprobó un cronograma para la reestructuración de todos los programas curriculares de pregrado.

La reforma académica se propuso crear estructuras curriculares de pregrado y postgrado que dieran vía a una mayor integración entre las actividades fundamentales de la Universidad: docencia, investigación y extensión. Pretende, además, preparar un profesional más familiarizado con la actividad investigativa, más abierto a la interdisciplinaridad y más crítico frente al universo económico, político y cultural del país.

Algunos criterios para la reforma de los planes de estudio, que han servido de política global y de marco legal para la reestructuración académica, y que permiten comprender las características centrales de la reforma de los planes de estudio, son:

a.   Coherencia conceptual interna de los planes de estudio. En los planes de estudio se definieron dos componentes: núcleo básico o "duro", contiene las asignaturas indispensables para la formación de un profesional; el componente flexible, contiene las asignaturas que el estudiante elige de acuerdo a sus intereses y aptitudes y que complementan su formación, dentro de una visión integral.
b.   Flexibilidad de los planes de estudios. Se ha buscado que la organización académica de la Universidad permita que los estudiantes de  distintas profesiones y disciplinas puedan compartir cursos, seminarios y demás actividades académicas.
c.   Cambio de pedagogías. Hacia modalidades pedagógicas que sitúen el trabajo del estudiante en el centro del trabajo de formación.
d.   Formación integral. Tiene como objetivos que el estudiante no se reduzca al ámbito restringido de su área, sino que por el contrario, sea capaz de intercambiar provechosamente experiencias con estudiantes de otras profesiones o disciplinas y prepara personas y ciudadanos conocedores de los problemas del país. Además, facilita y estimula la participación de los estudiantes en actividades culturales y deportivas.
e.   Competencia comunicativa. Se ha puesto un interés muy especial en la enseñanza de las lenguas; fortaleciendo, en primer lugar el conocimiento y uso correcto de l lengua castellana y facilitando la imperiosa necesidad de leer una lengua extranjera. (2).

Formación integral del profesional de salud.
Se hace necesario plantear que incluso de la —ya muy criticada definición de salud de la O. M. S.-, emana una deducción: la salud del hombre debe examinarse también como problema social. Lamentablemente, los argumentos a favor de elaborar profundamente el problema señalado (el hombre y las múltiples manifestaciones de su esencia), sus aspectos sociofilosóficos, conceptuales y metodológicos parten, en gran medida diríase, de la demostración a la inversa. Es decir, primariamente se analizan las causas (incluso sociales) que provocan las enfermedades, y solo mucho después, las que fortalecen la salud. Debido a ello, hoy todavía no está completamente elaborado un rígido enfoque científico para "proteger" la salud de la población; No obstante, que desde Virchow sabemos que la salud del pueblo es un problema que concierne directamente a la sociedad y, por lo tanto la sociedad tiene obligación de proteger y asegurar la salud de sus  miembros.

Su solución se basa inevitablemente en enfocar con criterios filosóficos el problema de cómo llega a la formación del individuo (profesional de salud), integro y desarrollado en todos sus aspectos. (3).

Henry Sigerist en una conferencia a estudiantes en mayo  de 1936 publicada luego en "The Bulletin of Institute of History of Medicine" sobre: "Los estudiantes de Medicina y los problemas sociales que confronta la Medicina de hoy" les hacia estas brillantes consideraciones:

"Cualquiera sea el futuro, la vida de nuestra generación no será fácil. Tenemos que aceptarlo como un hecho; y después de todo "pasarlo bien" es el ideal de un animal pero no  un ideal humano. Lo que cuenta en la vida es ser capaz de realizar un trabajo creador, de entregar parte de los uno mismo para mejorar el mundo.

En su forma actual, la medicina es un servicio vendido por él medico  y comprado por el enfermo. Tiene pues, un definido concepto económico y debe encajar dentro de un sistema económico. Cómo podemos discutir cualquiera de estos hechos, si no conocimos elementos de economía política, los mecanismo de producción, qué son los salarios y qué es lo que determina la riqueza y la pobreza de una sociedad? Sin economía política es imposible comprender la historia, sea general o médica. Finalmente, tampoco es posible desinteresares de la sociología. No olvidemos que la medicina, después de todo es una ciencia social, ya que la tarea del médico es mantener a su congénere humano socialmente adaptado, o readaptado según el caso.

Sin embargo, el problema que debemos resolver hoy no es principalmente médico sino antes que nada social. Estamos trabajando para mejorar la salud del pueblo y tenemos conocimientos reales y efectivos para prevenir y curar gran número de enfermedades y para salvar muchas personas de una muerte `prematura. Pero la aplicación integral de nuestros conocimientos depende mucho más del estadista que de nosotros_ En última, la solución efectiva es política.

Cualquiera que sea nuestra posición, los invito a hacer el esfuerzo requerido para entender los fundamentos de nuestra sociedad y para analizar sus rumbos y tendencias. Si los reconocen claramente y están decididos a colaborar, a combatir si es preciso, entonces serán capaces de acelerar el desarrollo y de crear un mundo mejor". (Citado por Velandia) (4).

Esta propuesta nos lleva a replantearnos la formación de los profesionales de salud en términos de aprendizaje  común, desde las primeras etapas formativas. El trabajo interdisciplinario es una exigencia de nuestra época y lo será cada vez más en los próximos años, a medida que se vaya ampliando el concepto integral de salud que tiene en cuenta las diferentes dimensiones del hombre. (5), (6).

Hay que tener en cuidado de no continuar glorificando los valores técnicos y científicos de las disciplinas de las ciencias básicas y clínicas que incluso ha llegado a tal punto, que cuando se incorpora  lo social" no pasa de ser una simple variable en un esquema de factores multicausales. (Lo cual a veces, parece un "adorno" que otra cosa). Los conté idos sociales no deben tratarse como elementos aislados o separados, sino que deben estar integrados a la teoría y ala práctica, durante todo el proceso de formación.

Quizá, la principal tarea de los cursos de ciencias sociales es la de hacer que el estudiante adquiera un conocimiento que le permita, básicamente, formarse una visión de la determinación social del proceso salud — enfermedad y de la práctica de salud como fenómeno  social. Al determinar los limites de los biológico y rebasar sus explicaciones de salud en términos individuales, resaltará la salud colectiva. (1)

Concepto del Proceso Vital Humano (PVH)
En América Latina, a pesar de que muchas prácticas y acciones sociales en el campo de la salud, desarrolladas desde las sociedades indígenas hasta hoy, podrían considerarse dentro de lo que hoy se entiende por Medicina Social; es principalmente a partir de la década del 70 cuando se realiza un esfuerzo mayor por sistematizar este pensamiento. (7).

La concepción de que el objeto de estudio de la medicina es el "hombre enfermo" es refutada por la práctica diaria y se acepta cada vez más el  planteamiento de que el objeto de estudio de la medicina (entiéndase, ciencias de la salud), son los conceptos socialmente definidos de salud y enfermedad.

Laurell (1982) (9), propone que el objeto de estudio, que permita analizar el proceso salud - enfermedad como proceso social y biológico, tiene que constituirse desde la reconstitución de la unidad contradictoria entre la enfermedad y la salud, poniendo en el centro,  ni a la una ni a la otra, sino el proceso biológico humano, que a este nivel de integración tiene historicidad en sí mismo, eso es, tiene carácter social.

La salud, entonces, tiene una relación estrecha con el proceso de producción, esto es, las condiciones de trabajo de cada cual (1982) (19). Y agrega, desde la corriente materialista histórica, que la categoría general que mejor ofrece la posibilidad de explorar los determinantes del proceso salud - enfermedad es el proceso de trabajo.

Considera además, que la mejor forma de comprobar el carácter histórico de la enfermedad, no está dada por el estudio de su apariencia en los individuos sino por el proceso que se da en la colectividad humana. De tal manera, el perfil patológico se constituye tomando en cuenta la patología y la frecuencia que determinado grupo exhibe en un momento dado (Laurell, 1982).

Consecuentemente, los grandes cambios en las expectativas de vida, son una expresión sintética de los cambios que ocurren a nivel del perfil epidemiológico de la población. Es decir, se establece la índole, claramente social, y por tanto la historicidad propia de los patrones de mortalidad de la colectividad humana; puesto que se demuestra que no se explican en función de cambios en su biología, sino que los determinan sus condiciones sociales, económicas y políticas. (Laurell, 1982).

Breilh añade que el perfil epidemiológico permite concretar y especificar el uso de la categoría social, en el campo epidemiológico. Y profundiza en el análisis del perfil epidemiológico de una clase social, incluyendo como sus rasgos más sobresalientes: a) el perfil reproductivo, dado por las condiciones determinadas de desarrollo de las fuerzas productivas y relaciones sociales especificas a que se enfrenta cada clase social y que determinan y modulan el conjunto de elementos de su reproducción social; esta conformado por las condiciones de trabajo y las formas de consumo; b) el perfil salud enfermedad, esta dado por el perfil de morbilidad y el patrón de mortalidad típicos de esa clase social, y por el perfil de salud y la consiguiente probabilidad de vida. (Breilh, 1981) (Breilh, 1982).

Velandia plantea que si la familia es una unidad de vida, también debe ser una unidad de enfermedad. El hecho de que la familia sea la célula biosocial en el seno de la cual se determina el comportamiento reproductivo, las estructuras de socialización, el desarrollo emocional y las relaciones con la comunidad, da impulso a las investigaciones sobre la familia, en relación con su salud. (Velandia, 1982).

Posteriormente, Breilh considera que la aplicación de las dimensiones de análisis que plantea la categoría reproducción social a la clase o fracción de clase, es adecuada para un primer nivel de análisis pero, para avanzar, puede echarse mano, por ejemplo, de la unidad analítica “familia”, porque en esta se transforma la reproducción social de la clase en estrategias de supervivencia de los individuos... Unidad que posee una especificidad que resulta de una doble determinación: pertenecer a la clase o experimentar la influencia de otras clases  no sólo por relaciones económicas y políticas, sino también primarias. (Breilh, 1987).

Velandia analiza la evolución en los conceptos: nivel de vida, condiciones de vida y calidad de vida, el último de los cuales hace referencia a múltiples aspectos de la vida del hombre, y supera con creces a los utilizados anteriormente. Los expertos de las Naciones Unidas han identificado nueve componentes del “nivel de vida”, sin embargo, este concepto pareciera relacionarse más con consumo que con bienestar, y por ello preferimos el de calidad de vida. (Velandia, 1989).

Se considera que la aparición de nuevas y complejas entidades, ha hecho que el lenguaje médico se torne más prudente, de tal manera que, al decir de Vasco, hoy existen menos diagnósticos, y en cambio  aparecen cada vez más síndromes, cuya relación fisiopatológica es aún insuficiente o se desconoce. Esto significa que cada vez hablamos más de problemas de salud, que de enfermedades. (Vasco, 1987).

Más adelante, en el CEAS de Quito, se empieza a hablar de deterioro de la vida, profundizando de esta manera, los conceptos de perfil epidemiológico y calidad de vida, y asumiendo de manera mucho más definida la importancia de la unidad analítica familia en estos procesos. (Breilh, 1988). El deterioro de la vida se analiza desde dos ángulos: básico (alimentación, vivienda, vestido, reposo); y ampliado o moderno (servicios de salud, educación formal y otros servicios que distribuye el estado). Se justifica, entonces, ampliar indicadores que hagan referencia a la calidad de vida en el sentido de que permiten redondear una idea de los perfiles de reproducción social.

Algunos de los indicadores básicos más sensibles son: situación nutricional, problema habitacional, servicios complementarios, atraso educativo, acceso a los servicios de salud y el problema de la cobertura de la seguridad social. (Breilh, 1990), (Velandia, 1985).

Posteriormente, se hace énfasis en que la salud y la enfermedad sólo tienen realidad dentro de la polaridad vida - muerte, y Franco  propone una categoría que englobe esta doble polaridad (salud - enfermedad, vida - muerte) que conlleve los niveles e interacciones biológico - sociales, e individual - colectivo. Y que les mantenga su realidad dinámica. La categoría que propone es la de Proceso Vital Humano (PVH).  (Franco, 1991).

Orientación del Nuevo Plan de Estudios de la Carrera de Enfermería de la Universidad Nacional de Colombia.
Desde su creación en octubre de 1920, la carrera de Enfermería de la Universidad nacional de Colombia, ha mantenido un proceso permanentemente de evaluación y reformas de su Plan de estudios. Los momentos más significativos han sido: 1937, 1943, 1958, 1969, 1980 y 1992.  (Gómez, 1992).

En el plan de estudios que tuvo vigencia entre 1980 y 1992 y en el cual tuvo mucha influencia la reunión de Alma - Atá y la consecuente política de la OMS “Salud para todos en el año 2000”, se plantea en su filosofía que: “la situación de salud está determinada por factores históricos, ecológicos y políticos”. (Velandia, 1995).

“La facultad de enfermería a partir de análisis prospectivo realizado en 1989 acerca de su situación en los aspectos relacionados con función, integralidad y estructura, encontró necesario evaluar el plan de estudios, fortalecer vínculos docente asistenciales e incrementar y consolidar el desarrollo investigativo; aspectos que contempla el actual proceso de reforma académica  de la Universidad”. (U.N., 1992).

El actual Plan de estudios establece como objeto de Estudio de la Profesión de Enfermería, el cuidado de enfermería del ser humano desde la concepción hasta la muerte, dentro del proceso salud - enfermedad.

Coherentemente, el objetivo del programa es formar un (a) enfermero(a) que esté en capacidad de dar cuidado integral de enfermería a la persona en su propio contexto familiar y grupal, dentro del perfil epidemiológico prevalente en la región y con énfasis en procesos comunitarios en salud (U.N., 1994).

Por su parte, el Proceso salud - enfermedad se conceptualizó de la siguiente forma: “Fenómeno dinámico inherente al proceso vital humano, entendido como la relación vida - muerte, determinado por la interacción sociedad - individuo y caracterizado por desgastes y recursos que atentan o contribuyen a la integralidad humana”.

El Proceso Pedagógico de formación del recurso profesional de enfermería se desarrolla a través de experiencias articuladas y progresivas de profesores y estudiantes, que se fundamentan en esta conceptualización; priorizando la humanización del cuidado, el pensamiento crítico y la autonomía para aprender. (23).

Este nuevo plan de estudios se caracteriza  por los siguientes aspectos:
·      El plan de estudios se aborda a partir de sujetos de atención a través del ciclo vital, alejándose así del modelo médico - biológico como eje organizador, que ha sido tradicional en la formación de profesionales de salud.
·      Adopta el Proceso vital Humano como modelo explicativo, del proceso salud - enfermedad por tanto asume al individuo integralmente y el cuidado de enfermería está dirigido a la salud y la enfermedad en el continuo vida - muerte, dentro de una dinámica de desarrollo de potencialidades y desgastes
·      El programa se orienta a la atención de los individuos centrados en la familia como  gro de apoyo y en grupos de individuos o colectivos en procesos específicos (grupos epidemiológicos).
·      Se fomenta el acercamiento del estudiante a problemas particulares de salud de cierta complejidad (líneas de profundización), contribuyendo asía crear opciones diferentes de desempeño profesional.
·      La relación profesor - alumno se caracteriza por la autonomía y el pensamiento crítico como miras a favorecer la capacidad de autoformación e incidir en el desarrollo de la profesión. (23), (21).

En coherencia con la filosofía de la reforma de los programas de pregrado de la Universidad Nacional (2); el Plan de estudios de la Carrera de Enfermería  tiene la siguiente estructura:

El núcleo Profesional está conformado por 19 asignaturas distribuidas en las siguientes áreas: Área Básica y Área de enfermería.

El Componente Flexible está conformado por 13 asignaturas, discriminadas así:

Línea de Profundización: dos niveles consecutivos.
Trabajo de Grado; tres niveles consecutivos.
Contexto 3 cursos
Electivas: 5 cursos.

El modelo de progresión de las asignaturas: Enfermería del Niño, enfermería del adolescente, enfermería materna y Perinatal, Enfermería del adulto y enfermería del anciano presentando en el plan de estudios, constituye sólo una demostración de posible secuencia de las mismas y no una estructura obligatoria. A partir del tercer semestre, el estudiante puede tomar estas asignaturas en el orden que prefiera, ya que ellas son “autocontenidas”.

En el curso de la carrera el estudiante, como todos los de la Universidad, debe aprobar un examen de lectura y comprensión de textos en una lengua moderna extranjera escogida por cada Facultad entre las siguientes: ingles, francés, alemán, italiano y portugués. Que en el caso de la facultad de enfermería fue el inglés. (24).

Organización académica de la Facultad para el nuevo Plan de estudios
Para  el desarrollo de este nuevo plan de estudios se han conformado voluntariamente Grupos funcionales para el trabajo académico alrededor de un sujeto de atención, cada uno de los cuales coordina las actividades docentes, investigativas y de extensión alrededor de los sujetos de atención establecidos.

Esta ha sido una experiencia muy valiosa de trabajo académico transdepartamental; en donde cada docente desde el área de conocimiento que maneja el departamento al cual está administrativamente vinculado (Clínica, salud mental, Salud comunitaria o Administración y Educación), aorta a la atención integral de enfermería al sujeto con el cual se siente más vinculada por sus conocimientos y experiencias anteriores.

Esto es, que cada docente tiene un área del conocimiento propio de su disciplina profesional.

Capacitación del profesorado para el nuevo plan de Estudios
Como evento preparatorio de orden general, ya que la implementación del nuevo plan de estudios se inició con los estudiantes de Y Semestre admitidos para iniciar carrera en el UU Semestre de 1992, se organizó un seminario para todo el cuerpo docente de la Facultad en la primera semana del mes de Junio de 1992, sobre aspectos relacionados con los criterios generales que orientaron la reforma académica de todos los programas de pregrado de la Universidad y la conceptualización básica en la cual se fundamenta el nuevo plan de estudios.

Por su parte, cada grupo funcional (o de Trabajo Académico) hizo su propuesta de capacitación para la atención de enfermería al respectivo sujeto. Como alrededor del 95% del profesorado de la Facultad de Enfermería tiene formación académica a nivel de postgrado y un 15 - 20% ha obtenido dos títulos de postgrado; La capacitación se hizo básicamente por medio de pasantías de observación de programas de atención al sujeto de su interés, la asesoría de expertos nacionales y algunos internacionales y de la asistencia a eventos científicos.

Referencias bibliográficas

(1) Velandia, Ana Luisa. “Las ciencias biológicas y sociales en la formación de los profesionales de la salud”. Intervención en el Panel sobre el tema, organizado por la Facultad de Medicina con motivo de la Semana Universitaria. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia, 1998.

(2) Universidad Nacional de Colombia. Vicerrectoría académica. Programas de Pregrado. Reestructuración académica. Bogotá, octubre de 1994, pp. 13-15

(3) Velandia de V., Ana Luisa. Análisis crítico de algunas tendencias filosóficas en salud pública y demografía. Trabajo de Promoción a Profesor Asociado. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia, 1983.

(4) Velandia, Ana Luisa. “La Salud de los trabajadores. Algunos aspectos económicos y sociológicos”. Rev. Avances en Enfermería (Bogotá, U.N.), Vol. 2, No. 1, ene-abr 198e, pp. 19-41.

(5) Dalto, Santiago Roberto y García amigo, Susana R. De. “Enfoque sociológico del fenómeno salud - enfermedad”. Rev. Facultad. Nal. De Salud Pública (Medellín), Vol. 8, No. 1, ene- jun 1982, pp. 7-19.

(6) Velandia de V., Ana Luisa. “Lo biológico y lo social en la filosofía de la salud del hombre”.  Rev. De la Fac. Nal. De Salud Pública (Medellín), Vol. 11, No. 1, Ene-jun 1988, pp. 24-39.

(7) Velandia, Ana Luisa. “Tendencias en concepciones y opciones metodológicas sobre salud en el último cuarto del siglo en América Latina”. Trabajo aceptado para ser presentado0 en el simposio Nacional de Programa de ciencia y tecnología de la  salud. Cartagena: COLCIENCIAS, Mayo de 1992.

(8)  Velandia, Ana Luisa. “Contribuciones al análisis del desarrollo de la Medicina social en América Latina y en Colombia”. EN: Memorias del seminario sobre Medicina social en Enfermería. Bogotá: Facultad de enfermería, Universidad Nacional de Colombia, diciembre 1989, pp. 8-14.

(9) Laurell, Asa Cristina. “Proceso de trabajo y salud en países subordinados”. Documento de circulación interna UAM - Xochimilco, 1982.

(10). Laurell, Asa Cristina. “La salud como proceso social”. Rev. Latinoamericana de salud. No. 2, México: Nueva Imagen. 1982, pp. 7-25.

(11) Laurell, Asa Cristina. “El carácter social del proceso salud - enfermedad y su relación con el proceso de trabajo”. EN: Vida y Muerte del Mexicano. México: folios 1982, pp. 189-217.

(12) Breilh, Jaime. Epidemiología: economía, medicina y política. Quito: CEAS, 1981.

(13) Breilh, Jaime y Granda, Edmundo. Investigación de la salud en la sociedad. Quito: CEAS, 1982.

(14) Velandia, Ana Luisa. “La familia como unidad de observación en las investigaciones de salud”. Bogotá: ICFES, serie de Eventos Científicos Colombianos No. 8, 1982.

(15) Breilh Jaime. “La epidemiología entre fuegos”. Memorias del Taller latinoamericano de Medicina Social. Medellín (Colombia), julio de 1987. Pp. 35-39.

(16) Velandia, Ana Luisa. “Interrelaciones entre calidad de vida y nivel de salud de la familia”.  Memorias del II congreso Colombiano de salud familiar. Medellín: CORFAMILIAR, 1989, pp. 75-84.

(17) Vasco Uribe, Alberto. “Estructura y proceso en la conceptualización de la enfermedad”. Memorias del taller Latinoamericano de medicina Social. Medellín (Colombia), julio de 1987.  pp. 15-23.
(18) Breilh, Jaime y otros. El deterioro de la vida. Quito: CEAS, 1990, pp. 21-34.

(19) Velandia, Ana Luisa. Influencia de la calidad de vida y el nivel de salud de la familia en el estado de salud del menor de cinco años”. Tesis de Grado bajo su asesoría. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia, facultad de enfermería. Junio de 1985.

(20) Franco, Saul. “Orientación biosocial de la educación y salud en la sociedad”. EN: la Universidad Latinoamericana y la salud de la Población. Washington: OPS, 1991, pp. 49-55.

(21) Gómez Serrano, consuelo. “La formación de profesionales de enfermería en la Universidad nacional de Colombia”. Revista Avances en enfermería (Bogotá, U.N.), vol. X, No. 2, Jul-Dic 1992, pp. 13-25.

(22) Velandia, Ana Luisa. “Análisis histórico social de la evolución y tendencias en la educación de enfermería en Colombia en el Siglo XX”. Rev. Educ. Med. Y salud. Vol. 29, No. 1, Ene - Mar de 1995 (en prensa).

(23) Universidad Nacional de Colombia. Facultad de Enfermería. Propuesta de reforma Curricular de la Carrera de Enfermería. Bogotá, mayo de 1992.

(24) Universidad Nacional de Colombia. Vicerrectoría Académica Programas de Pregrado, Reestructuración Académica. Bogotá: 1994, pag. 81.


viernes, 5 de agosto de 2016



FUNALVM

Fundación para el avance de la historia de la enfermería y de la salud en América Latina                         Ana Luisa Velandia Mora

QUIÉNES SOMOS

NATURALEZA INSTITUCIONAL
La Fundación es una institución sin ánimo de lucro, creada el 12 de mayo de 2016, con la finalidad de fomentar y apoyar actividades académicas tendientes al desarrollo de la historia de la enfermería y la salud en América Latina.

MISIÓN
Fomentar y apoyar actividades académicas tendientes al avance de la historia de la enfermería y de la salud en los países latinoamericanos.

VISIÓN
En el año 2020 seremos reconocidas como una organización líder en el fomento de la historia de la enfermería y la salud en América Latina.
OBJETIVOS
Docente:
          Incentivar y fomentar el mejoramiento constante de la formación en historia de la enfermería de los programas de pre y postgrado de la región.
Investigativo:
          Promover la realización de proyectos de investigación por parte de profesionales o estudiantes de enfermería o de carreras de la salud que se relacionen con la historia de la enfermería latinoamericana.
          Fomentar la creación de proyectos nacionales e internacionales que visibilicen los aportes de enfermería en la salud de nuestros pueblos.
Proyección social:
          Estimular actividades que propicien la divulgación de la historia de la enfermería en los países de la región.

JUNTA DIRECTIVA

•             Dirección y representación legal: Ana Luisa Velandia Mora.
•             Secretaria Ejecutiva: Carolina Manosalva Roa
•             Un representante de los miembros Titulares


SESIONES DE LA JUNTA DIRECTIVA
La Junta Directiva de la Fundación se reúne el último miércoles del mes, para analizar los planes y proyecciones futuras, que permitan la realización de los objetivos.
Las solicitudes para el fomento y apoyo de actividades académicas deben presentarse en forma de proyectos relacionados con los objetivos de la fundación y radicarse en la sede de la Fundación durante la primera semana de cada mes.

PATRIMONIO
Donación inicial de Ana Luisa Velandia Mora de $1’000.000= (UN MILLÓN DE PESOS COLOMBIANOS). Alrededor de USD 333
Los aportes se harán en la cuenta bancaria abierta con firmas conjuntas de la Presidenta y la Secretaria de la Fundación; previa comunicación de la intención del donante, expresada en una comunicación a la Junta Directiva de la Fundación y aprobada por la misma.

FORMAS DE AFILIACIÓN
La FUNALVM promueve la afiliación de nuevos integrantes según sus labores en el campo de la historia de la enfermería.
Titular:
          Persona natural con título universitario, que demuestre experiencia en el campo de la historia de la enfermería o de la salud y que haya realizado una labor meritoria en el campo. Aporte: $200.000
Honorario:
          Persona natural que demuestre afinidad con la misión y que realice aportes voluntarios para cumplir los objetivos de la FUNALVM
Estudiante:
          Estudiante de pregrado o postgrado que demuestre interés en los objetivos de la Fundación
Adherente:
          Persona natural que demuestre afinidad con la misión de la FUNALVM. Aporte: $100.000




Domicilio: Bogotá, Carrera 43 B No. 22 – 38, Tel 3377021



martes, 31 de mayo de 2016

Historia de la Enfermería en Colombia. 2° Edición, 2016. PRÓLOGO


HISTORIA DE LA ENFERMERÍA EN COLOMBIA

2° Edición Revisada y Complementada

Editorial Universidad Nacional de Colombia

Bogotá, Abril de 2016

PRÓLOGO

Hace ya más de un decenio leí la Historia de la enfermería en Colombia de Ana Luisa Velandia, y desde entonces no he dejado de recomendarla por ser quizá la mejor investigación sobre la historia de la institucionalización universitaria de una profesión en Colombia. No es frecuente encontrar en el país reflexiones históricas sobre disciplinas y profesiones, menos estar frente a una obra escrita en un estilo ágil y ameno tanto para neófitos como para especialistas.

Ahora, con grata sorpresa, puedo decir que a partir de la lectura de esta nueva edición, las concepciones de la enfermería y de su profesionalización son más renovadas por la profundidad en el tratamiento de algunos temas y la ampliación de otros, pero sobre todo por la riqueza descriptiva del hacer profesional. Si la mejor práctica es la realización de un fin pensado con principios de abstracción y universalidad, sin descontar la ética, el servicio y la vocación, este libro muestra la tensión entre la práctica y la reflexión de una profesión y disciplina como la enfermería que ha tenido que abrirse paso en el amplio y especializado campo de las ciencias de la salud.

La obra es el resultado de una experiencia y reflexión cultivadas con paciencia. Lo primero que llama la atención es el anclaje teórico de esta obra: el desenvolvimiento profesional de la enfermería no corresponde sólo a la atención del enfermo sino a al cuidado de la persona. Desde este enfoque, una historia de la enfermería debería plantearse cinco interrogantes básicos: el cómo, dónde, cuándo, por qué y para qué de las prácticas del cuidado.

Llama también la atención en este libro el diálogo teórico y metodológico interdisciplinario y transdisciplinario. Bien señala Ana Luisa Velandia que profesión es, en esencia, lo que se profesa, porque se cree en un saber y se promueve la enseñanza, aprendizaje y formación de este saber. En el caso de la enfermería, las manifestaciones del cuidado son el acumulado de experiencias de ensayo y error, más una heurística propia, teórica y metódica, de dicha práctica. Si bien el cuidado permite una reflexión de saber y conocimiento específico, su dimensión analítica y práctica es condición esencial, ontológica, de ahí que la palabra cuidado debe ser entendida en esa característica bifronte del lenguaje que muestra y oculta, y que incluso puede llegar a substituirse indefinidamente en la palabra que nombra. En esta condición, la taxonomía objetiva de la enunciación cuidado debe ser reconocida en un campo de categorías y relaciones compartidas por las comunidades de investigación. En otras palabras, debe buscar las invariantes de la traducción compartidas por una comunidad o las diferencias, tal como advierte Thomas S. Khun en su libro ¿Qué son las revoluciones científicas? Y otros ensayos. Empresa, por demás, que puede caer en el prurito de la teoría y entorpecer el mismo ejercicio cognoscitivo, de la misma manera que la obsesión por la gramática –nos recuerda Félix Ovejero Lucas en La quimera fértil: el despropósito de la teoría de la historia– entorpece las actuaciones del habla.


Ahora bien, en este diálogo con las categorías de Thomas S. Kuhn para el estudio de la historia de las ciencias, es posible decir que en la obra de Ana Luisa Velandia se reconoce tanto un análisis internalista como externalista de la profesión y la disciplina de la enfermería, especialmente para Latinoamérica y Colombia, en un arco de tiempo cronológico desde el siglo XVI hasta la actualidad. El libro muestra cómo la enfermería dejó de ser un arte practicado por comunidades religiosas hasta constituirse en una profesión y ciencia con una fuerte influencia política y social en la primera década del siglo XXI. Por supuesto, este largo proceso de consolidación de la enfermería ha debido sortear un sinnúmero de dificultades, principalmente el hecho de ser reconocida como una ciencia. Es importante destacar que en Colombia se perfeccionó y acogió el legado del arte de la enfermería desde la llegada de los trasterrados ibéricos, muy a pesar del olvido y colonización del saber de las tradiciones preventivas y curativas de los nativos. No obstante, y como el lector lo podrá constatar a lo largo de los capítulos de esta obra, la importancia del legado y la tradición en sus ejes femenino, religioso, militar y étnico han constituido una profesión y disciplina con múltiples diálogos culturales, entre ellos el nativo y afro.

Es muy destacable en el libro el análisis teoría-práctica y las  interacciones con la vocación femenina para ejercer el oficio y rol de la enfermería, y cómo este compromiso se ha trasformado. En la Edad Media serían las comunidades religiosas, tanto femeninas como masculinas, las encargadas del cuidado de enfermo, pero también se destacan algunas escuelas de medicina como la famosa Escuela Médica de Salerno del siglo XI, encargada de la preparación teórica de las comadronas. Durante el medioevo la enseñanza de la enfermería  se limitó al ámbito de lo privado,  pasándose los conocimientos de madres a hijas, y cuando se realizó en lugares institucionales no existió una transmisión sistemática y escrita de los conocimientos.  En la cultura católica occidental, la enfermería en lugar de  responder a una necesidad social,  estuvo  supeditada a visiones teológicas como lo “caritativo”. Una profesión debe  generar una identidad propia y no quedar supeditada a otros saberes, tampoco a ideologías. De tal modo que para encontrar la profesionalización y disciplina de la enfermería hay que recurrir a la historia, cuando lo caritativo fue dejado de lado y surgió la enfermería como una necesidad social, un “momento enfermero” o, mejor, “un momento de la enfermería”

El momento de la enfermería surgió en el siglo XIX bajo unas circunstancias determinadas: la revolución industrial, la urbanización, las guerras emprendidas por los Estados nación europeos –que hicieron de la profesión una necesidad social–, y por un personaje que no puede dejar de mencionarse: Florence Nightingale (1820-1910), la primera mujer en fijar los cánones de la profesión y disciplina de la enfermería en su libro Notas de Enfermería  (1859). 

Florence Nightingale orientó la enfermería  en los hechos observables y promovió un saber laico, profesional, religioso y pseudomilitar. Lo más esencial de este legado fue la orientación de la disciplina en el enfermo y no en la enfermedad, y la preocupación porque la enfermería se centrara en los aspectos de prevención y fomento de la salud.  Pero la profesionalización sólo se alcanza cuando los conocimientos y prácticas se sistematizan e institucionalizan, para ello fue necesario que la enfermería conquistara la institucionalización y cátedra universitaria.

Si la enfermería como profesión y ciencia permitió que la mujer adquiriera un espacio laboral, sin contar la filiación religiosa, específicamente desde la aparición de Florence Nightingale, no se puede desconocer que tal reconocimiento también está precedido de valerosas luchas y conquistas laborales y de un rol que debió superar el prejuicio de relacionar mujeres enfermeras con hospitales, más por un “designio divino” que por un compromiso y vocación profesional. Si bien es importante el papel desempeñado por diferentes congregaciones religiosas en el oficio y rol profesional, la enfermería adquirió una identidad profesional en la universidad y la academia con el fin de dirigir el saber hacia la curación y el cuidado de la persona.

La tesis más relevante de esta nueva edición de la Historia de la enfermería en Colombia es el análisis ampliado de la consolidación profesional y disciplinaria. Profesionalizar una disciplina es construir una identidad profesional tanto para los sujetos como para las instituciones. La profesionalización de los cuidados de enfermería se delimita, en un primer momento, en relación a un ethos profesional e investigativo de la enfermería desde un propósito reflexivo, crítico, comunicativo, responsable y comprometido con lo que se hace, sabe y comparte; segundo, en referencia a unas tareas compartidas con las ciencias de la salud; tercero, en el reconocimiento jurídico exigido para diferenciar la práctica de otras aplicaciones; cuarto, en los fines de la enseñanza y aprendizaje sistemáticos y con unos conceptos establecidos impartidos en la universidad; y quinto, en las asociaciones profesionales que velan por el bienestar y promoción del cuidado.  

Este proceder en la Historia de la enfermería en Colombia de Ana Luisa Velandia  muy bien podría aplicarse en otras profesiones y disciplinas, no sólo de las ciencias de la salud sino de las ciencias sociales. Empero, la profesionalización de una disciplina no sólo se delimita en función del establecimiento de un campo particular de conocimiento, también en la manera como los conocimientos interactúan con la sociedad. Profesionalizar es construir una autoridad científica y cultural, es decir, que la disciplina, primero, obtenga una legitimidad social y se ocupe de tareas específicas      –pues posee los conocimientos necesarios y reconocidos para ello– y, segundo, que adquiera una autoridad cultural, en la medida que los argumentos, en este caso sobre el cuidado y bienestar de una población, sean asumidos con criterios de certeza.

Un acierto más de esta obra de Ana Luisa Velandia son los análisis desde una retrospectiva histórica para entender por qué la enfermería, pese a su profesionalización, continúa siendo  una actividad realizada especialmente por mujeres, y cómo y por qué su práctica ha estado subordinada a la medicina. Si bien, como ya se ha señalado, en la profesión clerical está la matriz histórica de la cual se desprenden todas las profesiones modernas, en el caso de la enfermería, como se ha enfatizado, sólo después de Florence Nightingale el oficio dejó de asumirse como una práctica e idea propiamente de arte para constituirse como una práctica y reflexión teórica y metódica, y no porque la enfermería hubiese sido incapaz de pensarse a sí misma hasta antes del siglo XIX, sino porque el concepto moderno de profesión, unido a un desarrollo tecnológico (aplicación cultura de la técnica) y en un estrecho contacto con los desarrollos científicos, únicamente alcanzó validez con la Revolución Industrial, que hizo de la productividad el fin en sí mismo y de la técnica el medio para llegar a éste. De ahí que durante el siglo XIX hasta bien entrado el XX la técnica haría dependiente a la enfermería de la enfermedad y de la medicina, hasta el punto que en lugar de darse un acercamiento entre profesión y ciencia se dio un acercamiento entre profesión y oficio; a la enfermería se le indujo a utilizar cada vez más los instrumentos con el propósito de hacer válida una función social en la regresión progresiva de la morbidez y de la mortalidad provocadas por las enfermedades epidémicas y el proceso creciente de la concentración urbana e industrial.

Este matrimonio de la profesión con la disciplina, entendido como la familiaridad con un cuerpo abstracto de conocimientos en un lenguaje común, y con el oficio, entendido como las habilidades prácticas que surgen de la rutina y el disciplinamiento, en el caso de la enfermería debe estudiarse en el contexto del tránsito del siglo XVIII al XIX y luego al XX, en el cual el sentido de progreso afirmó su dimensión, más que en la industrialización, en la liberación del hombre de la suciedad, de la enfermedad. La primera experiencia de decencia humana que pudo experimentar una familia de escasas condiciones económicas con la ropa interior de algodón y el jabón se constituyeron en símbolos de aplicaciones técnicas de un valor nunca antes conocido. Los primeros signos de dignificación humana que debieron experimentar los habitantes de una ciudad fueron los acueductos, las letrinas y el higienismo, en general, del espacio urbano.

En este periodo de tránsito no de sólo la enfermería sino de otras profesiones modernas hubo un gran acercamiento con los oficios que mejoraban  técnicas,  y con éstas la aplicación social. Así, nos recuerda Jacob Bronowsky en El ascenso del hombre que “es probable que las camas de armazón de hierro salvasen a más mujeres de la fiebre de parto que el maletín negro del médico, que, en sí mismo, constituía una innovación medica”. Juana Hernández Conesa en su Historia de la Enfermería: un análisis histórico de los cuidados de enfermería, también nos advierte que el arte de curar vio consagrado su prestigio frente al arte de cuidar que quedó relevado, durante más de un siglo, a tareas (oficios) de los avances de la cirugía, la obstetricia, el higienismo, entre otros.

Esta identificación de la enfermería con la técnica y el enfermo, derivada de los avances de la medicina, hizo que su desarrollo profesional se fuera identificando cada vez con el rol, es decir, con la expresión de la función pero no con el contenido mismo de la función. De manera que a partir del rol moral (mujer condenada, mujer consagrada) con el cual se había identificado a la enfermería hasta el proceso de su institucionalización en los siglos XIX y XX, sobrevino un segundo momento de identificación con el rol técnico (división del cuerpo enfermo y saturación del tiempo) y el rol auxiliar del médico (instrumentos de exploración o diagnostico médico e instrumentos de curación o tratamiento que intervienen en la terapéutica).

Pero además del rol, la filiación religiosa-matrilineal y médico-patrilineal hizo que la identidad de la enfermería como profesión se hiciera más compleja de aprehender, pese a que su función social exigiera rigurosidad científica y que su desenvolvimiento práctico y de conocimientos metódicos desempeñasen un papel importante en la salud, especialmente en una etapa histórica de tránsito entre los siglo XVIII y XX, como se ha dicho, en la cual por primera vez se podía traducir el significado del tan fomentado progreso social en términos de una mayor cobertura de cuidados y de servicios de salubridad pública nunca antes conocidos por amplios sectores de la sociedad.

Paradójicamente esta posibilidad de experimentar el progreso en las ciencias de la salud permitió también asistir a un nuevo espacio de la experiencia que se identificaba con las formas de la percepción del cuerpo, pese a la fragmentación, y de la mirada específica de los contenidos visibles. Acota Michel Foucault en El nacimiento de la clínica: una arqueología de la mirada médica que este encuentro posibilitó, por primera vez, una experiencia clínica en la cual el objeto del discurso racional llegó a ser un sujeto, sin que las figuras de la objetividad fuesen modificadas.

Sin embargo, seria la racionalidad instrumental la que primaría sobre la mirada de una racionalidad científica más amplia, que derivó hacia un proceso de institucionalización profesionalizante en continua fragmentación y masificación. Esta es la situación de la mayoría de las profesiones modernas. La enfermería hoy debe propender por desmarcarse de la subordinación médica, adquirir su propio sello de formación profesional, adoptar la imagen de marca de la investigación (y defenderla con gritos de guerra, si es necesario) y ocupar un mercado laboral –infortunadamente reconocido en nuestro país como de “penuria”–, que le permita afirmar “un renovado momento profesional de la enfermería” cuyo fin sea el cuidado y el servicio.

¿Pero cómo pasar de esta identidad profesional de la enfermería, construida a partir del rol moral y el rol técnico a una nueva afirmada por el servicio que presta a la población, esto es, los cuidados de enfermería que permiten que la vida continúe y se reproduzca? Es claro que este cuestionamiento debe promover una reflexión más allá del rol hacia la construcción científica y disciplinaria de la enfermería, sin descuidar las condiciones históricas, como bien Ana Luisa Velandia lo argumenta y explica en esta obra de contenido histórico y de crítica profesional.


Desde la Ley 100 en Colombia, la trasformación del Instituto de Seguro Social y la aparición de las EPS han llevado a que las ciencias de la salud sean vistas como un negocio y, por consiguiente, sea notorio el deterioro y la deshumanización de profesiones que deberían velar por niños, jóvenes, adultos y ancianos. Es necesario que la enfermería retorne a la vocación esencial de cuidar, incluso en la casa misma del paciente, sobre la premisa esencial: el cuidado de la persona en las diferentes etapas de la vida.

Actualmente en Colombia es normal encontrar a las egresadas y  egresados profesionales de enfermería –más mujeres que hombres– desempeñando cargos en la administración y el rol curativo que les alejan de la investigación y la academia. Es por esto que Ana Luis Velandia, desde una experiencia y reflexión acumuladas, llama la atención en su libro para “trabajar más por nosotros mismos, por nuestra satisfacción personal y la de los usuarios de nuestros servicios; preocuparnos más por la calidad del cuidado que brindamos que por el estatus de la profesión… Él vendrá como un efecto de nuestro profesionalismo”.



Álvaro Acevedo Tarazona
Escuela de Historia
Universidad Industrial de Santander
Bucaramanga, octubre de 2011